¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya! Feliz Pascua de Resurrección a todos!

Mons. Ciriaco Benavente                   Queridos hermanos:

Este es el día en que actuó el Señor; sea nuestra alegría y nuestro gozo” (Sal 117). Celebramos hoy el misterio central de nuestra fe, el hecho que llena de sentido toda la vida de Jesús, porque sin la resurrección toda su obra quedaría vacía. Él habría sido un hombre admirable, genial, pero no más que un iluso y bienintencionado aventurero.

¿Y qué habría sido de nosotros, sus seguidores? ¿Para qué serviría nuestra Iglesia? ¿Para qué la oración, la Eucaristía, nuestras tradiciones, nuestra Semana Santa, que con tanto esplendor acabamos de celebrar? ¿Para qué servirían tantos gestos de nobleza, de entrega y servicio realizados en su nombre? ¿Para qué tantas esperanzas encendidas y alentadas por Él si su vida y su mensaje han quedado sepultados para siempre tras la fría losa del sepulcro? Tiene razón San Pablo: “Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe…; somos los más desgraciados de los hombres” (1 Cor 15,14-20), porque creeríamos en vano, esperaríamos en vano, nos alimentaríamos de sueños, nuestra esperanza sería una estafa.

A partir de la resurrección de Cristo los hombres sabemos que tenemos Padre y que no somos huérfanos; Él funda la fraternidad humana, porque resurrección de Cristo, paternidad de Dios, fraternidad y esperanza del hombre van inseparablemente unidas, formando la entraña del cristianismo.

En la madrugada de Pascua hemos escuchado las palabras del ángel y su anuncio gozoso y exultante: ‘No temáis. Ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí: ha resucitado’ (Mt 28,5-6). Esta es la gran noticia que la Iglesia anuncia, de nuevo, hoy al mundo.

En todos los relatos resuenan las tres palabras claves: “¡No temáis!”, “¡Ha resucitado!”, “¡Id a anunciarlo!”.

“¡No temáis!: El mensaje de la Resurrección nos transmite una inquebrantable confianza en Dios nuestro Padre, ilumina el sentido de la vida y de la muerte, infunde una actitud positiva ante la realidad, da coraje para abordar los problemas y capacidad para descubrir los aspectos positivos de las personas y de los acontecimientos. La Resurrección neutraliza nuestros miedos, vence nuestros pesimismos, nos infunde la confianza de que el bien, aparentemente tan débil, es más fuerte que el mal. Aspiremos durante el tiempo pascual a este oxigeno vivificante.

 “¡Ha resucitado!”. La última palabra no la tiene la muerte, sino la Vida. Porque Él ha resucitado hay vida, hay esperanza. Ya no está confinado en un lugar del espacio, ni en un momento del tiempo. “La bella flor que, en el suelo/ plantada, se vio marchita, / ya torna, ya resucita, / ya su olor inunda el cielo”.

Cristo está presente y operante en todos los rincones del mundo: en la naturaleza que despierta, en todo amor que nace, en todo logro de paz, en toda oferta de perdón que se ofrece, en toda experiencia liberadora y sanadora del hombre. Está presente en la Eucaristía, en la Palabra que se proclama, en el corazón de todo bautizado, en el ministerio pastoral, en la comunidad reunida. Abrid los ojos de la fe y ved al Resucitado.

“¡Id a anunciarlo!”. Como recordamos en nuestra Misión diocesana, el cristiano es siempre un misionero de la alegría. Frente al miedo que encoge y paraliza, la fuerza de la Resurrección dilata nuestra capacidad de acción y testimonio. Vueltos, como los discípulos, a la Galilea natal, proclamemos con nuestra conducta de hombres renovados que Cristo vive. Necesitamos que la Resurrección de Cristo haga estallar en nosotros los viejos moldes en los que la insensibilidad, la rutina o una identidad cristiana difuminada han ido dejando las huellas de sus pasos.

Queridos amigos. Hay que sumergirse en la Pascua, cantar con júbilo exultante el aleluya, reavivar la esperanza. La resurrección del Señor es el fundamento de nuestra futura resurrección; Cristo es la primicia. Que ello vivifique e ilumine nuestras oscuridades, la vida familiar y social, dé sentido a nuestras enfermedades, sufrimientos dolores.

Porque Cristo ha resucitado os deseo paz, gozo y vida nueva a todos los diocesanos.
¡Feliz Pascua de Resurrección!

+ Ciriaco Benavente Mateos
Obispo de Albacete
Mons. Ciriaco Benavente Mateos
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Mons. D. Ciriaco Benavente Mateos nació el 3 de enero de 1943 en Malpartida de Plasencia, provincia de Cáceres y diócesis de Plasencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Plasencia y fue ordenado sacerdote el 4 de junio de 1966. Es Graduado Social por la Universidad de Salamanca (1971). Comenzó su ministerio sacerdotal en el pueblo salmantino de Béjar, donde fue coadjutor, de 1966 a 1972, y luego párroco, de 1973 a 1979, de la Parroquia de San Juan Bautista. Desde 1979 a 1982 fue Rector del Seminario de Plasencia y Delegado Diocesano del Clero entre 1982 y 1990. Este último año fue nombrado Vicario General de la diócesis, cargo que desempeñó hasta su nombramiento episcopal. El 22 de marzo de 1992 fue ordenado Obispo en Coria. Obispo de la diócesis de Coria-Cáceres hasta diciembre de 2006. En la Conferencia Episcopal Española ha sido Presidente de la Comisión Episcopal de Migraciones desde 1999 hasta 2005. En la Conferencia Episcopal Española en la actualidad es miembro de las Comisiones Episcopales de Migraciones y de Pastoral Social. Con fecha 16 de octubre de 2006 fue nombrado por el Santo Padre Benedicto XVI Obispo de Albacete, tomando posesión de la sede el día 16 de diciembre de 2006.