La tentación

Mons. Francesc Pardo i Artigas “…. No nos dejes caer en la tentación”. Esta es una de las peticiones del Padrenuestro, la plegaria de Jesús y también la nuestra. ¿Por qué? Pues porque el propio Jesús fue tentado durante su vida pública, y nosotros también lo somos.

En este primer domingo de cuaresma, el Evangelio que proclamamos nos narra la tentación o tentaciones de Jesús en los días que pasó en el desierto, pero si recordamos las exigencias e insultos de quienes contemplaban su crucifixión nos damos cuenta que vivió siendo tentado hasta el final.

De hecho, las tentaciones que recoge el evangelista pueden sintetizarse en una: “Abandonar la misión que Dios te confía y seguir otras opciones que te proporcionaran bienes materiales, popularidad y poder”.

Recordemos les tentaciones recogidas por el evangelista Mateo.

Las tres tentaciones de Jesús son las más frecuentes y destructoras entre los hombres. El gran novelista ruso, Dostoyevsky, decía que ninguna sabiduría terrenal puede pensar nada semejante en fuerza, profundidad y atracción como las tres tentaciones de Cristo y de los cristianos.

– La tentación del materialismo: “Si eres Hijo de Dios… que estas piedras se conviertan en panes, en bienes materiales”.

Lo más importante son los intereses materiales, el dinero, los bienes, y si Dios nos sirve para obtenerlos, muy bien; en caso contrario, se abandona.

Es la tentación de adorar, de valorar por encima de todo los bienes materiales. La superación de la tentación: para vivir hay que estar atento a la escucha de Dios,

– La tentación del triunfo personal, del éxito, utilizando a Dios en nuestro propio beneficio: “Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos”. Es la idolatría del espectáculo, del triunfo personal. Lo más importante es ser millonario, artista, deportista, político mediático, ser famoso y aparecer en la televisión”.

Alerta con la versión cristiana de esta tentación: si hubiese milagros espectaculares… la gente creería. Esperar el triunfo como consecuencia del amor que Dios nos tiene es manipular a Dios.

La superación de la tentación: tener fe en Dios no es un medio para conseguir el éxito personal. Él nos ofrece su amor y su misericordia –la salvación- en todas las situaciones, pero no que la vida sea un mero triunfo mundano.

– La tentación del poder: “Le mostró los reinos del mundo y su gloria y le dijo: Todo esto te daré, si te postras y me adoras”. Si adoras el mal –el maligno y el diablo- tendrás todo el poder del mundo. La tentación es sustituir a Dios por el mal que te proporciona poder y riqueza. Si quieres tener poder –poder absoluto- basta pactar con el maligno y con el mal. La historia humana nos ofrece con frecuencia hechos que lo corroboran.

El contrapunto: solo podemos adorar a Dios. Y así serviremos, amaremos…

Las tentaciones se pueden resumir diciendo que se trata de prescindir de Dios o de quererlo utilizar a favor de nuestros propios intereses materiales y de triunfo.

Jesús supera y vence la tentación.

Las tentaciones de Jesús son las de todo cristiano. Cristo, tentado, pero fiel a Dios.

Puede que nosotros hayamos caído en la tentación o estemos en peligro de ser arrastrados por ella, pero la cuaresma es el tiempo que se nos ofrece para asemejarnos a Cristo.

Por ello, esta semana, reflexionamos sobre cuáles son las tentaciones que nos alejan de Dios, que nos alejan del Evangelio, y pedimos que “no nos dejes caer en la tentación”.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.