Los derechos humanos

Mons. Jaume Pujol Eleanor Roosevelt fue la presidenta de la comisión de las Naciones Unidas que redactó en 1948 la Declaración Universal de Derechos Humanos. Por entonces era la viuda del presidente Franklin D. Roosevelt, y había sido nombrada por Harry Truman delegada de Estados Unidos en la ONU.

Cuando presentó la famosa Declaración, el 10 de diciembre de aquel año, lo hizo con estas palabras: «Nos encontramos hoy en el umbral de un gran acontecimiento tanto en la vida de las Naciones Unidas como en la vida de la humanidad. Esta declaración bien puede convertirse en la Carta Magna internacional para todos los hombres en todo lugar.» La Iglesia vio en este texto una extraordinaria ocasión que se ofrecía en nuestro tiempo para el reconocimiento de la dignidad humana, y celebró su adopción por muchos países. Juan Pablo II llegó a definirlo como «una piedra miliar en el camino del progreso moral de la humanidad». La doctrina social de la Iglesia considera el valor inefable de cada vida humana, cualquiera que sea su raza, condición física, situación social y su creencia espiritual o aunque no tenga ninguna. Desde 1948 han pasado casi setenta años y sigue siendo enorme la diferencia de trato entre unas personas y otras, o entre las naciones. Los derechos humanos continúan siendo negados, al menos en la práctica, en numerosas sociedades que quizá los reconocen de forma teórica, lo que hace necesario recordar cuáles son estos derechos que incumben a todos. El compendio de la Doctrina Social recoge a este efecto una lista que, partiendo del magisterio de los papas Juan XXIII y Pablo VI, resumió así Juan Pablo II en la encíclica Centesimus annus: «El derecho a la vida, del que forma parte integrante el derecho del hijo a crecer bajo el corazón de la madre después de haberse concebido; el derecho a vivir en una familia unida y en un clima moral favorable; el derecho a madurar la propia inteligencia y la propia libertad […]; el derecho a participar en el trabajo para valorar los bienes de la tierra y recabar del mismo el sustento propio y de los seres queridos; el derecho a fundar libremente una familia […]; el derecho a la libertad religiosa, entendida como derecho a vivir en la verdad de la propia fe.» Los cristianos, ciudadanos del mundo, hemos de luchar por el respeto de estos derechos no solo cuando nos afectan a nosotros sino a cualquier persona. Es un deber de humanidad y solidaridad en el que hemos de ser ejemplares.

† Jaume Pujol Balcells Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.