Un Seminario abierto. Un Seminario vivo.“Cerca de Dios y de los hermanos”. Marzo 2017

Mons. Francisco Cerro           El Seminario es el corazón de la diócesis donde se forman pastores que quieren tener el corazón abierto. Abierto a los sentimientos del Buen Pastor y a las necesidades de nuestra gente, de nuestros pueblos, de nuestras parroquias, de los pobres, de todos.

Agradezco enormemente la formación que recibí en el Seminario. Comencé en nuestro querido Seminario de CoriaCáceres, donde estuve cuatro años, en el edificio donde ya están prácticamente terminadas las obras de remodelación. Terminé la Teología en Toledo, donde también aprendí las bases y fundamentos para vivir el ser sacerdote, como apasionado por Jesucristo, por la Iglesia y por los pobres. Cada vez soy más feliz dando el Amor de Jesús, que es lo que más necesita el corazón humano.

Son muchas veces las que me preguntan: ¿Cuál es el tipo de seminaristas que necesita hoy nuestra diócesis? Y una y otra vez me afirma la gente sencilla y buena de nuestra tierra: Queremos sacerdotes de verdad, coherentes, que se lo crean, que sean muy buenos, que nos comprendan, que sean hombres de Dios y, eso sí, que nos quieran mucho. ¿Se puede evangelizar lo que no se ama? Cerca de Dios y de los hombres.

Ahora que los seminaristas empezarán a vivir en el edificio donde los obispos últimos: Llopis Iborra, don Jesús Domínguez y don Ciriaco Benavente trabajaron por dotarlo de las necesidades que se requerían para formar sacerdotes pastores y maestros humildes y sencillos, tres son los pilares que veo muy claros:

  1. Seminaristas de una profunda vida orante. Probablemente sin oración no seremos capaces de hacer frente a las dificultades que nos esperan. El hábito de la oración diaria se adquiere en la vida del Seminario. Sin la centralidad de la Eucaristía, sin la primacía de la Palabra de Dios, escuchada y saboreada (Lectio divina), sin la Liturgia de las Horas, sin la adoración eucarística, sin una tendencia a la conversión que recurre confiadamente al sacramento de la reconciliación no iremos muy lejos, no. La gracia más grande de mi vida fue el encuentro con Jesús en la oración. Esta ha mantenido mi fuego. Y ahora, como obispo, descubro que quienes cimentan su vida en la unión con Dios atravesarán inviernos y cuajarán en sus corazones primaveras. Sin oración no podemos estar cerca ni de Dios ni de los hermanos.
  2. Seminaristas profundamente diocesanos. Que amen esta Iglesia aquí y ahora, sin nostalgias que nos hacen retirarnos a los cuarteles de invierno. Ni tampoco cruzados de brazos, pensando que no se puede hacer nada. Es preciso seminaristas muy bien formados. El gran esfuerzo que siempre ha hecho la diócesis por tener un buen profesorado es asegurar una buena cosecha. El XIV Sínodo Diocesano dibuja un perfil de un seminarista abierto y formado, orante y sencillo, dócil y valiente, cercano a todos, sin ideologías políticas partidistas, en la línea misionera de Juan Pablo II, de maestro de la fe de Benedicto XVI y con olor a ovejas del papa Francisco. Asistiendo a todo lo diocesano.
  3. Despojados y pobres. Ni queremos funcionarios ni acomodados, ni trepas ni que no sean capaces de ir allí donde les necesite la Iglesia, donde su obispo les envíe. La mayoría de nuestros seminaristas son de origen humilde, de familias con pocos recursos. Animo a seguir colaborando econó- micamente con el seminario con la colecta del seminario. Seguid colaborando con las becas que yo mismo fundé, con el nombre de “Becas Francisco Cerro” y que tienen como objetivo dotar de recursos las necesidades de los seminaristas. Bendigo de corazón a todos los que quieran ayudar a que el Seminario tenga todos los recursos para formar pastores según el Corazón de Cristo. Debe ser cuidado por la Diócesis como el propio corazón, que busca lanzar a los pastores al servicio de los más necesitados.

 

† Francisco Cerro Chaves,

Obispo de Coria-Cáceres

Mons. Francisco Cerro Chaves
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Nació el 18 de octubre de 1957 en Malpartida de Cáceres (Cáceres). Cursó los estudios de bachillerato y de filosofía en el Seminario de Cáceres, completándolos en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981 en Toledo, desempeñó diversos ministerios: Vicario Parroquial de "San Nicolás", Consiliario de Pastoral Juvenil, Colaborador de la Parroquia de "Santa Teresa" y Director de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma se licenció y doctoró en Teología Espiritual (1997), con la tesis: "La experiencia de Dios en el Beato Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938). Estudio teológico espiritual de su vida y escritos". Es doctorado en Teología de la Vida Consagrada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Autor de más de ochenta publicaciones, escritas con simplicidad y dirigidas, sobre todo, a la formación espiritual de los jóvenes. Miembro fundador de la "Fraternidad Sacerdotal del Corazón de Cristo". Desde 1989 trabajó pastoralmente en Valladolid. Allí fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y Director del Centro de Formación y Espiritualidad del "Sagrado Corazón de Jesús", Director diocesano del "Apostolado de la Oración", miembro del Consejo Presbiteral Diocesano; delegado Diocesano de Pastoral Juvenil y Profesor de Teología Espiritual del Estudio Teológico Agustiniano. El 2 de septiembre de 2007 fue ordenado Obispo de Coria-Cáceres en la ciudad de Coria. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, departamento de Pastoral de Juventud, y de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.