¡La Transfiguración de Jesús y nosotros! La experiencia de Jesús, la de los discípulos de aquel momento y la nuestra, discípulos de hoy

Mons. Francesc Pardo i Artigas La experiencia llamada “de la transfiguración” se sitúa en un momento crítico. Jesús acaba de anunciar a los discípulos que sufrirá mucho, que será rechazado por las gentes religiosas de su pueblo, que morirá. Les ha enseñado el camino de la cruz.

Después, y en compañía de sus más íntimos apóstoles, los que también estarán presentes en la agonía de Getsemaní, sube a la montaña y se produce la transfiguración. Por unos momentos aparece con toda claridad y luminosidad la total verdad sobre Jesús. Transfiguración es descubrir la presencia divina, su gloria, en aquel hombre normal que se encamina al sufrimiento.

La transfiguración anticipa la gloria de la Pascua en el inicio del camino hacia la cruz. Por unos momentos se anticipa a los discípulos la posibilidad de saber quién es Jesús y hacia donde se encamina su vida.

Pedro —es natural— quiere hacer eternos esos momentos, pero aún no es tiempo. Será necesario continuar su encuentro con Jesús de forma humana. Será necesario vivir su cruz, y escucharlo, siguiendo la indicación de la voz del Padre.

Nosotros también seguimos a Jesús, hemos de escucharle, pero al mismo tiempo necesitamos vivir y descubrir la alegría y vida de la Pascua en medio del oscuro y duro camino de la vida. Necesitamos momentos de transfiguración.

Ahora vivimos momentos de gozo, pero también de dolor, de miedos. Llevamos a cuestas los problemas, y el camino cristiano se nos hace difícil.

También tenemos a Jesús que se nos presenta por medio de signos humanos, la Iglesia —la parroquia—, los sacramentos, la plegaria, las personas…

Si escuchamos a Jesús y confiamos en Él también podemos vivir su presencia salvadora, que humaniza, da fuerza, perdón y paz a nuestra condición humana tan frágil y en la condición de nuestra Iglesia.

Por todo ello precisamos de momentos de transfiguración ¿Cuáles pueden ser estos momentos?

– La plegaria personal y la comunitaria. Aparentemente no hacemos gran cosa, leer el evangelio, un salmo, permanecemos en silencio, encomendamos a Dios nuestras preocupaciones e inquietudes. Y es entonces cuando una palabra puede resonar intensamente en nuestro interior, haciéndonos mejores, animándonos, dándonos fuerza. Es el paso o la presencia de Dios que transfigura nuestra vida.

– También, y especialmente, la Eucaristía. Puede que participemos en ella pensando en los temas que nos preocupan, en situaciones de alegría o dolorosas… y experimentamos que también nosotros somos renovados y fortalecidos para afrontar lo que pueda suceder.

– Una conversación a fondo con alguien que nos escucha y nos ayuda a ver las cosas con claridad.

– Aproximándonos a los demás, acompañando, sirviendo y dando soporte en situaciones dolorosas.

– En reuniones de formación, en las que puede que participemos con pocas ganas de hacerlo, pero donde podemos descubrir el sentido de la fe, la importancia de nuestra condición de cristianos.

– Contemplación de la naturaleza desde el silencio que nos permite sentir la presencia de Dios, como “una brisa suave”.

Pero no es momento de plantar tiendas y de gozar del todo de la Vida. Todavía nos queda hacer camino “con Jesús a solas”.

Es por eso que la voz del Padre nos indica cómo podemos vivir ya la gloria de la salvación pese a la dureza del camino, escuchando a Jesús, y haciéndole caso: “Éste es mi hijo, escuchadle”.

Y nosotros, ¿a quién escuchamos?

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 412 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.