Carta a los Consagrados/as de la diócesis

Mons. Julián López         Hermanas y hermanos:

Os escribo en vísperas de la Jornada de la “Vida Consagrada” que tiene lugar en la fiesta de La Presentación del Señor. Deseo teneros muy presentes en dicho día lo mismo que a los diferentes Institutos a los que pertenecéis. Vaya, pues, por delante el testimonio de mi afecto y gratitud, en nombre de la Diócesis y en el mío como pastor diocesano, a cada consagrado/a por lo que es y por lo que representa y hace en León.

Pienso especialmente en nuestros Monasterios Contemplativos, recordando del mismo modo a los consagrados/as en Institutos seculares, Sociedades de Vida Apostólica y Asociaciones similares. Un ¡gracias! grande y cordial como expresión de reconocimiento de vuestra vocación y misión en la Iglesia, de estima ante vuestro testimonio de oración y de trabajo pastoral, educativo, humanitario, social y apostólico que beneficia a la comunidad diocesana y se vuelca, según la riqueza y diversidad de carismas y dedicaciones, en toda clase de personas y campos de actividad.

Expreso también mi agradecimiento al P. Alonso Gutiérrez OSA, Delegado diocesano para la Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica y a todas las personas que colaboran con él en este hermoso servicio eclesial, así como a la CONFER diocesana.

La Jornada de este año tiene como lema esta frase: “Testigos de la esperanza y la alegría”. Esperanza y alegría, dos actitudes que se nutren mutuamente y que difícilmente pueden existir separadas. La esperanza, cuando es fuerte, se traduce en gozo interior y en alegría que se manifiesta hacia fuera. La alegría se convierte en referencia de lo que se espera y contribuye a que se comparta la esperanza. Ambas virtudes son necesarias hoy más que en otras épocas porque el panorama del presente y sobre todo del futuro contrasta fuertemente con la realidad a la que estábamos acostumbrados. Me refiero no tanto al número de miembros de las comunidades, en descenso en muchos casos, y a la media de edad de quienes las integran, cada día más alta, como a la resignación y a cierta falsa conformidad que nos atrapa sin darnos cuenta, privándonos del entusiasmo y de otras actitudes estimulantes.

“Sé de quién me he fiado”, decía san Pablo (2 Tim 1,12). Y como él los consagrados/as y los que hemos secundado una vocación, sabemos muy bien en quién hemos puesto nuestra esperanza. Cuando consideramos esto y lo asumimos, somos capaces de superar cualquier dificultad o padecimiento que traiga consigo el estilo de vida, la vocación y la misión o trabajo pastoral que realizamos. Toda vocación tiene su fundamento y su fuerza en la fe y en el amor de Cristo con la ayuda del Espíritu Santo que habita en cada uno/a (cf. 1,13-14). No lo olvidéis. Gracias de nuevo y que el Señor os bendiga:

+Julián López,

Obispo de León

Mons. Julián López
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Mons. D. Julián López Martín nace en Toro (Zamora) el 21 de abril de l945. Estudió en el Seminario Diocesano de Zamora y en el P. Instituto de San Anselmo de Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología Litúrgica en 1975, como alumno del P. Colegio Español y del Centro Español de Estudios Eclesiásticos anexo a la Iglesia Nacional Española de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Zamora el 30 de junio de 1.968. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor de Villarín de Campos y cura ecónomo de Otero de Sariegos (1968-1970), coadjutor de la parroquia de Cristo Rey en Zamora (1973-1989) y, desde 1978, canónigo Prefecto de Sagrada Liturgia de la Catedral de Zamora y delegado diocesano de Pastoral Litúrgica, miembro del Consejo Presbiteral y del Colegio de Consultores desde 1984. Ha sido también consiliario diocesano del Movimiento Familiar Cristiano (1976-1986) y consiliario de la Zona Noroeste de este Movimiento (1980-1983). Profesor de Religión en el Instituto "Claudio Moyano" (1975-1976) y en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado en Zamora (1981-1983). Ha sido director del Centro Teológico Diocesano "San Ildefonso" y de la Cátedra "Juan Pablo II" (1984-1992); delegado diocesano para el IV Centenario de la Muerte de Santa Teresa de Jesús (1980-1982); Año de la Redención (1983-1984); Año Mariano Universal (1987-1988); V Centenario (1992) y Congreso Eucarístico de Sevilla (1993). Profesor de Liturgia y Sacramentos de la Universidad Pontificia de Salamanca (1975-1981 y 1988-1994), ha sido también Presidente de la Asociación Española de Profesores de Liturgia (1992-1995), habiendo impartido clases en las Facultades de Teología de Burgos (1977-1988) y de Barcelona (1984-1989). El 15 de julio de 1994 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo por el Papa Juan Pablo II, tomando posesión el 25 de agosto del mismo año. Cargo que desempeñó hasta su nombramiento como Obispo de León el día 19 de marzo de 2002, tomando posesión el 28 de abril. El 6 de julio de 2010 Benedicto XVI le nombró miembro de la congregación para el Culto Divino de la Santa Sede. En la CEE ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 1996 a 1999. De 1993 a 2002 formó parte de la Comisión de Liturgia y desde 2002 a 2011 fue Presidente de dicha Comisión. Desde 2011 es miembro de ella