Cuaresma: tiempo para volver a Dios de corazón

Mons. Carlos Osoro La misión evangelizadora nos pide a todos los discípulos de Cristo que asumamos el desafío de volver a Dios de todo corazón, es decir, la conversión. Una conversión personal y pastoral que no podremos tener sin la amistad sincera, abierta y permanente con Jesucristo.

Una amistad que Él nos ofrece siempre, que es incondicional; pero nos deja la libertad para aceptarla o no. ¿Por qué no describimos con sinceridad nuestra vida? ¿Cómo es cuando la vivimos desde nosotros mismos y cuando la ponemos viviendo en amistad con el Señor? «¿Por qué no hacemos la prueba? En este tiempo de Cuaresma, la Iglesia nos ofrece una oportunidad única para dejar la mediocridad y crecer en amistad con Cristo. ¿Estás dispuesto? Te ofrezco la Palabra de Dios: escucha al Señor. A tu vida vienen muchas palabras y las has escuchado. Unas te han interesado y otras no. Hoy te invito a que escuches a Dios, pues Él quiere decirte algo y que llegue a lo más profundo de tu corazón».

Mi deseo para quienes leáis y meditéis estas palabras mías es que, en esta Cuaresma del año 2017, os deis cuenta de una necesidad que el Papa Francisco subraya en la exhortación apostólica Evangelii gaudium: «vivir en la alegría del Evangelio». Requiere de nosotros la conversión sincera de nuestra vida, pasar del pecado a la gracia, de nuestros proyectos al proyecto que Dios tiene para los hombres… que nos convirtamos para «llevar a todos los hombres la alegría del Evangelio». Y que, como Iglesia que somos del Señor, demos respuesta a los nuevos desafíos que tiene el ser humano en todas las latitudes de la tierra. No sabe quién es, se siente perdido y la Iglesia, en nombre del Señor, sale a su encuentro. No lo hace con recetas ni con imposiciones, sino con la ternura de un Dios que quiere que el hombre descubra su imagen y viva según ella, ofreciéndole el rostro de Jesucristo con la novedad que da la alegría del Evangelio. Novedad «en su ardor, en sus métodos y en su expresión», como dijo san Juan Pablo II en un viaje a Centroamérica.

¿De qué conversión nos habla hoy el Papa Francisco? De la que vivió la samaritana, de la que cambió la vida de Zaqueo. Se trata de asumir una opción cristiana con toda radicalidad y entusiasmo, con ardor, sin complejos de ningún tipo, con el impulso que nace de un corazón convertido en el que la Palabra de Dios siempre es un don y el hermano con el que me encuentro en el camino, otro, sea quien sea. Lo nuevo es haber encontrado a Jesucristo. También hay que darse cuenta de que, el gran método para ayudar a los demás a que se encuentren con Jesucristo y lo conozcan, somos nosotros mismos, siendo testigos valientes y audaces, coherentes y significativos en nuestros modos de vivir y de comprometernos. De tal modo que descubramos que cada uno de nosotros se ha de convertir en método para que, quien se encuentre a mi lado, se encuentre con Cristo y así le llevemos la alegría del Evangelio. Y también tenemos que emplear la nueva expresión, que no es buscar privilegios o utilizar coacciones para dar a conocer al Señor, sino tener un lenguaje significativo y entendido por quien vive entre nosotros. Es una novedad que habla de obras, de acciones concretas que llegan al corazón del hombre sin pronunciar palabra. Contagiemos pasión por nuestro hermano, por el que nos encontremos en el camino. El más pobre que encontremos. Démosle plenitud y alegría y nuestro compromiso siempre.

Os propongo tres tareas que, a mi modo de ver, son esenciales para volver a Dios de corazón:

1. Vive una experiencia de Iglesia radical: cuando digo experiencia de Iglesia, te hablo de la comunidad cristiana. Acércate a una comunidad concreta, conócela, quiérela. La conversión la tenemos que realizar en un marco eclesiológico profundamente vivido y querido. Viene bien hacer algunas consideraciones sobre este marco en el cual debemos realizar la conversión: a) Hay que vivir una experiencia eclesial en la que la consideración de la Iglesia como misterio de comunión es esencial. No basta la consideración jurídica, política, cultural o educativa. En la Iglesia contemplamos la comunicación de Dios Padre por medio de su Hijo Jesucristo y el poder vivificador del Espíritu Santo, en orden a la salvación del mundo, el perdón de los pecados, la renovación del corazón del hombre por la fe, la esperanza y el amor cristianos. La Iglesia es una comunidad de fe, esperanza y amor. b) Tiene que ser una experiencia eclesial en la que la unidad de la verdad de la fe y el amor se proclaman. No se puede poseer la verdad cristiana más que abriendo el corazón, la mente y la vida entera al Señor y a todos los hombres que son rostros concretos de Cristo. La verdad se realiza en el amor, que se hace concreto en obras.

2. Asume el compromiso de vivir ese triple diálogo del que nos habla el Concilio Vaticano II: la renovación propiciada por el Concilio capacita mejor a la Iglesia para poder responder a la situación nueva de la historia en que nos encontramos. ¿Qué sería, sin la posibilidad que nos dio el Concilio, de la toma de conciencia de la Iglesia sobre sí misma y sobre su misión en este mundo concreto? Tengo la seguridad, de que la Iglesia experimenta más y mayor profundidad de audacia evangelizadora en la medida en que acoge con obediencia fiel y dinamismo creativo todas las orientaciones del Concilio Vaticano II. Recuerdo aquí lo que Juan XXIII escribió en la constitución Humanae salutis: «Lo que se pide hoy a la Iglesia es que infunda en las venas de la humanidad actual la fuerza perenne, vital y divina del Evangelio». El Concilio hizo un triple diálogo: de la Iglesia con sus fieles; de la Iglesia con los hermanos no unidos visiblemente, y de la Iglesia con el mundo contemporáneo. ¿Estamos dispuestos a realizar ese triple diálogo? Cada uno lo tiene que hacer según sus posibilidades, pero todos tenemos la obligación ineludible de realizarlo.

