A las puertas de la Cuaresma en camino hacia la Pascua

Mons. Julián López             Queridos diocesanos:

La cuaresma está a las puertas, pero su meta es la Pascua y la cincuentena festiva que la sigue. Quisiera que vierais la cuaresma como el comienzo de la gran fiesta gozosa de la participación en el misterio pascual de Jesucristo. Una fiesta que, al prolongarse durante cincuenta días, es símbolo de la vida eterna rebasando la de este mundo, representada a su vez en la cuarentena que la precede. Cuarentena-cincuentena constituyen un tiempo especial de gracia en el que Dios convoca a su pueblo para que se deje purificar y transformar interiormente. En el centro de este tiempo especial, a modo de eje, están los días santos de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor y Redentor Jesucristo. El pueblo cristiano, movido por el Espíritu, ha celebrado y vivido todo este tiempo como una oportunidad de conversión a Dios y de renovación espiritual y moral.

El papa Francisco ha dado a conocer un mensaje para la cuaresma de este año comenzando por la conversión e insistiendo en algunos aspectos: “El cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor. Jesús es el amigo fiel que nunca nos abandona, porque incluso cuando pecamos espera pacientemente que volvamos a él y, con esta espera, manifiesta su voluntad de perdonar” (Mensaje de 18-X-2016). Después centra su reflexión en la sugestiva parábola del hombre rico y del pobre Lázaro, que un día propuso Jesús para insistir en la causa del problema de quien no hizo caso de la palabra de Dios que le habría llevado a la conversión y a cambiar de vida. Os invito a leer y a meditar en este mensaje del papa.

Pero permitidme también que os anime a vivir la cuarentena-cincuentena pascual atentos, así mismo, a nuestra realidad diocesana y a los retos y desafíos que nos acechan a nosotros particularmente. En este sentido quiero recordaros que nuestro itinerario personal y eclesial no transcurre al margen del año litúrgico y de sus tiempos y celebraciones. Por eso la cuaresma y la cincuentena nos invitan a preguntarnos qué hemos hecho de nuestros compromisos en los ámbitos parroquial, arciprestal, de grupo, de movimiento apostólico, etc. Es bueno examinarse acerca de nuestra participación, sintonía personal y afectiva, compromiso, corresponsabilidad, etc. Porque la conversión se produce no solo en el ámbito estrictamente personal sino también respecto de la comunión eclesial, la solidaridad, la fraternidad apostólica y la misión.

La conversión cuaresmal y la alegría pascual son inseparables de nuestra tarea en cuanto hijos de la Iglesia y miembros de una comunidad concreta, una parroquia, un arciprestazgo, un grupo o movimiento apostólico o de espiritualidad, etc. La convocatoria de la Iglesia en este tiempo de conversión y de alegría en el que Jesucristo nos renueva interiormente con su palabra, es mucho más amplia y exigente que en otros tiempos litúrgicos. Tenemos la propuesta de los sacramentos del perdón y de la comunión, la oración personal y comunitaria, algunos ejercicios de piedad como el Via Crucis y el Via lucis, la práctica más intensa y extensa del amor fraterno y de la misericordia, sin olvidar tampoco el carácter ascético pero también social y solidario del ayuno, de la abstinencia y de la limosna. Por supuesto, las personas enfermas o que sufren por algún motivo tienen también aquí una excelente ocasión para unirse a Jesucristo. Deseo a todos una gozosa y fecunda cuaresma-cincuentena pascual:

+ Julián López,

Obispo de León

Mons. Julián López
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Mons. D. Julián López Martín nace en Toro (Zamora) el 21 de abril de l945. Estudió en el Seminario Diocesano de Zamora y en el P. Instituto de San Anselmo de Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología Litúrgica en 1975, como alumno del P. Colegio Español y del Centro Español de Estudios Eclesiásticos anexo a la Iglesia Nacional Española de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Zamora el 30 de junio de 1.968. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor de Villarín de Campos y cura ecónomo de Otero de Sariegos (1968-1970), coadjutor de la parroquia de Cristo Rey en Zamora (1973-1989) y, desde 1978, canónigo Prefecto de Sagrada Liturgia de la Catedral de Zamora y delegado diocesano de Pastoral Litúrgica, miembro del Consejo Presbiteral y del Colegio de Consultores desde 1984. Ha sido también consiliario diocesano del Movimiento Familiar Cristiano (1976-1986) y consiliario de la Zona Noroeste de este Movimiento (1980-1983). Profesor de Religión en el Instituto "Claudio Moyano" (1975-1976) y en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado en Zamora (1981-1983). Ha sido director del Centro Teológico Diocesano "San Ildefonso" y de la Cátedra "Juan Pablo II" (1984-1992); delegado diocesano para el IV Centenario de la Muerte de Santa Teresa de Jesús (1980-1982); Año de la Redención (1983-1984); Año Mariano Universal (1987-1988); V Centenario (1992) y Congreso Eucarístico de Sevilla (1993). Profesor de Liturgia y Sacramentos de la Universidad Pontificia de Salamanca (1975-1981 y 1988-1994), ha sido también Presidente de la Asociación Española de Profesores de Liturgia (1992-1995), habiendo impartido clases en las Facultades de Teología de Burgos (1977-1988) y de Barcelona (1984-1989). El 15 de julio de 1994 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo por el Papa Juan Pablo II, tomando posesión el 25 de agosto del mismo año. Cargo que desempeñó hasta su nombramiento como Obispo de León el día 19 de marzo de 2002, tomando posesión el 28 de abril. El 6 de julio de 2010 Benedicto XVI le nombró miembro de la congregación para el Culto Divino de la Santa Sede. En la CEE ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 1996 a 1999. De 1993 a 2002 formó parte de la Comisión de Liturgia y desde 2002 a 2011 fue Presidente de dicha Comisión. Desde 2011 es miembro de ella