San José: modelo y protector

Mons. Celso Morga           Queridos fieles: Esta semana quiero hablaros de San José, un santo del que tenemos muy pocos datos en las Sagradas Escrituras, pero de una importancia capital en la historia de la Salvación junto a la Virgen María. A pesar de esa escasez de datos, de ellos extraemos muchas lecciones: su bondad para no delatar a María cuando la lógica humana indicaba que había sido engañado; su confianza en Dios una vez que se le revela que lo que sucede es obra suya; la firmeza para hacer posible el plan de Dios, que incluía pasar por la persecución de Herodes; su papel en la educación de Niño… Con María, José sirvió de modelo para el Niño Jesús, mientras crecía en sabiduría, edad y gracia (Lc 2,52).

Por todo ello San José es modelo y protector de la Iglesia. Él protegió a la familia de Nazaret, educó al Redentor y acompañó a la Virgen en ese proceso, vivió en intimidad con Jesús, lo llevó en sus brazos, participó en sus desvelos junto con María, tiene la dicha de haber sido esposo de la Virgen y padre del Redentor.

San José es modelo y protector de la Iglesia. Él protegió a la familia de Nazaret, educó al Redentor y acompañó a la Virgen en ese proceso, vivió en intimidad con Jesús, lo llevó en sus brazos, participó en sus desvelos junto con María, tiene la dicha de haber sido esposo de la Virgen y padre del Redentor.

La devoción a San José ha estado siempre presente en la Iglesia, en fieles, santos y pastores. De todos es conocida la devoción por San José de Santa Teresa de Jesús, que ayudó a extenderla por gran parte de la Iglesia.

gran parte de la Iglesia. San Juan Pablo II escribió la Exhortación Apostólica Redemptoris Custos, sobre la figura y la misión de San José en la vida de Cristo y de la Iglesia. Ya en la introducción afirma: “Desde los primeros siglos, los Padres de la Iglesia, inspirándose en el Evangelio, han subrayado que San José, al igual que cuidó amorosamente a María y se dedicó con gozoso empeño a la educación de Jesucristo, también custodia y protege su cuerpo místico, la Iglesia, de la que la Virgen Santa es figura y modelo”.

Conscientes de ese poder de intercesión, nuestros seminarios están puestos bajo su protección, de manera que el día de San José, es el día del Seminario, que este año celebramos con el lema “Cerca de Dios y de los hermanos”.

Si cada trocito de Iglesia debe ser querido por todos, nuestro seminario debe ser mimado porque, en buena medida, el futuro de nuestra Iglesia depende de él.

Esta semana he estado participando en la 109º Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, en la que, entre otras cosas, hemos reflexionado sobre la “Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis”. En el saludo que nos dirigía el Nuncio de Su Santidad en España, Monseñor Renzo Fratini, nos recordaba que “la Iglesia siempre necesita pastores con formación sólida y ardor apostólico. Dios ha querido necesitar hombres que vivan para Él y lo lleven a los demás, y ha puesto, en el centro de su Iglesia, su presencia eucarística. El asunto es vital para ella”.

El Seminario es una institución fundamental de cualquier diócesis. De él salen las personas que consagran su vida a hablarle a los hombres de Dios, proclamar su Palabra, a impartir los sacramentos.

En el Plan Pastoral que acabamos de implantar para los próximos cuatro años, ocupa un puesto vertebrador la promoción de las vocaciones sacerdotales. Esa tarea es misión de los sacerdotes que constituyen un referente para los jóvenes a la hora de hacer atractiva la vocación al sacerdocio. Pero la promoción de las vocaciones es responsabilidad del resto del Pueblo de Dios, ya se lo dije a los catequistas en el encuentro que teníamos el pasado día 4 en Los Santos de Maimona. ¿Qué decir del papel de la familia? Pido a los padres que formen adecuadamente en la fe a sus hijos y que, llegado el momento, si éstos les plantean el deseo de consagrar su vida al Señor, lejos de ser un freno, cuiden esa inquietud, la potencien. Sabed que un sacerdote es una bendición en la familia.

Por el Seminario debemos orar todos, ofrecer a Dios nuestros sacrificios.

+ Celso Morga

Arzobispo de Mérida-Badajoz

 

Mons. Celso Morga Iruzubieta
Acerca de Mons. Celso Morga Iruzubieta 89 Articles
Mons. Celso Morga Iruzubieta nació en Huércanos, La Rioja, el 28 de enero de 1948. Completó sus estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Logroño y fue ordenado sacerdote el 24 de junio de 1972. Posteriormente, cursó la licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad de Navarra, donde obtuvo el Doctorado en 1978.morga_iruzubieta_celso Más tarde desarrolló su labor pastoral en diversas parroquias de La Rioja y fue vicario judicial adjunto del Tribunal Diocesano entre 1974 y 1980. Ese año se trasladó a Córdoba (Argentina) para impartir la docencia de Derecho Canónico en el Seminario Archidiocesano. También ejerció de juez en el Tribunal Eclesiástico y de capellán de un colegio religioso. A su regreso a España en 1984, le nombraron párroco de San Miguel, en Logroño, y en 1987 fue llamado a Roma para trabajar en la Congregación para el Clero, el dicasterio vaticano que se ocupa de los asuntos que se refieren a la vida y ministerio de 400.000 sacerdotes católicos en todo el mundo. Allí ha trabajado de jefe de Sección y, desde noviembre de 2009, de subsecretario, cargo que ha ocupado hasta su nombramiento de secretario y Arzobispo titular de Alba Marítima, siendo ordenado obispo por el Papa Benedicto XVI en la Basílica de San Pedro el día 5 de febrero de 2011. Además de su responsabilidad en la Curia Romana, Mons. Celso Morga ha desarrollado una intensa labor pastoral en diversas parroquias de la capital italiana, entre ellas la parroquia de los Santos Protomártires Romanos. Es autor de algunos libros de teología espiritual y ha publicado varios trabajos sobre la vida y el ministerio de los sacerdotes, en L’Osservatore Romano y otras revistas. En la Conferencia Episcopal Española es miembro, desde noviembre de 2014, de la Comisión Episcopal del Clero.