Daños colaterales

Mons. Àngel Saiz Meneses La semana pasada dedicábamos nuestra carta dominical al sociólogo Zygmunt Bauman, fallecido recientemente, y a su teoría de la modernidad líquida, por la que es muy conocido.

Hoy me referiré al análisis que realiza del crecimiento de las desigualdades en nuestro tiempo. Un libro suyo muy interesante es Daños colaterales. Desigualdades sociales en la era global. Se trata de una compilación de pequeños ensayos en la que examina los males de la desigualdad social a partir del concepto de “daño colateral”, una expresión que proviene del argot militar, normalmente para referirse a las consecuencias accidentales de las intervenciones militares y a los efectos no intencionales ni planeados de una acción armada. Bauman traslada el concepto de “daño colateral” a las víctimas de una sociedad cada vez más globalizada. El grueso de esas víctimas colaterales está compuesto por los pobres. Incluso los desastres naturales afectan mucho más a los más pobres que a los que no lo son. Un huracán o un terremoto no son clasistas ni selectivos en sí mismos y pueden golpear igualmente a ricos y pobres; sin embargo, creo que no hay dificultad para reconocer que las catástrofes naturales no afectan igual a unos y otros, dependiendo en buena medida de los recursos de que se disponga para afrontarlas. Según Bauman, las bajas y daños colaterales afectan básicamente a los miembros de una clase que se ha dado en llamar marginal, una parte de la población situada en el extremo inferior de la distribución social de la riqueza. Es una de las consecuencias de la globalización en forma de crecimiento de las desigualdades y formación de una clase social caracterizada por la precariedad. Bauman alerta del peligro que significa pensar en términos de daños “colaterales” sin que se produzcan mayores problemas de conciencia. Eso desemboca en una actitud por la que se acaba asumiendo tácitamente la desigualdad de derechos y oportunidades que hay en nuestra sociedad y se llega a pensar que esos daños no son lo suficientemente relevantes como para que las administraciones dediquen mayores recursos a su prevención. Llega a la conclusión de que en la fase de globalización desenfrenada a la que hemos llegado, los factores esenciales de solidaridad humana requieren un marco institucional nuevo. Un marco de creación de opinión y de voluntades que va más allá de las fronteras de los países concretos, por lo que habría que llegar a instituciones universales. Habría que llegar a un “planeta social”, basado en organizaciones y asociaciones no gubernamentales que actúen a escala universal. Nuestro autor no propone soluciones concretas para salir de esta encrucijada. Ahora bien, sus aportaciones nos ayudan a la reflexión, para que no acabemos atrapados por la desesperanza. El mensaje principal es alertar de que los pobres cada vez están más privados de oportunidades y derechos y se van convirtiendo en las víctimas de los daños colaterales de la política y la economía en una sociedad globalizada en que las distancias entre ricos y pobres, en lugar de estrecharse, se van ensanchando. El hecho de que el sufrimiento humano creciente se considere como simple colateralidad, sumado a la desigualdad social también en crecimiento, componen una mezcla explosiva, que seguramente se convertirá en el principal problema del siglo XXI. Un problema que hoy por hoy no concita la suficiente atención de nuestros políticos y gobernantes. Estamos a tiempo, no miremos hacia otro lado. + Josep Àngel Saiz Meneses Obispo de Terrassa

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.