3. Vive trabajando en áreas concretas en la Iglesia particular en la que estás: lleva la Buena Nueva a todos los ambientes, transfórmalos desde dentro con la fuerza del Evangelio: criterios de juicio, valores determinantes, puntos de interés, pensamiento, fuentes inspiradoras y modelos de vida de la humanidad, que están en contraste con la Palabra de Dios. Proclama que Jesucristo ofrece la salvación a todos los hombres como don de gracia y de la misericordia de Dios. Concreta ese trabajo trabajando según tú puedas… En el mundo de la infancia, haciendo todo lo posible para que llegue a los niños el mensaje del Evangelio, que puedan crecer en todas las dimensiones de la vida desde él. En el mundo de los jóvenes, a quienes tenemos que entregar la liberación que produce el Evangelio, que no puede reducirse a la simple y estrecha dimensión económica, política, social o cultural, sino que debe abarcar al hombre entero, en todas sus dimensiones, incluida su apertura al Absoluto, que es Dios. En el mundo de la familia; hemos de ayudar a las familias cristianas a que vivan que son una comunidad de vida y amor que custodia, revela y comunica el amor de Dios.

Con gran afecto, os bendice,

+Carlos Card. Osoro Sierra,
Arzobispo de Madrid

Card. Carlos Osoro
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Carlos Osoro Sierra fue nombrado arzobispo de Madrid por el Papa Francisco el 28 de agosto de 2014, y tomó posesión el 25 de octubre de ese año. Desde junio de 2016 es ordinario para los fieles católicos orientales residentes en España. El 19 de noviembre de 2016 fue creado cardenal por el Papa Francisco. El prelado nació en Castañeda (Cantabria) el 16 de mayo de 1945. Cursó los estudios de magisterio, pedagogía y matemáticas, y ejerció la docencia hasta su ingreso en el seminario para vocaciones tardías Colegio Mayor El Salvador de Salamanca, en cuya Universidad Pontificia se licenció en Teología y en Filosofía. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1973 en Santander, diócesis en la que desarrolló su ministerio sacerdotal. Durante los dos primeros años de sacerdocio trabajó en la pastoral parroquial y la docencia. En 1975 fue nombrado secretario general de Pastoral, delegado de Apostolado Seglar, delegado episcopal de Seminarios y Pastoral Vocacional y vicario general de Pastoral. Un año más tarde, en 1976, se unificaron la Vicaría General de Pastoral y la Administrativo-jurídica y fue nombrado vicario general, cargo en el que permaneció hasta 1993, cuando fue nombrado canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santander, y un año más tarde, presidente. Además, en 1977 fue nombrado rector del seminario de Monte Corbán (Santander), y ejerció esta misión hasta que fue nombrado obispo. Durante su último año en la diócesis, en 1996, fue también director del centro asociado del Instituto Internacional de Teología a Distancia y director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Agustín, dependiente del Instituto Internacional y de la Universidad Pontificia de Comillas. El 22 de febrero de 1997 fue nombrado obispo de Orense por el Papa san Juan Pablo II. El 7 de enero de 2002 fue designado arzobispo de Oviedo, de cuya diócesis tomó posesión el 23 de febrero del mismo año. Además, desde el 23 de septiembre de 2006 hasta el 9 de septiembre de 2007, fue el administrador apostólico de Santander. El 8 de enero de 2009, el Papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Valencia; el 18 de abril de ese año tomó posesión de la archidiócesis, donde permaneció hasta su nombramiento como arzobispo de Madrid en 2014. Tras su participación en la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada del 4 al 25 de octubre de 2015 y dedicada a la familia, el 14 de noviembre de ese año, el Papa Francisco lo eligió como uno de los miembros del XIV Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos; un organismo permanente que, en colaboración con el Pontífice, tiene como tarea la organización del Sínodo, así como elaboración de los textos y documentación que servirá de base para los estudios de la Asamblea. El 9 de junio de 2016, el Papa Francisco erigió un Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en España, con el fin de proveer su atención religiosa y pastoral, y nombró a monseñor Osoro como su ordinario. El 9 de octubre de 2016, el Papa Francisco anunció un consistorio para la creación de nuevos cardenales de la Iglesia católica, entre los que figuraba monseñor Osoro. El día 19 de noviembre de 2016 recibió la birreta cardenalicia de manos del Sumo Pontífice en el Vaticano. En la Conferencia Episcopal Española (CEE) fue presidente de la Comisión Episcopal del Clero de 1999 a 2002 y de 2003 a 2005; presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar hasta marzo de 2014 (fue miembro de esta Comisión desde 1997) y miembro del Comité Ejecutivo entre 2005 y 2011. Ha sido vicepresidente de la CEE durante el trienio 2014-2017. Ahora pertenece al Comité Ejecutivo como arzobispo de Madrid. Desde noviembre de 2008 es patrono vitalicio de la Fundación Universitaria Española y director de su seminario de Teología.