La Pascua de la Resurrección del Señor

Mons. Atilano Rodríguez             Con la muerte de Jesús, los discípulos se sienten desamparados, experimentan el miedo ante el futuro y pierden la esperanza de ocupar los primeros puestos en el reino imaginado por ellos. Aunque habían seguido de cerca al Maestro y convivido con Él, no habían entendido sus enseñanzas sobre la pasión y la resurrección al tercer día.

Ante el desconcierto y la oscuridad mental de sus seguidores, Jesús, una vez más, da el primer paso y sale a su encuentro para regalarles su paz y para hacerles ver que el mismo que ha muerto en la cruz es quien ahora está conversando con ellos. En los encuentros y comidas que celebra con sus discípulos, después de la resurrección, éstos experimentan nuevamente la misericordia y la ternura del Maestro, dejándose transformar interiormente por sus gestos de amor.

A pesar de los testimonios de fe de los primeros discípulos y de la vida donada a Dios y a los hermanos de millones de hombres y mujeres a lo largo de la historia, en nuestros días muchos cristianos confiesan creer en Jesús, pero no admiten el hecho histórico de su resurrección. Con esta negativa a creer los testigos de la resurrección, tal vez sin darse cuenta, están negando la posibilidad de encontrarse con el Resucitado en el presente y la esperanza de heredar un día con Él la vida eterna.

La incapacidad para encontrarse personalmente con Jesucristo como el Viviente que da vida, como el Amigo que acompaña la peregrinación de todo ser humano por este mundo hasta la eternidad, lleva a estos hermanos a considerar a Jesús como un personaje del pasado al que se puede admirar como testigo de la verdad y del servicio a sus semejantes, pero sin capacidad para engendrar esperanza y sin poder para transformar el corazón de los hombres.

Quienes confesamos que Jesucristo ha resucitado, experimentamos que vive con nosotros, que nos habla por medio de su Palabra, que nos da su vida en los Sacramentos y que se hace presente en los hermanos, especialmente en los más necesitados, para ofrecernos consuelo en medio de las penas, esperanza en medio de las dificultades y fortaleza en medio de los fracasos de la existencia.

El Resucitado acompaña en todo momento, mediante la acción del Espíritu Santo, nuestras soledades y tristezas. Incluso en aquellos momentos, en los que nos alejamos de Él por el pecado o por la adoración de los ídolos, sale a nuestro encuentro para regalarnos su perdón y para mostrarnos la misericordia del Padre celestial.

Ante la oscuridad de la muerte, permanece a nuestro lado para recordarnos que Él, la Cabeza del Cuerpo, de la Iglesia, ya ha vencido el pecado y la muerte para siempre. De este modo, quienes lo confiesan como Señor y Salvador, aunque tengan que experimentar la muerte física, saben que no morirán para siempre. En la muerte y más allá de la muerte, el Resucitado nos espera con los brazos abiertos para presentarnos al Padre y para brindarnos la posibilidad de participar de su vida para siempre.

Esta vida divina, aunque no sea en plenitud, los cristianos podemos experimentarla ya en nuestra peregrinación por este mundo. Gracias a la acción del Espíritu Santo sobre el pan y el vino en la celebración de la Eucaristía, el Señor sigue entregando su cuerpo y su sangre por la salvación de la humanidad. Muerto y resucitado, Jesús no cesa de entregarnos su vida bajo las especies sacramentales para que comprobemos su fuerza salvadora, permanezcamos en su amor y experimentemos el poder de su resurrección.

 

Con mi bendición, feliz Pascua de Resurrección.

+ Atilano Rodríguez,

Obispo de Sigüenza-Guadalajara

 

 

Mons. Atilano Rodríguez
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Mons. D. Atilano Rodríguez nació en Trascastro (Asturias) el 25 de octubre de 1946. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Oviedo y cursó la licenciatura en Teología dogmática en la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1970. El 26 de febrero de 2003 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo, sede de la que tomó posesión el 6 de abril de este mismo año. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostado Seglar y Consiliario Nacional de Acción Católica desde el año 2002. Nombrado obispo de Sigüenza-Guadalajara el día 2 de febrero de 2011, toma posesión de su nueva diócesis el día 2 de abril en la Catedral de Sigüenza.