El Pan de la Palabra. Domingo II de Cuaresma

Mons. José María Yanguas            Continuamos nuestro camino cuaresmal. El domingo pasado el Espíritu nos impulsaba a ir hasta el desierto, lugar al que empujó a Jesús para ser puesto a prueba en su condición de Hijo de Dios. Allí Jesús nos enseña a ser también a nosotros hijos e hijas de Dios por un camino que rehúye la gloria, el poder, el poseer… Como dice Enzo Bianchi, Jesús se sintió probado en las tres libidos fundamentales que habitan al ser humano desde siempre (cf. Gn 3: el deseo de ser como Dios que incitó a Eva y a Adán): libido de amar, libido de dominar, libido de poseer. “Son las tentaciones a las que está sujeta la humanidad entera”. Jesús nos ha enseñado a vencerlas con su voluntad y la ayuda inestimable de la Palabra de Dios. De este modo las lecturas del domingo pasado nos invitaban a entrar en este tiempo de gracia, tiempo de salvación que es la Cuaresma, decididos a luchar, a fortalecer nuestra voluntad frente a estas tres libidos-tentaciones que nos habitan y a escuchar con más asiduidad la Palabra de Dios para vencer de este modo la tentación radical de ser hijos de Dios por caminos que no son los propios de Dios.

nbsp;Hoy Jesús nos toma junto a sus discípulos más cercanos, Pedro, Santiago y Juan, y nos sube a lo alto de un monte para que precisamente estemos más cerca de Dios. La montaña es el lugar de la revelación de Dios: el monte Moria, el monte Sinaí, el monte Horeb, el monte Tabor… son lugares en los que en la Biblia el creyente ha hecho experiencia de Dios. Hoy nos toca a nosotros, junto a Jesús, camino de Jerusalén donde se vislumbra la sombra de la cruz y de la muerte, subimos a una montaña alta. El camino de la vida como hijos de Dios está llenos lleno de tentaciones, en él la lucha por la vida es una constante para el que quiere llegar hasta la plenitud que es Dios. Estos aspectos de la vida no son fáciles de comprender. No es fácil fiarse de Dios en esas circunstancias. Hoy la liturgia, en el camino cuaresmal que nos anima a buscar la verdad de Dios y de nosotros mismos en un ambiente de austeridad y oración, nos presenta a Abrahán, a Jesús y a Pablo para animarnos en esta lucha que hemos iniciado:     + Con Abrahán estamos llamados a fiarnos de Dios, a confiar en esa Palabra que hemos visto en el primer domingo que ha ayudado a Jesús a vencer la tentación de ser Hijo de Dios apostando por el poder, por la fama, por el tener… Abrahán creyó en lo que Dios le prometía a una edad muy avanzada (75 años) y en unas circunstancias muy difíciles. Y se puso en camino, salió de su casa, dejó sus seguridades y se puso en camino. Este tiempo de Cuaresma quizás sea una buena oportunidad para ponernos en camino, dejar a un lado tantas seguridades falsas… Lo que Dios nos promete como plenitud está siempre delante de nosotros y no se alcanza si no es caminando, saliendo de nuestras “casas” (símbolo de comodidad y seguridad). Abrahán recibirá al final de su vida y en lo alto del monte Moria la revelación máxima de Dios (cf. Gn 22).

El salmo responsorial nos invita, ciertamente, a confiar en la palabra del Señor porque es sincera, a esperar en su misericordia, una misericordia que llena la tierra entera, un Dios que nos quiere librar nuestras vidas de todo aquello que las mata, que les quita vida, que las hace menos vida.

Con Jesús, que camina hacia Jerusalén donde va a culminar la entrega total de su vida, subimos a una montaña alta. Allí estamos invitados a contemplar a Jesús entre Moisés y Elías, es decir, a la luz de toda la historia de salvación de Dios con el hombre y, especialmente con Israel. La Torá de Moisés y los Profetas simbolizados por Elías, el esperado antes de la venida del Mesías, nos permiten comprender, como sucedió con aquellos primeros cristianos, el sentido, el alcance y la profundidad de la muerte en cruz de Jesús.

Toda la vida de Jesús, especialmente su entrega en la cruz, solo se puede comprender a la luz de la historia de amor entre Dios e Israel transmitida en las Escrituras (Moisés y Elías). Jesús en el camino que lo conduce hasta Jerusalén, hasta otro monte, el Gólgota, va a revelarse verdaderamente como el Hijo de Dios. No es el Hijo que ha anunciado el reino de Dios su Padre con el uso del poder, del tener, de la fama, sino que va a ser el Hijo que obediente a la voluntad de su Padre va a vivir el Amor hasta las últimas consecuencias, sin contradecirlo en ningún momento.

 Dios nos invita a escuchar a este Jesús que en el camino de la cruz nos proponer una vía alternativa a la que tantas veces nos ofrece Satanás, el príncipe de este mundo: la humildad, el desprendimiento y la entrega de todo, incluso la propia vida, el servicio como modo de ejercer el poder más auténtico… Escuchar significa fiarnos de sus palabras, como Abrahán se fio de las de Dios, y ponernos en camino pisando sobre las mismas huellas que Jesús dejó en su camino hacia Jerusalén. Allí, sin luz, sin gloria, con el rostro sangrante y desencajado, sin palabras, nos mostrará en lo alto del Monte Gólgota el verdadero rostro de Dios: un Dios que se pone en el lugar de las víctimas y guarda silencio para manifestarnos y ofrecernos una salvación inaudita e insospechada.

Y con Pablo hoy nos sentimos unos Timoteos más llamados a esforzarnos en el duro trabajo de anunciar esta Buena Noticia de Jesús: vale la pena seguir a Jesús hasta el Gólgota, escuchar con atención todas sus palabras, acogerlas y guardarlas en nuestro corazón, porque en él Dios nos ha manifestado su gloria, su salvación, su gracia… Con su muerte en cruz ha destruido la muerte, y ha sacado a la luz, ha puesto de manifiesto, que el único camino que conduce a la vida verdadera, la inmortal, la que no destruye la muerte, es el que él recorrió y nos dejó como ejemplo.

Que la celebración de la Eucaristía de cada domingo, pero especialmente la de este domingo, sea para nosotros una verdadera experiencia de transfiguración. Que escuchemos cada domingo a Moisés, a Elías y a Jesús que nos ofrecen su palabra de luz y de vida en las lecturas y así podamos seguir avanzando por el camino de esta cuaresma y el de nuestras vidas con la confianza puesta en un Dios que nos da salvación precisamente donde otros siembran muerte, es decir, siempre.

 ¡¡¡Feliz domingo en familia!!!

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).