La gran fiesta cristiana

Mons. Jaume Pujol            Hoy es la gran fiesta cristiana de la Pascua, en la que celebramos la Resurrección de Jesucristo por la cual Él, a los tres días de morir en la cruz, recobró una vida real, en cuerpo y alma. La vida aniquilada vuelve a latir, aunque, eso sí, en una condición totalmente nueva y transformada.

El gran pensador Romano Guardini advierte que en el siglo XX nuestros sentimientos se rebelan contra esta exigencia de fe. La reacción más espontánea es resistirse contra esta verdad y preguntarse si no será una leyenda. No es una cuestión menor: la resurrección es la base del Cristianismo. Como dirá San Pablo: «Si Cristo no ha resucitado nuestra fe sería vana».

¿En qué se apoya nuestra creencia? En las palabras del mismo Jesucristo, que anunció que padecería, sería condenado a muerte y resucitaría al tercer día. Luego está el testimonio de los evangelistas, que se refieren al sepulcro vacío, a la versión oficial de un rapto del cuerpo de Jesús, y a las apariciones del resucitado.

La primitiva Iglesia no tuvo dudas de que era la misma persona, Jesús de Nazaret, que había vuelto a la vida, como primicia de la vida eterna en la que creemos tras nuestra estancia temporal en este mundo.

La Carta a los Hebreos nos presenta a Cristo, sumo y eterno sacerdote, exaltado a la gloria del Padre después de haberse ofrecido a sí mismo como único y perfecto sacrificio de la nueva alianza, con el que se llevó a cabo la obra de la redención. Y San Juan escribe: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos ha amado primero y ha enviado a su Hijo como víctima propiciatoria de nuestros pecados.»

Benedicto XVI, que tenía gran devoción a San Agustín, acudió a venerar los restos mortales del obispo de Hipona y en esta visita confesó que su encíclica Deus caritas est debía mucho al pensamiento agustiniano, que nos enseñó que Dios es amor. El Papa manifestó: «Hermanos y hermanas, vuestra pertenencia a la Iglesia y vuestro apostolado deben brillar siempre por la ausencia de cualquier interés individual y por la adhesión sin reservas al amor a Cristo.»

Este amor, que se concreta en pequeños gestos cotidianos, tiene su última dimensión en el sentido de nuestra vida, que no está llamada a desintegrase y desaparecer definitivamente, sino a transformarse en vida eterna. Este es el sentido de la Pascua y la razón de la alegría que nos ha traído Jesucristo.

+ Jaume Pujol Bacells

Arzobispo de Tarragona y primado

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.