Por vosotros y por muchos

Mons. Julián Ruiz Martorell Queridos hermanos en el Señor: Os deseo gracia y paz. En la tercera edición del Misal Romano en lengua española encontramos novedades, pero la gran novedad ha de ser aprovechar la oportunidad pastoral que se nos ofrece para reflexionar sobre la calidad de nuestras celebraciones y mejorar nuestra participación, de modo que sea más consciente, activa, piadosa y fecunda.

Los textos del Misal son, con frecuencia, eco de la Palabra de Dios que proclamamos en las lecturas, y con ellos meditamos y profundizamos en diversos aspectos del misterio de Cristo y de la Iglesia, apoyados en la enseñanza del año litúrgico y haciendo nuestras las actitudes de la vida cristiana. Así asimilamos la visión cristiana de las realidades temporales que nos rodean.

En la fórmula de la consagración del vino usaremos la expresión “por muchos”, que sustituye a las palabras “por todos los hombres” que hemos utilizado hasta ahora. Es la traducción litúrgica de la Iglesia latina en la que “pro multis” (“por muchos”) refleja una mayor fidelidad a los textos originales del Nuevo Testamento.

En los relatos de la institución de la Eucaristía encontramos dos tradiciones: por un lado, Mateo y Marcos; por otro, Pablo y Lucas. Leemos en Mt 26,28: “esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados”. Y en Mc 14,24: “esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos”. Por su parte, Pablo escribe en 1 Cor 11,24: “Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros”. Y Lc 22,20: “Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros”.

Hasta ahora, en la fórmula de la consagración del vino decíamos: sangre “derramada por vosotros y por todos los hombres”. Más que una traducción verbal que recogiese las dos tradiciones procedentes del Nuevo Testamento, se trataba de una interpretación; ciertamente legítima, con fundamento, pero una interpretación.

A partir de ahora se dirá: “por vosotros y por muchos”. Con la nueva expresión no se reduce la redención universal de Jesucristo, que ha muerto por toda la humanidad, por todos los hombres. Pero no es correcto asumir una actitud meramente pasiva que nos lleve a pensar que la redención ya está lograda, independientemente de lo que hagamos o cómo la recibamos. La redención de Jesucristo, que es universal, ha de ser bien acogida y asimilada; es decir: personalmente agradecida, creída, vivida, celebrada y orada.

Cuando un médico, después de un diagnóstico detallado, prescribe una receta, el enfermo no queda curado si no adquiere la medicina en la farmacia y cumple con la dosis, las condiciones y la duración del tratamiento. No basta con adoptar una actitud pasiva en el momento de la visita médica y el tiempo posterior.

Además, la expresión “muchos”, en las lenguas semíticas tiene un valor de totalidad. El profeta Isaías describe así la misión del Siervo del Señor: “él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores” (Is 53,12).

Refiriéndose al cambio del “por todos los hombres” a “por muchos”, el Papa Benedicto XVI escribió en el año 2012 una carta al Presidente de la Conferencia Episcopal Alemana en la que decía: “para quienes participan habitualmente en la Santa Misa, esto parece casi inevitablemente como una ruptura precisamente en el corazón de lo sagrado. Ellos se dirán: Pero Cristo, ¿no ha muerto por todos?”.

Benedicto XVI proponía reconocer un triple significado en la correlación entre “muchos” y “todos”: 1) “para nosotros, que podemos sentarnos a su mesa, debería significar sorpresa, alegría y gratitud, porque él me ha llamado, porque puedo estar con él y puedo conocerlo”. 2) “En segundo lugar, significa también responsabilidad. Cómo el Señor, a su modo, llegue a los otros -a «todos»- es a fin de cuentas un misterio suyo. Pero, indudablemente, es una responsabilidad el hecho de ser llamado por él directamente a su mesa, de manera que puedo oír: «por vosotros», «por mí», él ha sufrido. Los muchos tienen responsabilidad por todos”. 3) “En la sociedad actual tenemos la sensación de no ser en absoluto «muchos», sino muy pocos, una pequeña multitud, que se reduce continuamente. Pero no, somos «muchos»: «Después de esto vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lengua», dice el Apocalipsis de Juan (Ap 7,9). Nosotros somos muchos y representamos a todos. Así, ambas palabras, «muchos» y «todos» van juntas y se relacionan una con otra en la responsabilidad y en la promesa”.

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+ Julián Ruiz Martorell,
Obispo de Huesca y de Jaca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.