Prescindir de Dios y alardear de ser moderno

Mons. Francisco Pérez            Hay todo un sentimiento ideológico social en el que se nos quiere convencer que Dios ya nada tiene que ver con el mundo y con el hombre. No pretendo faltar al respeto al que no cree, ni menos despreciar al que no piense como yo. Lo único que quiero reflexionar es sobre cierta altanería con la que ciertas formas ideológicas intervienen, con prepotencia, afirmando que Dios ya no tiene lugar hoy en la sociedad. Me parece poco inteligente que lo expresen y además que lo afirmen alardeando con absoluta certeza, que raya en dogmatismo excluyente, y que deriva en la altanería de eliminar y prescindir de Dios. Al menos todos tenemos preguntas que hacernos y éstas no son minusvaloradas puesto que es propio del sentido racional cuestionar el sentido de la vida: de dónde procedemos y hacia dónde vamos.

La respuesta a tales preguntas y a tantas otras han de hacernos reconocer que la razón tiene un sentido cualificado que en muchas ocasiones no sabemos aprovechar. Ella misma da respuestas que no contradicen a las afirmaciones de la fe. En una ocasión comía con el Papa Juan Pablo II y tuve la osadía de preguntarle sobre sus sentimientos y de modo especial sobre lo que más le preocupaba en estas circunstancias especiales por las que pasa la humanidad. La respuesta fue clara y contundente: “No olvide que lo más grave en la sociedad es el relativismo y este provocará unas formas y un estilo del vivir lo humano (antropológico) que romperá con el modelo fundamental al que está llamado. Y nunca olvide que la fe y la razón se complementan; van ayudándose mutuamente. La razón no es un estorbo para la fe como la fe tampoco lo es para la razón”.

Alardear de ser moderno y bucear en el sinsentido existencial provoca una insatisfacción profunda. Lo estamos constatando, con las nuevas enfermedades sicológicas, que afloran y son fruto de la “falta de sentido de la vida”. Si la vida no tiene sentido ¿para qué y por qué vivimos? No hay peor sinrazón que el vacío existencial. Se resucita a la mayor razón cuando ella se abre a lo más transcendente y cuando el vacío se llena de lo más sagrado. Y esto hace que algo nuevo motive el camino que recorremos cada día. Propiciar que la sabiduría y la inteligencia nos ayuda a saborear y a leer desde dentro la realidad más sublime que está presente en la creación y en el ser humano. La ignorancia nos lleva al precipicio de la desesperanza y al absurdo, mientras que la sabiduría nos acerca a nuestra auténtica identidad.
Es bueno considerar lo que decía el Papa Benedicto XVI afirmando que hoy lo grave no son las objeciones aisladas contra el cristianismo sino el rechazo total y radical contra su pretensión de verdad. Se lo considera nocivo y venenoso en unos casos (anti-cristianismo) o agotado en otros casos. Se agradece todo lo que ha ido realizando a favor de los más necesitados e incluso ha sabido ser fermento de una digna humanidad en muchos momentos pero no ha sabido ponerse a la altura de la historia del ser humano en otras circunstancias. Hoy se lo considera superado por el nuevo ‘orden mundial’ donde la ideología de género, la ecología y las nuevas místicas son más capaces de realizar los ideales que busca el ser humano. Y se pretende despedir al cristianismo muy agradecido por lo que ha hecho pero ahora ya no tiene sentido (pos-cristianismo). Y todo por creer que la razón de vivir y existir depende de los hombres pero no de Dios.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).