El mensaje semanal del Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas             Como veíamos la semana pasada, dos son las razones que nos llevan al rechazo de lo que se ha venido en llamar “vientres de alquiler” o maternidad subrogada. La primera tiene que ver con la mujer que alquila o vende su capacidad de gestar o de ser madre de una criatura. La otra razón tiene presente al niño engendrado o gestado en esas condiciones que es sometido a un tratamiento inhumano. En relación con un tal tratamiento se ha hablado de un tipo particular de esclavitud, es decir, de la venta de seres humanos por dinero.

 No se pueden pasar por alto los numerosos problemas legales a que da lugar la práctica de la maternidad subrogada. Los más controvertidos son los que tienen que ver con la definición legal y la determinación de la maternidad. Las posturas fundamentales son tres: hay quien defiende que, teniendo en cuenta la importancia de los genes en la determinación de los componentes fisiológicos y psicológicos de un individuo, el elemento genético es el más importante para definir la maternidad. Otros, sin embargo juzgan que es la gestación el criterio decisivo, ya que es muy grande la contribución que da al niño la mujer que la lleva a cabo. Pero no faltan aquellos que piensan que la intención de ocuparse de la crianza de niño debe ser el criterio más importante para determinar quién es la verdadera madre del niño. De todos modos, resulta bastante claro que la madre genética es la que con mayor razón merece el nombre de madre , pues sin su contribución no es posible traer un niño al mundo.

Otro importante motivo de controversia y disputas sin fin es el de la determinación de la custodia del niño en los casos de maternidad subrogada. En general, la custodia se confía a la pareja que “encarga” el niño; los abogados entienden que les favorece el derecho procreativo del padre natural que habitualmente tiene protección constitucional, así como la propiedad de los gametos, y el mejor interés del niño. Pero la disputa se resuelve a veces dando la custodia del niño a la mujer que lo da a luz por entender que le asiste el derecho de maternidad, también protegido constitucionalmente; por pedirlo la tierna edad de la criatura,  y por la fuerza de los lazos que unen al niño con la mujer que lo da a luz. También se da el caso de conceder la custodia del niño a aquellas personas que salvaguardan del mejor modo los intereses del niño, pues se considera que estos están por encima del contrato de maternidad subrogada y de contribución genética o “gestacional”.

Pero, ¿qué ocurre en muchos casos? Pues que teniendo el padre natural y la madre subrogada los mismos derechos procreativos constitucionales, ninguno puede exhibir suficientes motivos para la custodia del niño en exclusiva. Uno y otra, en efecto han hecho la misma contribución genética al niño. En este caso la custodia se confía a quien es mejor, padreo madre, para el niño; y si se considera que los dos lo son por igual, entonces se confía a la custodia conjunta, como se hace habitualmente en los casos de divorcio. El mismo criterio del “mejor padre/madre para el niño se sigue cuando la disputa surge entre la pareja que encarga al niño y la madre que lo ha gestado. Y si tanto el padre genético como la madre que gesta al niño resultan ser buenos para el niño, entonces la disputa sobre la custodia se resuelve sobre la base del principio de la preferencia de la mejor contribución genética.

Como se puede fácilmente imaginar, los problemas legales que pueden plantearse son variadísimos y no siempre de fácil solución. Esto conduce a pleitos legales sin fin que terminan por hacer del niño un mero objeto de disputa.

La maternidad subrogada, unida a las técnicas modernas de reproducción –que multiplican pleitos y controversias− no sólo plantea numerosos y graves problemas legales, sino que originan también abundantes dilemas morales. No sólo los católicos se sienten afectados por tales problemas; también personas de otras confesiones religiosas e incluso quienes se definen agnósticos y ateos perciben con mayor o menor claridad que la “búsqueda” del hijo mediante la maternidad subrogada indica que se ha perdido el significado objetivo del mismo en nuestra sociedad.  La próxima semana trataremos  los aspectos morales del problema.

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

 

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).