La salvación viene de Dios

Mons. Francisco Pérez           Los grandes santos nos han mostrado, a través de la historia, que por mucho que el ser humano se empeñe nunca alcanzará su propia salvación. Es la experiencia de los que entregan su vida por amor y que tienen un modelo al que nadie puede superar pero sí imitar: Jesucristo. Estamos en el tiempo de Semana Santa y bien podemos constatar y considerar que la acción de Dios se nos hace familiar y agradecida. Es verdad que se han convertido en las vacaciones de la primavera y para muchos es un tiempo de descanso que facilita armonizar el stress de la vida misma. Pero me pregunto: ¿No es verdad que los actos litúrgicos, acompañados por la devoción popular de las procesiones, nos ayudan a mirar la efigie de Cristo que se entrega por nosotros? ¿A alguien se le puede pasar por alto la imagen del dolor de Dios en la Cruz? Es aquí donde por mucho que queramos olvidar estos días se hace patente un sentimiento religioso que a todos afecta.

Nadie puede negar en realidad que el sufrimiento exista y es algo que se hace presente en la vida y que se va dando de muchos modos y maneras. A estos sufrimientos de amplias caras se les puede afrontar con la cercanía de la cruz o se desespera de ellos afrontándolos con desprecio. Es el mismo Cristo que ante estas circunstancias nos invita que acudamos a él puesto que su alivio será fecundo y consolador (Cfr. Mt 11, 28). “Cualquier otra carga te oprime y abruma, mas la carga de Cristo te alivia el peso. Cualquier otra carga tiene peso, pero la de Cristo tiene alas. Si un pájaro le quitas las alas, parece que le alivias del peso, pero cuando más le quites este peso, tanto más le atas a la tierra. Ves en el suelo al que quisiste aliviar de un peso; restitúyele el peso de sus alas y verás como vuela” (San Agustín, Sermones 126, 12). Cristo muere por amor y por lo tanto nos hace partícipes de su vida para que nos dejemos, como un imán, atraernos por él. Por eso la salvación viene de Dios, basta que seamos generosos con él.

El Hijo de Dios vino a salvarnos aunque, para ello, tuvo que sufrir la muerte de la cruz. Es algo que la razón no logra comprender pero se afirma más desde el corazón que ama. Desde él se entiende. Tenemos experiencias maravillosas como aquella madre que viendo cómo su hija iba a ser atropellada se lanzó instintivamente, la empujó y se salvó. Pero la madre murió en el lugar de su hija. Desde el egoísmo no se entiende, sólo desde el amor oblativo se puede comprender. Hay razones que la razón no da, pero el corazón encendido de amor entiende. “También nosotras debemos sufrir, pero nuestro sufrimiento es un regalo de Dios si de él sabemos servirnos correctamente. La cruz está junto a nuestras vidas, y por ello agradecemos a Dios por ella” (Madre Teresa de Calcuta, I fioretti di Madre Teresa de Calcuta, pag. 95).

La Semana Santa nos ayuda a profundizar en este gran misterio de amor. El drama de la cruz nos hace ver que a Dios se le puede gritar: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mc 15,34). Es el silencio de Dios que no da respuesta alguna. Como nos sucede en el momento del sufrimiento, por más que recurrimos a él, no da respuesta. ¡Pero qué grande es Dios que no da respuestas porque él es la respuesta, se pone en nuestro lugar, asume nuestras fatigas, dolores y pecados! “¡Oh admirable poder de la cruz! ¡Oh inefable gloria de la pasión! En ella podemos admirar el tribunal del Señor, el juicio del mundo y el poder del Crucificado… Porque tu cruz es ahora fuente de todas las bendiciones y origen de todas las gracias: por ella, los creyentes encuentran fuerza en la debilidad, gloria en el oprobio, vida en la misma muerte” (San León Magno, Sermo 8 de Passione Domini, 7). Os deseo unos días llenos de gracia y amor de Dios.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).