Jóvenes andaluces vivirán la Semana Santa en Tánger

Desde el Sabádo de Pasión, 8 de abril, al Domingo de Resurrección, 16 de abril, un grupo de 15 jóvenes de la parroquia de Nuestra Señora del Carmen (Málaga), junto al sacerdote Misionero Claretiano, Ramón Crucera, y algunos jóvenes de Sevilla y Granada, vivirán la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor junto a los cristianos de Tánger.

Isabel Navarro es la encargada de coordinar esta experiencia en los últimos seis años. Todo comenzó hace más de 25 años, cuando el entonces párroco del Carmen, el Misionero Claretiano Paco González, se llevó a los monitores del campamento de verano a que vivieran una experiencia diferente. Conocieron al padre Lerchundi y a los franciscanos y quedaron tan impresionados que pensaron que sería “una gran experiencia, para los jóvenes, vivir la Semana Santa en aquellas tierras. Y, desde el año 90, los jóvenes de esta parroquia vamos en Semana Santa a Tánger”, explica Isabel.

Esta experiencia es parte del proceso de catecumenado de los jóvenes de esta parroquia, en la que sirven los Misioneros Claretianos. “La idea es que vivan la experiencia del Siervo de Yahveh, un siervo callado, que no protesta, que no dice nada, como viven los cristianos en Tánger. Allí no pueden evangelizar con las palabras, pero sí con las obras. Se trata de una experiencia de Iglesia, trabajadora y en misión, en primera línea”.

“Es una gozada llegar a la Catedral de Tánger (que es de grande como uno de nuestros templos) y compartir con todos los que están allí, los religiosos y religiosas, los seglares, los ciudadanos africanos. Es una experiencia misionera y una vivencia fuerte de comunidad para el grupo, trabajando y rezando unos por otros, y conociendo y participando en la labor humanitaria que realizan cada una de las congregaciones presentes en Tánger: las Misioneras de la Caridad (las de Madre Teresa de Calcuta), las Adoratrices, los Hermanos de la Cruz Blanca, los voluntarios del Hogar Lerchundi (que son malagueños), la congregación de Jesús y María… y hasta un convento de Hermanas Carmelitas, que es uno de los grandes misterios. Uno llega a pensar, ¿qué hace un convento carmelita en Tánger? Pues, para nosotros es precioso rezar con ellas las vísperas del Domingo de Ramos y descubrir que hay un motor de oración allí”, añade la coordinadora.

Los jóvenes que han participado en años anteriores afirman que lo que más les impresiona es “la alegría que desprende la gente que vive allí, a pesar del trabajo tan duro que realizan y del sufrimiento y la incomprensión con la que viven. Siempre tienen una sonrisa en los labios. Son incansables e imparables. Nosotros venimos el Domingo de Resurrección destrozados y no olvidamos que eso que hemos vivido una durante una semana, ellos lo viven todos los días del año. Para ellos no existen los fines de semana pues, los niños de la guardería, las mujeres solas, las personas con discapacidad… necesitan de su ayuda todos los días”.

Durante esta semana, los jóvenes (que tienen entre 17 y 24 años), se alojan en el Hogar Lerchundi, que es un centro de día para los hijos de madres solteras que no tienen dónde dejarlos mientras ellas trabajan todo el día. “En este centro reciben educación en valores, la comida necesaria para el día, apoyo escolar… También vamos al centro de los Hermanos de la Cruz Blanca, que trabajan con personas con discapacidad física y psicológica, adultos que se encuentran solos. También visitamos a las Misioneras de la Caridad (las de santa Teresa de Calcuta) que tienen un centro para madres solteras, que son repudiadas en Tánger, y sus hijos. Las acogen desde que están embarazadas hasta que puedan encontrar un trabajo. También colaboramos con las Adoratrices, que organizan talleres para mujeres del campo y un dispensario médico para bebés, pues muchas mujeres necesitan ayuda para aprender cómo cuidar a sus pequeños. Allí se les hace control del peso, de alimentación… Los Hermanos de la Cruz Blanca también tienen un dispensario médico gratuito por las tardes, para las curas de emergencia, pues son muchas las heridas y quemaduras que llegan. Y, por supuesto, echamos una mano en todo lo que haga falta en la Catedral para las celebraciones de la Semana Santa”.

Isabel Navarro reconoce que, lo que más le impresiona es el servicio que ofrecen las Misioneras de la Caridad los miércoles por la tarde: “un encuentro con los niños de la calle. Hay muchos niños y adolescentes, de entre 5 y 14 años, que son adictos al pegamento y viven en la calle. Muchos están muy heridos. Los miércoles por la tarde, las hermanas les ofrecen ducha, ropa limpia, comida y cura de heridas. Para muchos de ellos, es el único día que se lavan y comen caliente. Además se les revisa por si tienen piojos, heridas, se les cortan las uñas… lo que necesiten. El Obispo de Tánger, Monseñor Agrelo, ha pedido a los Misioneros Claretianos si pueden comenzar un proyecto con estos niños a través de su ONG Proclade Bética. Es una experiencia que impresiona porque sabemos que hasta el miércoles siguiente muchos de ellos no van a comer una comida caliente”.

Y cada día, tras la misión y el compartir, se unen en la Eucaristía. “Celebramos la Semana Santa, junto al obispo Santiago Agrelo, en la Catedral. Allí vivimos la Misa del Domingo de Ramos, la Misa Crismal, a la que se unen los sacerdotes de Nador, Tetuán… Los oficios del Jueves y del Viernes Santo, la Hora Santa… Rezamos laudes el Viernes y el Sábado, también en la Catedral, con todos los que se acercan… Es una experiencia de Iglesia brutal, en la que se descubre la catolicidad y la universalidad de la Iglesia. Cada uno deja sus trabajos para reunirse en la semana más importante. Fuera del templo no parece que sea Semana Santa, pero dentro de vive algo especial. Y el culmen es la Vigilia Pascual, a la que se une la iglesia francófona (95% son inmigrantes de Nigeria, Senegal, Camerún…) La celebración se hace en 3 idiomas (español, inglés y francés) y los cantos se hacen con tambores, guitarras, bailes en las ofrendas… todos los años, algún feligrés recibe el bautismo y la confirmación y es una fiesta espectacular, una explosión de alegría. Aquí se palpa que Jesús muere por todos. Es una experiencia de Iglesia que se une en la misión, en el trabajo, una Iglesia que anuncia con las obras”.

Una experiencia abierta a todos los jóvenes de la diócesis. Quienes quieran participar, no tienen más que ponerse en contacto con la Delegación de Misiones, o con el grupo de Proclade de la parroquia del Carmen. La responsable actual del Hogar Lerchundi es una joven malagueña que se unió a esta experiencia en 2009.

(Encarni Llamas Fortes – Diócesis de Málaga)

 

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