María, siempre Virgen

Mons. Enrique Benavent            El día 25 de marzo la Iglesia celebra el misterio de la Encarnación del Señor. Se trata de un acontecimiento en el que se unen la iniciativa divina y la respuesta de la humanidad representada en María, que acoge al Hijo de Dios que entra en nuestro mundo. Estamos ante un momento único en la historia de la humanidad: el Hijo de Dios, sin dejar de ser lo que era, se hace hombre. No es una nueva persona: el que es acogido por María existía desde la eternidad y en este momento comienza a existir de un modo nuevo. Como la humanidad no puede salvarse a sí misma, es también incapaz de generar a su salvador, que es un regalo que Dios le hace.

La Encarnación del Hijo de Dios acontece en una concepción virginal que incluye un hecho humanamente inexplicable (María espera un hijo sin haber conocido varón), y una explicación trascendente del mismo (el hijo ha sido concebido por la acción del Espíritu). Esta verdad de la fe está al servicio de otra más fundamental: el carácter divino de la persona de Jesús. No es de extrañar que la Iglesia, desde el principio, haya enseñado que Jesucristo nació “de una virgen” (Ignacio de Antioquía) o “de la Virgen María”. La conciencia creyente del Pueblo de Dios se ha mantenido firme a lo largo del tiempo, hasta el punto de que el título más antiguo que se ha atribuido a María ha sido el de “Virgen”.

Estamos ante una virginidad corporal y espiritual, que es signo permanente del carácter divino de la persona del Hijo y del sentido de la misión de María: Ella es virgen para Dios y toda su persona está al servicio de su Hijo. A esa misión se incorpora también su esposo José. Como matrimonio  creyente ellos están para cumplir una misión en la historia de la salvación, que les exigirá la renuncia a cualquier proyecto propio y la entrega total de sus personas y de sus vidas a Dios. Por ello, no es de extrañar que desde los primeros siglos la Iglesia haya enseñado también que la virginidad de María tuvo un carácter perpetuo: ella es “siempre virgen”. Su entrega primera fue una auténtica consagración a Dios para siempre. El sentido de fe del pueblo cristiano ha conservado pacíficamente esta verdad a lo largo de los siglos. Esta generosidad no empequeñece las figuras de María y de José, sino que las engrandece, porque nos indica que cualquier proyecto humano debe ponerse al servicio de la misión que Dios pide a todo cristiano.

Minusvalorar este dato de la fe o relativizar su importancia, afirmando que María o José tuvieron o hubieran podido tener otros hijos, es no entender el carácter único del acontecimiento Cristo y de este momento de gracia; ni la grandeza de la misión de María y José en el plan de Dios. Tampoco se puede afirmar que ante las urgencias de nuestro mundo, el mantener la integridad de la fe es algo irrelevante o una pérdida de tiempo. La oposición o separación entre fe y vida o entre la recta doctrina y el compromiso cristiano, es ajena a la tradición católica, que siempre ha enseñado que la fe íntegra nos indica el camino para la piedad sincera, de la que nacerá un amor auténtico hacia los más pobres.

Con mi bendición y afecto.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.