Escuchemos a Dios en el grito de los pobres

Mons. Atilano Rodríguez             Los cristianos somos llamados por el Señor para vivir con Él y para anunciar la Buena Nueva de su salvación hasta los últimos rincones de la tierra. Pero, esta misión que Jesús nos confía a todos en virtud del sacramento del bautismo, no se mide ni se evalúa por lo que nosotros hacemos, aunque esto sea muy bueno e importante, sino por la obediencia amorosa a la voluntad del Padre.

La misión del cristiano no consiste en la realización de sus propias obras y proyectos, aunque estos sean magníficos, sino en permitir a Dios realizar su obra en nosotros y en el mundo. Para ello, es imprescindible que nos pongamos ante Él, que escuchemos su voz y que ofrezcamos nuestro “sí” convencido y consciente a su querer, asumiendo en cada instante de la vida nuestra pobreza, nuestros cansancios y contradicciones.Los problemas sociales, la disminución del número de creyentes, las dificultades para la evangelización y la indiferencia ante los problemas de los necesitados pueden centrar demasiado nuestros pensamientos y nuestras conversaciones en estos momentos. En algunos casos, estas situaciones incluso pueden causarnos agobio y angustia. Como consecuencia de ello, todos corremos el riesgo de quedarnos ensimismados y excesivamente centrados en nuestros criterios y proyectos de futuro, olvidando que Dios actúa en la historia y en el corazón de cada persona por medio de la acción constante del Espíritu Santo para ayudarnos a vivir con fe el presente y para impulsarnos a afrontar el futuro con esperanza. Cuando olvidamos a Dios, la vida personal, las relaciones con los demás y la misma evangelización se ven únicamente desde los propios criterios personales, que siempre son subjetivos y relativos.

Para mantener viva la fe y la esperanza en medio de las dificultades y para seguir anunciando con convicción la alegría del Evangelio en esta realidad cambiante y desconcertante, los cristianos hemos de vivir con la certeza de que sólo Dios sabe y conoce verdaderamente lo que nuestro mundo necesita. Por lo tanto, si estamos dispuestos a acoger sus enseñanzas y a descubrir su voluntad, El llevará su obra a la plena realización contando siempre con nuestra colaboración.

Quien escucha la Palabra de Dios y la guarda en su corazón sabe que ésta tiene el poder de transformarle interiormente y de orientar su camino hacia Dios y al encuentro con los hermanos. Por el contrario, quien cierra el corazón a Dios y deja de escuchar su llamada, con el paso del tiempo queda incapacitado para amar y para anunciar el amor misericordioso de Dios a sus semejantes.

Es más, quien se empeña en vivir sin escuchar a Dios y sin descubrir su voz en el lamento de aquellos hermanos que pasan necesidad y frío a la puerta de su casa, en la vida eterna no podrá experimentar la comunión con Dios y la convivencia con los hermanos que ha despreciado y olvidado durante el paso por este mundo. Al final de la vida, no seremos examinados de nuestras riquezas ni de nuestras realizaciones, sino del amor a Dios y a nuestros semejantes.

Durante el tiempo cuaresmal, dejemos que el Espíritu nos conduzca al desierto para que, escuchando la Palabra de Dios y contemplando el rostro sufriente de tantos hermanos, no tengamos miedo a salir de nosotros mismos para ser auténticos misioneros buscando el bien de los demás y deseando la felicidad de los otros. “Uno no vive mejor si escapa de los demás, si se niega a compartir, si se resiste a dar, si se encierra en la comodidad. Eso no es más que un lento suicidio” (EG 272).

Con mi bendición, un cordial saludo

 

+ Atilano Rodríguez,

Obispo de Sigüenza-Guadalajara

Mons. Atilano Rodríguez
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Mons. D. Atilano Rodríguez nació en Trascastro (Asturias) el 25 de octubre de 1946. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Oviedo y cursó la licenciatura en Teología dogmática en la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1970. El 26 de febrero de 2003 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo, sede de la que tomó posesión el 6 de abril de este mismo año. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostado Seglar y Consiliario Nacional de Acción Católica desde el año 2002. Nombrado obispo de Sigüenza-Guadalajara el día 2 de febrero de 2011, toma posesión de su nueva diócesis el día 2 de abril en la Catedral de Sigüenza.