Samaritanos en tiempos de crisis

Manuel de los Reyes es cardiólogo, doctor en Medicina y máster en bioética por la Universidad Complutense de Madrid. Leer su curriculum puede resultar abrumador, pero por encima de todo deja en evidencia a un hombre con talento, con vocación de servicio y muy comprometido. Por ello.

Coincidiendo con las XX Jornadas Nacionales PROSAC, que se celebran del 21 al 23 de abril en Tarazona, la publicación diocesana Iglesia en Aragón le entrevista. Suscitó la creación de la asociación de Bioética Fundamental y Clínica en 1994, siendo su primer presidente; es coordinador del comité de ética de la Fundación Instituto San José de la orden hospitalaria San Juan de Dios de Madrid y miembro del comité de bioética de España. Es autor y coeditor de diversas publicaciones, destacando el tratado ‘Bioética y Pediatría. Proyectos de vida plena’ de 2010; y colaboró en el nacimiento de la asociación Profesionales Sanitarios Cristianos (PROSAC) en 1986, de la que es presidente desde 2009.

¿Por qué es necesaria la presencia de una asociación de profesionales sanitarios cristianos en la sociedad?

Que seamos laicos cristianos indica que nos sentimos Iglesia con una vocación específica, la de hacer presente en el mundo de la salud y la enfermedad la fuerza humanizadora, sanadora y salvadora de Jesús. Esto último es crucial, y significa que tratamos de hacer del Evangelio el proyecto que debe inspirar nuestras vidas, que da sentido a nuestro quehacer y pone esperanza en nuestra existencia. Y para ello hay que formarse y ayudar a otros profesionales sanitarios en su desarrollo humano, espiritual y religioso y en su formación en bioética.

Ahora bien, no olvidemos que nuestra sociedad es pluricreencial -dentro de un Estado aconfesional- con pluralidad de valores éticos, sean estos de tipo religioso o no, y ello nos obliga como deber moral básico a dialogar, compartir y colaborar con otros profesionales de la salud no necesariamente creyentes, pero que también buscan dar un sentido más humano, justo y solidario a su vida y a su trabajo en su compromiso cotidiano. Por tanto, no estamos solos en esta misión que quiere ser humanizadora y compartida.

Estas Jornadas Nacionales giran en torno a la misericordia, ¿ha calado el año jubilar en el carisma de la asociación?

Creo y espero que sí. El papa nos anima a fomentar y desarrollar una ‘cultura de la misericordia’ basada en el redescubrimiento del encuentro con los demás, en la que ninguno mire al otro con indiferencia ni aparte la mirada cuando vea el dolor o el sufrimiento de los hermanos. El campo de la salud y la enfermedad es óptimo para cultivar ciertas obras de misericordia actualizadas y explícitas, que él llama ‘virtudes prácticas’ y que deberían constituir el reflejo de una auténtica vocación de servicio.

La eutanasia, el aborto, los cambios de sexo,… son asuntos de rabiosa actualidad. Aunque son temas en los que toda la sociedad debe implicarse, ¿cómo afrontáis desde la asociación estas cuestiones?

Los tópicos que mencionas son auténticos ‘problemas’ morales, con múltiples facetas y aspectos muy relevantes a considerar desde diversas perspectivas. Es tal su complejidad y hay tantos valores de todas las partes en juego, incluyendo razones de conciencia, que simplificarlos resulta inapropiado para quienes hemos dedicado no poco tiempo, reflexión y discernimiento moral a esos y otros muchos temas desde los ámbitos de la Medicina, la Bioética y la Pastoral de la Salud.

Las preocupaciones de la asociación van más orientadas hacia una visión integral e integradora de la promoción de la salud, la atención integral al enfermo, la humanización de la asistencia sanitaria a todos los niveles, la defensa de los derechos de las personas en la salud o la enfermedad sin discriminación alguna por cualquier circunstancia, y no sólo a cuestiones puntuales que emergen como actuales.

¿Por ejemplo…?

Puedo citarte unos cuantos títulos o lemas de nuestros encuentros, cuya sola lectura te dará idea de cuáles son nuestras preocupaciones: la humanización de la asistencia sanitaria; los enfermos más necesitados y desasistidos; la familia del enfermo; el profesional de la salud en el proceso del morir; la mujer en el mundo de la salud; el niño enfermo; ¿cómo ser testigos del Evangelio en el mundo sanitario?; respetar, cuidar, humanizar; samaritanos para tiempos de crisis: com-pasión sin fronteras; la confianza, pilar fundamental en las relaciones sanitarias; eutanasia y asistencia a bien morir; aspectos éticos y pastorales del sufrimiento; la crisis económica y sus repercusiones en la asistencia sanitaria. Como ves, un gran surtido que ha dado y da para pensar y actuar.

(Rocío Álvarez – Iglesia en Aragón)

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