«Por un mayor cuidado a los ancianos»

Mons. Jesús García Burillo             Queridos diocesanos:

Este sábado 25 de marzo hemos celebrado la Jornada por la Vida, con el lema: “La luz de la fe ilumina el atardecer de la vida”, poniendo nuestra mirada sobre nuestros mayores. No es posible captar la riqueza y la dignidad de cada persona si no es a la luz del amor que, como lámpara preciosa, nos hace captar la verdad y el sentido último de nuestra realidad. Esto nos sucede con nuestros mayores.

Es en la experiencia del amor donde se revela la originalidad de cada persona, de cada anciano. Cada uno de nosotros es un don en sí mismo y para los demás y solo podemos realizar la plenitud de nuestra existencia cuando somos capaces de salir de nosotros mismos para entregarnos. Con palabras evangélicas, se puede decir que cuando somos capaces de “perder la propia vida” por amor, la encontraremos de modo pleno y definitivo (cf. Mt 10, 39). El mayor ejemplo de esto es nuestro Señor Jesucristo, entregado por nosotros.

Cristo Jesús nos descubre nuestra propia fragilidad y nos ayuda a abrazarla con amor. Mientras la sociedad actual valora lo estéticamente bello, lo que triunfa, la fuerza juvenil o exalta al poderoso, la fe cristiana ilumina el valor de lo pequeño, destaca la humildad y, sobre todo, da un nuevo sentido a lo débil y al sufrimiento. Por eso la Iglesia valora y estima la ancianidad. Afirmaba el Papa Benedicto XVI que «una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la com-pasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado es una sociedad cruel e inhumana» (Spe salvi, 38).

Sobre la felicidad de una persona enferma o con limitaciones físicas, como los mayores, el Papa Francisco reflexiona: «Se considera que una persona enferma o discapacitada no puede ser feliz, porque es incapaz de realizar el estilo de vida impuesto por la cultura del placer y de la diversión, lo que es “imperfecto” debe ser ocultado, porque va en contra de la felicidad… En realidad, con qué falsedad vive el hombre de hoy al cerrar los ojos ante la enfermedad y las limitaciones físicas. No comprende el verdadero sentido de la vida, que incluye también la aceptación del sufrimiento y de la limitación. El mundo no será mejor cuando esté compuesto solamente por personas aparentemente “perfectas”, sino cuando crezca la solidaridad entre los seres humanos, la aceptación y el respeto mutuo… Es una cuestión de amor, no hay otro camino» (Homilía, 12/6/2016).

La Iglesia siempre ha estado junto a los ancianos y enfermos ayudándoles a recorrer, como el buen samaritano, el camino difícil de la limitación humana. A través de los llamados visitadores de enfermos y del propio sacerdote, las parroquias ofrecen ayuda material y espiritual, compañía y consuelo a tantos ancianos y enfermos que no pueden salir de casa. Somos conscientes de que los ancianos, cada uno en la medida de sus posibilidades, tienen una misión que cumplir. Por eso animamos a nuestros mayores a no abandonarse al desaliento; a continuar transmitiendo el Evangelio, especialmente a sus nietos; a seguir siendo testigos de la esperanza que nunca defrauda.

Queridos diocesanos, cuántos recuerdos agradecidos tenemos de nuestros mayores, que guardamos como tesoros, y cuántos testimonios vivos de acogida, aceptación, de superación de tantas situaciones difíciles en la vida, y sobre todo cuántos testimonios de fe. Agradezcamos vivamente a nuestros mayores cuanto nos han regalado. Decía san Juan Pablo II: «Honrar a los ancianos supone un triple deber hacia ellos: acogerlos, asistirlos y valorar sus cualidades» (Carta a los ancianos, 12). Que lo hagamos realidad.

Con mi bendición y afecto.

+Jesús García Burillo,

Obispo de Ávila

Mons. Jesús García Burillo
Acerca de Mons. Jesús García Burillo 96 Articles
Nació en Alfamén, Provincia y Archidiócesis de Zaragoza, el 28 de mayo de 1942. Tras finalizar la carrera de Profesor de E.G.B., inició los estudios eclesiásticos en Valladolid, ciudad a la que se trasladó desde muy joven, terminándolos en la Universidad de Comillas de Madrid. Fue ordenado sacerdote en Valladolid, el 25 de julio de 1971. En la misma Universidad de Comillas obtuvo, en 1970, la Licenciatura en Teología y en 1977 el Doctorado en Teología Bíblica. Ha desempeñado el cargo de Vicario Episcopal en la Diócesis de Madrid, de la Vicaría III (1985-1996) y de la Vicaría VIII (1996-1998). Fue preconizado Obispo Auxiliar de Orihuela-Alicante el 19 de junio de 1998. Recibió la Ordenación Episcopal en Alicante el 19 de septiembre del mismo año. Preconizado Obispo de Ávila el 9 de enero de 2003, tomó posesión de la diócesis el pasado 23 de febrero de 2003, domingo. CARGOS DESEMPEÑADOS: Capellán de la Residencia Universitaria Torrecilla (Valladolid, 1971-75); Coadjutor de la parroquia de San Andrés de Villaverde (Madrid, 1977-79); Dir. de la Residencia Divino Maestro (Valladolid, 1964-66); Dir. de la Revista "Ekumene" (1966-71); Coordinador del Movimiento "Ekumene" en Andalucía (1966-71); Secretario General de la Vicaria III (Madrid, 1979-85); Vicario Episcopal de la Vicaría III (Madrid (1985-96); Vicario Episcopal de la Vicaría VIII (Madrid (1996-98). Obispo Auxiliar de Orihuela-Alicante (1998-2002) CARGOS EN LA CONFERENCIA EPISCOPAL: Miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral (1999-) y Relaciones Interconfesionales (1999-). ACTIVIDADES: Profesor de E.G.B. (1962-64); Prof. titular en Estudio Agustiniano (Valladolid, 1972-74); Colaborador del C.S.I.C. (1974- 76); Profesor del Instituto Internacional de Teología a Distancia (Madrid, 1977-98); Profesor de Radio ECCA (1977-98). PUBLICACIONES: Destacan entre todas ellas: Catequesis de primera comunión, en colaboración (Madrid: Studio 1968); su Tesis doctoral El ciento por uno. Historia de las interpretaciones y exégesis, (Madrid: C.S.I.C. 1977). Ha colaborado en el Departamento de Producción del Instituto Internacional de Teología a Distancia (1977-1998).