Fiesta en Escolapios. Año Jubilar Calasancio

Estamos de fiesta. Celebramos cuatro siglos de la erección canónica de las Escuelas Pías como Instituto Religioso en la Iglesia y 250 años de la canonización de nuestro fundador, san José de Calasanz. La Iglesia nos regala la gracia de un Año Jubilar en el que recordar, agradecer y celebrar el don que las Escuelas Pías y su fundador son para todos los creyentes y el mundo de hoy, especialmente para los niños y los jóvenes más necesitados.

El Papa Francisco ha sido el primero en sumarse a este Año Jubilar y en dedicarnos unas palabras a todos los que formamos parte de esta “casa”. Su llamada a seguir atentos a las sugerencias del Espíritu y su invitación a abrir los corazones de niños y jóvenes a Dios, nos inspira para seguir dando la vida en la escuela. “Ser escolapio es, por definición, ser una persona en un estado de abajamiento, un pequeño que se puede identificar con los pequeños, un pobre con los pobres.[…] No han sido fundados para otra grandeza que la de la pequeñez, ni para otra cima que la del abajamiento”. Más claro, agua. Así que este año tenemos la oportunidad de revisarnos y acelerar en esta senda de los que han optado por mirar a los ojos de los pequeños a su altura.

Hagamos memoria

Calasanz llega a Roma con la pretensión de obtener una canonjía, que es para él “el mejor modo de servir a Dios”. El proceso se prolonga en el tiempo y José se ve obligado a resituar expectativas y profundizar los motivos que le llevan a disputar la causa abierta con otros litigantes durante veinte años.

Como visitador y miembro de distintas cofradías va conociendo la vida concreta de los otros y supone un contraste fuerte en el modo de situarse frente a lo real por el descubrimiento progresivo de cómo “padece mucho la gente común”.

Este es el humus en el que va a gestarse el proceso de fundación de las Escuelas Pías, que se desarrolla en los veinticinco años que transcurren entre el otoño de 1597, con la transformación de la escuela de santa Dorotea, una escuela ya existente y cuyo liderazgo asume Calasanz para convertirla en la primera escuela popular y gratuita de Europa, hasta el 31 de enero de 1622, fecha en la que la Iglesia aprueba definitivamente la forma de vida de los escolapios. El deseo de Calasanz de dar a su obra la máxima estabilidad canónica, le lleva a solicitar a la Santa Sede el reconocimiento de las Escuelas Pías como Orden Religiosa en la Iglesia. Comienza un doble proceso: el de elevación a Orden Religiosa con los votos solemnes, obtenida el 17 de noviembre de 1621, y el de la aprobación de las Constituciones (31 de enero de 1622). Ambos reconocimientos se producen durante el pontificado de Gregorio XV.

Educar, anunciar, transformar

Celebrar a Calasanz es actualizar sus intuiciones. Por eso el lema de este Año Jubilar en todas nuestras obras es “Educar, anunciar, transformar”.

Educar constituye la apuesta central de Calasanz en el proceso fundacional y sigue siendo hoy el verbo más importante de nuestras escuelas. Garantizar la enseñanza a todos, incluso a aquellos que parecen no “casar” con el sistema actual. Nuestros colegios deben seguir siendo fundamentalmente escuelas “para niños”, garantizando la promoción a niveles superiores y la inserción en el mundo laboral. Y, como indica nuestro lema “piedad y letras”, el reto de hoy vuelve a ser orientar las escuelas en clave de pastoral, convertirlas en auténticos lugares de educación integral y cristiana, donde la cultura y la fe crezcan al unísono.

Anunciar es otra de las tareas urgentes que asumimos desde nuestras escuelas, habiendo descubierto desde el comienzo que la escuela es una puerta abierta al anuncio del evangelio. Este anuncio hecho a los niños desde sus primeros años es clave para el presente y el futuro de la sociedad, es medio de transformación social y renovación eclesial.

Y transformar, comenzando con la contemplación de la realidad, de las realidades sufrientes que nos rodean, y siguiendo con la renovación de la Iglesia y de la sociedad en su conjunto.

Presencia escolapia en Salamanca

La presencia escolapia en Salamanca es numerosa. Estamos presentes en la ciudad desde mediados del siglo pasado y actualmente son tres las obras en las que desarrollamos nuestra misión: la Casa Escuela Santiago Uno, el Centro Integrado de Formación Profesional Lorenzo Milani y el Colegio Calasanz, con su internado incluido.

El corazón carismático de toda esta presencia es la comunidad escolapia, comunidad que desde agosto de 2015 está formada por cinco religiosos escolapios y una familia de escolapios laicos pertenecientes a la Fraternidad Escolapia. Esta experiencia de comunidad conjunta, formada por religiosos y laicos, no es la única en la Provincia Escolapia de Betania, ya que hay experiencias similares en Oviedo y en Alcalá de Henares. Santi y Esther, con sus tres hijos, comparten con los religiosos no sólo misión o espiritualidad sino también vida bajo el mismo techo. Los diez viven en el colegio, cenan juntos, celebran la Eucaristía y rezan juntos y también se forman y se divierten juntos, aprendiendo a combinar la realidad comunitaria con la necesaria intimidad de las dos realidades, la religiosa y la familiar.

La labor que se realiza es importante y bastante completa, combinando la piedad y las letras y estando “en salida”, como nos pide el Papa, al servicio de aquellos niños y jóvenes que se sienten y se saben claramente descartados por el sistema. El colegio es un lugar abierto donde los niños y sus familias encuentran un lugar donde formarse desde el Jardín de Infancia hasta terminar el Bachillerato. Un recorrido largo que permite educar, anunciar y transformar y que intenta disponer a los alumnos para su vida adulta, ayudándoles a madurar y a descubrir lo que son y lo que están llamados a ser. No sólo se apuesta por la calidad educativa, el bilingüismo, etc. sino también por desarrollar una pastoral cercana, que anuncie y permita experimentar el Evangelio.

En Santiago Uno, la realidad es diferente aunque no el objetivo final: recuperar y rehabilitar a aquellos que han sido golpeados y devolverles su capacidad de soñar, de crecer, de ser felices, de aprender, de trabajar, de ofrecer lo mejor que tienen, que es mucho y muy valioso. Un equipo de educadores comprometido es capaz de hacer de cada una de las casas donde viven los chicos, auténticas semillas de esperanza y de recuperación, siguiendo los pasos del mismo Calasanz y de Jesús de Nazaret. Y también se estudia: cocina y restauración y fabricación y montaje.

Finalmente, en la Lorenzo Milani ofrecemos una educación centrada en la formación profesional, con oferta de grados de nivel básica, medio y superior; comprometidos con la naturaleza y el cuidado de “eso que es de todos”. Todo esto aderezado con la escuela de circo, el estudio de radio, el centro de recuperación de aves, la cooperativa vinícola, la escuela de cine, la escuela de tiempo libre… ¿Se puede pedir más?

El centro de nuestra celebración jubilar en la ciudad era la Eucaristía que tenía lugar el lunes 6 de marzo en la Catedral Nueva y que presidió el Obispo diocesano. A ella asistieron todos los alumnos del Colegio Calasanz, la comunidad educativa en plena, miembros de las comunidades educativas de Santiago Uno y Milani, familiares y todos aquellos que quisieron unirse a este momento tan especial para nosotros.

Sigamos, como decía Calasanz, atentos al Espíritu para que su soplo nos lleve allí donde el Señor nos quiere.

 (Santi Casanova – Diócesis de Salamanca)

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