¿Renuncias?

Mons. Francesc Conesa             Queridos diocesanos:

Cuando llegue la gran vigilia Pascual, que es el punto culminante de la Cuaresma, haremos solemne profesión de fe recordando nuestro bautismo. Pero antes de decir “creo” tendremos que decir “renuncio”. La expresión no es caprichosa y consta que se hacía desde muy antiguo. Un autor del siglo IV describe el bautismo y dice que un poco antes de entrar en el agua “profesamos que renunciamos al diablo y su pompa y sus ángeles” (Tertuliano, De Corona, III).

Como se ve, la Iglesia ha sido siempre consciente de que vivir el Evangelio supone poner toda la vida en manos de Dios y de que esto exige renuncia, dejar atrás el mal y eso que se llamaba la “pompa” del diablo y que hoy podríamos llamar la cultura que se opone a Dios, esa manera de vivir en la que cuenta la apariencia y no la verdad, en la que se valora a la persona por lo que tiene y no por lo que es.

Renunciar significa reconocer que ese no es camino de salvación y declarar que queremos vivir de otra manera. Se pide renunciar también a las seducciones del diablo, es decir, aprender a decir que “no” a las tentaciones, como hizo Cristo en el desierto: a los deseos de poder, de dominio, de recurrir sólo a lo material. Creer es consecuencia de haber descubierto a Dios como lo más importante del mundo. Esto supone renuncia a lo viejo, a la tiranía de este mundo, para acomodar nuestra vida a la verdad de Dios.

Ahora bien, sólo podemos vivir día a día estas renuncias si contamos con la gracia de Dios, que refuerza nuestra voluntad y le da la firmeza necesaria. Es el Señor quien puede cambiar nuestro corazón para que renunciemos de verdad a vivir una vida egoísta, a dar la espalda al hermano, a vivir olvidando que hay un Dios que nos ama con locura.

Cuando en la liturgia se nos pregunta si renunciamos quizás decimos “si” demasiado alegremente, como por costumbre o atolondradamente. Por eso os invito a pensar durante esta Cuaresma lo que significa renunciar a Satanás, al mal, al tipo de vida que propone, para seguir a Jesucristo. Y, cuando llegue la noche de Pascua, pronunciar nuestro “sí, renuncio” con todo el corazón: sí, deseo dejar atrás el mal, el egoísmo, la falta de solidaridad. No quiero vivir en la prepotencia y la ambición, en la mentira o en la apariencia.

Y no olvidemos algo muy importante: si decimos “no” al mal es porque queremos decir “sí” a Dios. Nuestro deseo es vivir la vida entera desde Dios. Decimos “no” porque decimos “sí”.

+ Francesc Conesa Ferrer

Obispo de Menorca

Mons. Francisco Conesa Ferrer
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Rector de la Basílica de Santa María de Elche desde 2014 Francisco Simón Conesa Ferrer nació en Elche el 25 de agosto de 1961. Cursó estudios eclesiásticos en el seminario diocesano y fue ordenado sacerdote el 29 de septiembre de 1985. Es doctor en Teología (1994) y en Filosofía (1995) por la Universidad de Navarra. Su ministerio sacerdotal lo ha desarrollado en la diócesis de Orihuela-Alicante, donde ha desempeñado los siguientes cargos: vicario parroquial de la parroquia ilicitana de Nuestra Señora del Carmen (1985-1987), de la Inmaculada de San Vicente del Raspeig (1994-1996) y de Nuestra Señora de Gracia de Alicante (1997). Desde 1998 al 2014 fue el vicario general de la diócesis. En la actualidad es profesor del seminario diocesano, donde imparte Filosofía del Lenguaje y Teología Fundamental, desde 1992; profesor asociado de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, desde 1994; canónigo magistral de la Catedral de Orihuela, desde 2001; y rector de la Basílica de Santa María de Elche, desde 2014. Fue nombrado prelado de honor de su Santidad en el año 2012.