Pascua de resurección

Mons. Salvador Giménez                En los recuerdos y percepciones que cada uno de nosotros tiene al pronunciar la palabra PASCUA, se unen siempre la alegría y la vida. Para los cristianos, el acontecimiento que celebramos en esta fiesta no proviene de la naturaleza ni de ninguna abstracción; manifestamos al mundo entero que Jesucristo, una persona concreta, el Dios encarnado, ha resucitado, vive con nosotros y acompaña a la humanidad en sus angustias, dificultades y esperanzas. Con lo cual aceptamos que Cristo resucitado nos ha regalado una nueva vida y ha llenado nuestro corazón de alegría y esperanza.

La historia de nuestros pueblos y comunidades está repleta de referencias religiosas que tienen como centro la persona de Jesús de Nazaret. No podemos entender ni explicar nuestro devenir ni nuestra cultural sin conocer sus palabras y sus gestos. Todo ello queda sellado por su resurrección, motivo de la alegría de nuestra fiesta. San Pablo nos lo recordaba con una gran sencillez pero con rotundidad: “Si Cristo no hubiera resucitado, nuestra fe no tendría sentido”. Es, pues, fundamental unir la alegría de nuestro encuentro con Él y las consecuencias prácticas que se derivan con relación a nuestros hermanos y al mundo en general.

La vida nueva que recibimos nos sitúa en una posición inmejorable para apreciar la creación que Dios ha dispuesto para nuestro propio beneficio y el de toda la humanidad. También, para amar a nuestros semejantes sin ningún tipo de cortapisas ni limitaciones, aceptando sus cargas y perdonando sus errores. Para servir de modo especial a quienes más sufren, por el hambre, la soledad o las guerras. Esta actuación no es un invento de cada cual ni producto de un sentimiento más o menos arraigado; es el don y la posibilidad de una vida renovada que nos concede el Resucitado para que sea plena nuestra alegría y se traduzca en una libertad digna para todos y en la fraternidad.

Quienes participáis de la Vigilia Pascual experimentáis la alegría que la Iglesia transmite en esa misma celebración. El fuego a la puerta de la Iglesia, la luz que indica la procesión de entrada iluminando la oscuridad del templo, el canto del anuncio de la Resurrección, las lecturas bíblicas de la creación del mundo, la obediencia de Abraham, la liberación del pueblo judío de la esclavitud, el consejo de los profetas y del Apóstol, para terminar con la lectura del Evangelio anunciando al mundo entero la resurrección de Jesús. Después, se bendice el agua y se recuerda nuestro bautismo; en algunas parroquias se administra el bautismo a niños y adultos, para concluir la Eucaristía con Cristo en el centro de la celebración y de la vida cristiana.

Quienes no participáis de las celebraciones parroquiales, notáis que la alegría invade calles y campos, y apreciáis los encuentros familiares, los cantos… De algún modo, todos estamos inmersos en el gozo de la celebración de la nueva vida.

Para compartir la vida de Jesucristo es necesario reflexionar cada año sobre aquello que oscurece la vida y hace brillar la muerte. Pensad, rezad y acoged a los refugiados que llegan a nuestro mundo opulento. También, a los cristianos perseguidos por su fe. Contad con aquellos emigrantes que deambulan por nuestras calles. Rechazad los malos tratos a mujeres, sobre todo; también a niños y ancianos. Denunciad a quienes promueven guerras o son sujetos de corrupción. No aceptéis el aborto ni la eutanasia. Buscad el respeto, el amor, la fraternidad y la belleza de la vida que nos trae el Señor con su resurrección.

+Salvador Giménez,

obispo de Lleida

Mons. Salvador Giménez Valls
Acerca de Mons. Salvador Giménez Valls 233 Articles
Mons. D. Salvador Giménez Valls nace el 31 de mayo de 1948 en Muro de Alcoy, provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia. En 1960 ingresó en el Seminario Metropolitano de Valencia para cursar los estudios eclesiásticos. Es Bachiller en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 9 de junio de 1973. Es licenciado en Filosofía y Letras, con especialización en Historia, por la Universidad Literaria de Valencia. CARGOS PASTORALES Inició su ministerio sacerdotal como párroco de Santiago Apóstol de Alborache, de 1973 a 1977, cuando fue nombrado director del Colegio “Claret” en Xátiva, cargo que desarrolló hasta 1980. Este año fue nombrado Rector del Seminario Menor, en Moncada, donde permaneció hasta 1982. Desde 1982 hasta 1989 fue Jefe de Estudios de la Escuela Universitaria de Magisterio “Edetania”. Desde 1989 a 1996 fue párroco de San Mauro y San Francisco en Alcoy (Alicante) y Arcipreste del Arciprestazgo Virgen de los Lirios y San Jorge en Alcoy (Alicante) entre 1993 y 1996. Desde este último año y hasta su nombramiento episcopal fue Vicario Episcopal de la Vicaría II Valencia Centro y Suroeste. Además, entre 1987 y 1989, fue director de la Sección de Enseñanza Religiosa, dentro del Secretariado de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de la CEE, y fue miembro del Colegio de Consultores entre 1994 y 2001. El 11 de mayo de 2005 se hacía público su nombramiento como obispo auxiliar de Valencia. Recibió la ordenación episcopal el 2 de julio del mismo año. Fue administrador diocesano de Menorca del 21 de septiembre de 2008 hasta el 21 de mayo de 2009, fecha en la que fue nombrado obispo de esta sede. Tomó posesión el 11 de julio del mismo año. El 28 de julio de 2015 se hacía público su nombramiento como obispo de Lleida. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde 2014. También ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 2005 a 2014.