¿A qué llamamos Pascua los cristianos? (I)

Mons. Braulio Rodríguez Plaza         ¡Bendito sea nuestro Dios, que ha resucitado a su Hijo Jesucristo, el Señor, de entre los muertos! ¡Feliz Pascua! ¿A qué llamamos Pascua los cristianos? ¿Significa únicamente esta palabra los acontecimientos de la Resurrección, separando a ésta de lo que celebramos en días anteriores, desde el domingo de Ramos? No puede ser. Otros hablan de Semana de Pasión y llegan sólo hasta el Viernes Santo. No, Pascua es sencillamente Cristo, que padece, muere y resucita. Y la resurrección constituye la novedad absoluta, lo no prefigurado, lo inesperado. Para los Apóstoles y para nosotros, Pasión y Resurrección es la verdadera Pascua. Pascua es el día en que celebramos conjuntamente la Pasión y la Resurrección del Señor. La fe de los cristianos consiste en creer en la Resurrección de Cristo.

nbsp;        Muerte y Resurrección unidas constituyen, pues, el Misterio Pascual. Pero no como dos momentos yuxtapuestos, que simplemente se suceden, sino más bien como un movimiento, como un paso del uno al otro. Es decir, algo dinámico, que se mueve, ya que consiste en hacernos pasar de la muerte a la vida, del dolor a la alegría. Algo que no se puede detener. Se trata de la pasión y la resurrección que nos salvó en el Bautismo y la Confirmación y nos nutre con la Eucaristía, y que nos salva este día. Por ello una Pascua de pasión sin la resurrección sería una pregunta sin respuesta, una noche que no termina en el alba de un nuevo día; sería fin, en vez de comienzo de todo.

Pero la muerte y al resurrección de Cristo sucedió una sola vez; y lo que nosotros hoy celebramos en la Liturgia pascual es la conmemoración de aquel acontecimiento que sucedió aproximadamente entre el año 30 y el 33 de nuestra era. Pero hoy se nos pregunta a los cristianos por parte de los que no tienen nuestra fe: ¿Eso que decís sucedió con Jesús es cierto o es un mito de primavera? ¿Ha resucitado Jesús únicamente en la Liturgia de la Iglesia, en sus ritos, o ha resucitado también en la realidad y en la historia? ¿Ha resucitado porque la Iglesia así lo cree, o ha resucitado y por esto la Iglesia lo proclama? ¿Ha resucitado Jesús, su persona, o ha resucitado sólo su causa, en el sentido puramente metafórico, donde resucitar significa la supervivencia o la reaparición victoriosa de una idea, después de la muerte de quien la ha propuesto?

Así se piensa hoy día en nuestra sociedad; y muchos “cristianos” también. Un lamentable error. De modo que no tenemos las cosas claras, pues la realidad de la Resurrección de Cristo afecta a lo esencial de la fe. Y hay que estar seguros y saber que  no creemos a tontas y a locas. La respuesta más autorizada a estas preguntas se encuentra ya contenida en el Evangelio: ¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado! Dicen los Apóstoles, acogiendo a los dos discípulos de Emaús, incluso antes de que éstos puedan contar su experiencia. Los cristianos han hecho de esta frase el saludo pascual: “El Señor ha resucitado”, al que se responde: “¡Es verdad! ¡Ha resucitado!”.

¿Qué ha sucedido? ¿Qué es lo que ha determinado un cambio tal por el que los mismos hombres que antes habían renegado de Jesús o habían huido, ahora dicen en público estas cosas, fundan Iglesias en nombre de Jesús y, tranquilamente, se dejan apresar, flagelar y matar por Él? Ello nos dan una respuesta a coro: “¡Ha resucitado!” Años más tarde, un sucesor de Poncio Pilato en Judea, el gobernador romano Festo, tiene preso a san Pablo que ha apelado al César; pero no entiende de qué le acusan sus compatriotas. Los puntos discutidos, señala el romano, son cosas referentes a su religión, “y sobre un tal Jesús, ya muerto, que Pablo asegura que vive” (Hch 25,19).

Cosa curiosa: en el momento decisivo, cuando Jesús fue capturado y ajusticiado, los discípulos no nutrían espera alguna de una resurrección en Cristo. Ellos huyeron y dieron por concluido el caso de Jesús. Algo debió suceder entonces, en el primer día de la semana, algo que en poco tiempo no sólo provocó el cambio radical de su estado de ánimo, sino que los llevó también a una actividad totalmente nueva y a la fundación de la Iglesia. Este “algo” es el núcleo histórico de la fe de Pascua. Y este suceso tiene que ver también con nosotros. Es algo objetivo, no tiene relación únicamente con algo subjetivo, con lo que yo siento en mi interior, como explican incluso algunos exegetas cristianos, de modo que la creencia hubiera creado el dogma de que Jesús ha resucitado. Necesitamos más tiempo para ahondar en el hecho fundacional de la Iglesia: la Resurrección de Jesús. Seguiremos en la semana próxima.

+Braulio Rodríguez Plaza,

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.