Por muchos y por todos

Mons. Braulio Rodríguez          En la traducción al español de las palabras de la consagración del cáliz se ha sustituido, en la edición del nuevo Misal Romano, la expresión “por todos los hombres” con “por muchos”. Sin duda se han podido dar distintas reacciones. Es saludable, pues las palabras de la consagración del cáliz están hondamente marcadas en el corazón de los creyentes. Lo triste es que hubiera habido sólo indiferencia. ¿Es legítimo semejante cambio? ¿No nos estarán cambiando los obispos la fe? ¿Querrá decir ese cambio que se reduce el alcance de la salvación traída por Jesucristo? Al decir “por muchos” y no “por todos los hombres”, ¿acaso es que hay algunos a quienes esta salvación de Jesús no les es accesible y no pueden llegar a ella o participar de ella? Cuestión interesante.

nbsp;    El cambio no pretende excluir, sin embargo, a nadie de la redención llevada a cabo por Cristo. Iría esta exclusión contra lo revelado por nuestro Dios, “que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1Tim 2, 4). Es, pues, desacertado entender este cambio en nuestra liturgia eucarística como si en lugar de “por muchos” se dijera “por pocos”. No: la entrega de Jesucristo en su muerte es por todos los hombres. Así que la traducción de las dos anteriores ediciones del Misal Romano, “por todos los hombres”, estaba ofreciendo una comprensión certera de lo que ahora se dice en esos “muchos” (en latín, “pro multis”).

 ¿Por qué, pues, hemos cambiado? Sencillamente por fidelidad a la palabra de Jesús. ¡Ah! Eso son palabras mayores. Él, en efecto, no dijo “por todos” sino “por muchos”. Así lo vemos en el texto griego de Mt 26,28 y Mc 14,24. Tanto este idioma, en el que los Evangelio nos han transmitido sus palabras, como el arameo (la lengua materna de Jesús) distingue entre ambos conceptos “por todos” y “por muchos”, aunque vengan a significar lo mismo. Así que hemos de aceptar lo que Jesús realmente dijo. Por ello, la   traducción más fiel es la que respeta esa decisión de Jesús. Así lo quiso, además, el Papa Benedicto XVI, al indicarnos que la fórmula latina “Pro vobis et pro multis” había que traducirla “por vosotros y por muchos”.

Podemos entender ahora mejor que la nueva traducción se acerca más al momento decisivo de la vida del Señor, pues esos “muchos” por los que derrama su sangre nos evocan a aquellos “muchos” que el Siervo del Señor justificó mediante la entrega de su vida. Fíjense en estos textos de Isaías: “Mi siervo justificará a muchos porque cargó con los crímenes de ellos” (Is 53,11); “Él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores” (Is 53,12). La entrega eucarística de Cristo realiza así la misión del Siervo, esa figura enigmática del Antiguo Testamento, como nos deja ver las mismas palabras de Jesús: “El Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y dar su vida en rescate por muchos” (Mc 10,45). De modo que la traducción de la nueva edición del Misal “por muchos” alude sin duda a la figura bíblica del Siervo, que de otro modo pasaría inadvertida: Jesús es el verdadero Siervo de Dios.

La traducción “por muchos”, que apunta a la apertura universal de la salvación obrada por Jesucristo, sin embargo expresa también la trágica posibilidad de que no todos los hombres se beneficien efectivamente de ese gran don. La nueva traducción castellana nos previene, pues, de creer ingenuamente que por las palabras que el Señor pronunció en la última Cena, que muestran la ofrenda de amor de Jesucristo, estuviésemos ya definitivamente salvados. Desgraciadamente es posible, en un mal uso de nuestra libertad, que no queramos acoger el regalo de la salvación y de la gracia, excluyéndonos así de esos “muchos” a los que Jesús desea justificar. ¿No esto un estímulo saludable abrirnos al don de la salvación que Él nos trae?

De este modo, cuando se ponen de relieve las razones del cambio de “por todos los hombres” por la nueva traducción “por muchos”, caemos en la cuenta que el cambio en las palabras de la consagración del cáliz no obedece a motivos estrictamente doctrinales, pues la sangre de Cristo se derrama efectivamente por todos los hombres. Lo que se subraya es que la nueva traducción facilita deshacer el equívoco de que la salvación es algo casi “automático”, que apena dependiera de la libre cooperación del hombre. Pero sobre todo que “por muchos” son las palabras que dijo el Señor.

+Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo. Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.