El sentido desde la resurrección

Mons. Gerardo Melgar         Jesús nunca habla de memoria.

Sus palabras son corroboradas por los hechos.

El domingo pasado Jesús se proclama luz del mundo, y aparecía curando a un ciego y dándole la luz a sus ojos.

En este domingo nos dice: «Yo soy la resurrección y la vida», y aparece dando la vida a un muerto, a Lázaro.  La resurrección de Cristo es lo que da sentido a toda nuestra vida. Da sentido a nuestra vida, a nuestros sufrimientos e incluso a nuestra misma muerte:

Cristo, con su resurrección, vence definitivamente la muerte. La ultima palabra ya no la tiene la muerte sino la vida.

Cristo vence definitivamente a la muerte y triunfa sobre ella. Nosotros participamos de su triunfo y de su victoria.

La muerte, para el que cree en Jesús, no es:

• El final del camino.

• El “aquí se acabó todo”. La muerte, para el creyente, es:

• Un paso, el último hacia la vida para siempre.

• La puerta que se nos abre a la vida en plenitud. La muerte de Cristo no termina en el caos, en la muerte, sino que desemboca en la resurrección. La vida del cristiano no termina en la muerte, sino en la resurrección, en la vida eterna, en la felicidad sin límites. Esta es la verdad fundamental para los que seguimos a Jesús: seguiremos su misma suerte. Si Él ha resucitado también nosotros estamos llamados a esta misma resurrección. Esta verdad da sentido a todo cuanto vivimos y sucede en nosotros. Da sentido:

• A la fe en la vida terrena.

• Al dolor y al sufrimiento en este mundo.

• A todo el esfuerzo que nos pide el vivir como Jesús quiere.

• A toda la renuncia y sacrificio que tantas veces supone el seguimiento de Jesús.

• Al mismo contrasentido humano que es la muerte. Ahí está la verdadera diferencia entre el que cree y el que no a la hora de la muerte:

• Para quien no cree es el fin de todo, el “aquí se acabó todo”.

• Nada de todo en lo que confiaba en esta vida le puede librar de la misma. Para quien cree:

• La muerte no es el final.

• Cuesta aceptar, porque en la vida entretejemos profundas relaciones humanas, que la muerte destruye

• Pero tiene otra perspectiva muy distinta. – Es el encuentro definitivo con el Padre: • que espera con los brazos abiertos

• que llama a la felicidad eterna.

• que nos muestra el sitio que nos ha preparado junto a él.

• que nos quiere recompensar definitivamente y con creces, por los esfuerzos que hemos hecho por vivir su estilo.   Al hombre actual le cuesta pensar en la realidad de la muerte, pero es también porque le falta fe. La resurrección de Lazaro es:

• La Resurrección de un muerto a la vida terrena. Por eso volverá a morir. La resurrección de Cristo y la que Cristo nos promete:

• Es mucho más que ese dar la vida a un muerto.

• Es entrar en ese estado de felicidad pleno.

• Es poder estar viendo cara a cara, por toda la eternidad, a Dios, y gozar de su presencia.

• Es aquello que dice el apóstol: «Ni ojo vio ni oído oyó lo que Dios tiene preparado para los que le aman».

Cristo es la Resurrección y la vida. Nuestra resurrección y nuestra vida en plenitud.

La salvación nos la regala Dios , es un don de Dios, aunque Dios cuenta con nuestra aportación.

Así lo expresa san Agustín: No todo depende de ti, pero sí hay algo que depende de ti: vivamos de tal forma que eso que depende de nosotros lo logremos vivir y cumplir, para que el Señor nos dé esa resurrección y esa bienaventuranza eterna, que es la que esperamos y por la que vivimos como vivimos.

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
Acerca de Mons. Gerardo Melgar 332 Articles
Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.