«Consejos para el itinerario cuaresmal»

Mons. Juan José Omella Hace unos días encontré unos consejos que pueden servirnos muy bien para vivir una fecunda y santa Cuaresma. Os los transcribo tal cual los leí. Os invito y me invito a mí mismo a vivirlos con generosidad.

1.Retirarnos a una iglesia para saborear el silencio y la presencia de Dios. En un mundo que nos roba la serenidad, son necesarios espacios de tranquilidad y oasis de paz para valorar, reflexionar y hacer una autocrítica sobre la vida que llevamos. 2. Escuchar la Palabra del Señor. Estamos totalmente asediados y asaeteados por multitud de cuñas publicitarias y verdades a medias que son grandes mentiras. El Señor, con su Palabra, nos orienta para tomar la dirección adecuada sin alejarnos de Él. Que nadie diga: «¿Para qué voy a ir a la iglesia? Mira, los que van todos los días no practican lo que oyen.» Sin embargo, hacen algo: oír. Así algún día podrán hacer las dos cosas: oír y practicar. 3. Salir al encuentro de los demás. La Cuaresma nos invita a abrir los ojos, el corazón (y los bolsillos si hace falta) para que no olvidemos que la Fe exige compromiso. La caridad es una letra de cambio a largo plazo a favor del que la practica, aceptada por una firma de crédito ilimitado: Dios. 4. Amar y trabajar por la Iglesia. Hoy, tal vez, no está de moda el decir «yo soy Iglesia y la quiero». Lo cierto es que en los períodos de dificultades es cuando de verdad salen a relucir y se manifiestan los valientes y grandes en la Fe. ¡La Iglesia de hoy no necesita cristianos a tiempo parcial, sino cristianos de una pieza!, decía san Juan Pablo II. 5. Retomar, o incluso iniciar, el gusto por la oración. El silencio, entre otras cosas, es el ruido que Dios hace cuando pasa cerca de nosotros. Ora cuando te sientas solo, la oración te traerá la compañía de Dios. 6. Guardar la vigilia y el ayuno. Cada viernes de Cuaresma, siendo sobrios y distintos en nuestra alimentación, recordamos que Jesús sigue siendo importante en nuestras casas y por ello mismo realizamos este gesto de respetar la vigilia y el ayuno. El ayuno y la abstinencia liberan al cuerpo de las toxinas y ayudan al espíritu en el combate contra el pecado. 7. Eucaristía diaria. Zarandeados por una constante y pertinaz secularización, los cristianos necesitamos tomar fuerza y vitalidad de esa gran fuente de energía que emerge en el altar. ¿Por qué no hacer extraordinario cada atardecer o cada amanecer con nuestra participación en la Eucaristía? 8. Promover dentro de nuestras familias el apetito por Dios. No hace falta ir lejos, ni mucho menos a otros continentes, para dar razón de nuestra fe. ¿Cuánto hace que no hemos recordado a nuestros familiares más directos su pertenencia a una Iglesia que les dio a Jesús y que, como madre, les necesita? La familia es el seno espiritual donde se fomentan las creencias y las costumbres. 9. Dar gracias a Dios por los valores que el Evangelio nos propone. En medio del relativismo moral que nos sacude, lejos de desertar, hemos de ser agradecidos para con Dios porque nos hace diferentes a muchas personas que creen que en el todo vale reside la felicidad. Leer y hacer lo que dice el Evangelio ayuda a aspirar a una libertad más grande. 10. Hablar bien y con delicadeza. No podemos olvidar que se consigue más “con miel que con hiel”. La Cuaresma es un buen momento para corregir las blasfemias en nuestro lenguaje y las ofensas o el juicio duro hacia los que nos rodean. Suprimid a Dios o gritad contra Él y se habrá hecho la noche en el alma humana, decía Alphonse de Lamartine. Queridos hermanos, feliz Cuaresma a todos. + Juan José Omella Omella Arzobispo de Barcelona

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.