¡El Señor ha resucitado! ¡Aleluya!

Mons. Gerardo Melgar          Si el Jueves y el Viernes Santo contemplábamos y celebrábamos la entrega de Jesús por nosotros, la muerte por amor de nuestro redentor, y nos conmovía tanto amor y tanta entrega, hoy celebramos su triunfo definitivo, su resurrección.

La resurrección del Señor significa el triunfo de nuestro Salvador sobre la muerte y el pecado. Cristo cargando sobre sí los pecados del mundo ha vencido la muerte y ha destruido definitivamente el pecado. Nosotros ya no estamos condenados para siempre, sino que en Él y por Él hemos sido salvados. Este gran anuncio que la liturgia nos hacía en la noche del Sábado Santo, en la vigilia pascual, es y debe ser para nosotros, la razón auténtica de nuestra alegría.

La celebración de la Pascua de Resurrección deja traslucir por todos los poros la alegría del triunfo: lo que se podría considerar un fracaso se ha tornado triunfo, lo que se creía poder de la muerte se ha convertido en victoria de la vida. La muerte de Cristo muestra su plena fecundidad en la resurrección.

Nos alegramos por el triunfo de nuestro Redentor, pero nos alegramos también por nuestro propio triunfo. En su resurrección hemos resucitado todos nosotros, los que creemos en Él, su resurrección da sentido a toda nuestra vida de discípulos y seguidores suyos, porque, como decía san Pablo: Si Cristo no hubiera resucitado, seríamos los más desgraciados de todos, pues estaríamos siguiendo a un muerto, pero no, Cristo ha resucitado y ya no muere más, la muerte no tiene dominio sobre Él y con Él nosotros hemos resucitado también.

Si la resurrección de Cristo es y supone la resurrección de todos sus seguidores, quiere decir que nosotros como discípulos suyos hemos de vivir desde nuestra nueva condición de muertos al pecado y resucitados a una vida nueva según Dios.

Así lo expresa san Pablo en la Carta a los Colosenses: «Sepultados con Él en el bautismo, con él también habéis resucitado por la fe en la acción de Dios, que resucitó de entre los muertos (Col 2, 12). Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está oculta con Cristo en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos con él». (Col 3, 1-5)

La resurrección de Cristo debe impulsarnos a nosotros a vivir desde nuestra condición de Hijos de Dios. Hemos resucitado con Él a una vida nueva, de acuerdo con lo que Dios nos pide y que exige nuestra condición de resucitados del pecado y de la muerte para vivir como resucitados a la vida de la gracia. Conscientes del hecho más importante de la vida de Cristo, que es su resurrección, se nos pide comprometernos a ser verdaderos discípulos suyos, que encarnamos en nuestra vida los criterios y valores de Cristo, el estilo de vida que Él vivió y pide para sus seguidores.

Es Cristo resucitado el que envía a los apostoles: «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».(Mt 28, 19-20).

Este mismo encargo nos hace a todos y cada uno de nosotros. Nuestra fe no es algo que tengamos que vivir a escondidas y, como dijo Benedicto XVI, guardárnosla para nosotros solos, hemos de comunicarla, o como decía san Juan Pablo II: «Hemos de llevar a Cristo y su mensaje al corazón del mundo».

Con Cristo resucitado que está siempre con nosotros, hemos de decir al mundo y al hombre actual, como los apóstoles a los judíos: A aquel a quien vosotros no conocéis porque lo habéis desechado de vuestras vidas, Dios lo ha resucitado y está presente entre vosotros, se interesa por vuestras cosas y os ama.

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.