Carta del Obispo a todos los fieles de la ciudad de Ourense

Mons. Leonardo Lemos Hermanas y hermanos:
¡Se acerca la Cuaresma! Este año al encontrarnos en pleno camino sinodal quisiera que le diéramos a este tiempo litúrgico fuerte un sentido eclesial de comunión, de manera especial en el corazón de nuestra ciudad.

Soy consciente de que no es fácil plantear bien la relación entre “el centro” y “las periferias”, pero es imprescindible que lo intentemos. De todos es sabido que las celebraciones litúrgicas presididas por el Obispo, como Padre y Pastor, y vínculo de unidad y de comunión eclesial, tienen un gran sentido teológico-sacramental. Es necesario que sepamos descubrir esta realidad, constantemente. Todos estamos llamados a esta comprensión de nuestra realidad eclesial, tanto los presbíteros, como los fieles laicos y los consagrados que participan en la vida de nuestras comunidades cristianas. Debemos aprender a valorar más las celebraciones litúrgicas en torno al Obispo. No se trata, simplemente, de que se le diga al Pueblo de Dios que desde el Obispado se imponen una serie de formas de actuar que los sacerdotes tienen que cumplir, como algunos han dicho en otras ocasiones. Actuando así se resquebraja la comunión y crecen los particularismos que enferman la vida eclesial. Se trata de ir educando en la auténtica espiritualidad de comunión que se vive en la Iglesia Católica. Por otra parte, son pocas las ocasiones a lo largo del año litúrgico en el que somos convocados para participar en estas celebraciones, de hecho, alguna de ellas adquiere su sentido pleno en cuanto la celebramos en torno al Obispo, como es la Misa Crismal, la liturgia de Órdenes y, de manera especial, la Vigilia Pascual. Sin embargo, también hay otras celebraciones que debemos privilegiar. En este sentido, uniéndome a la celebración que presidirá el Santo Padre en Roma, el próximo día 1 de marzo, Miércoles de Ceniza, celebraré la Santa Eucaristía en la Catedral, a las 19.00 horas, durante la que se nos impondrá la ceniza. Queremos iniciar juntos este camino cuaresmal en el marco del Sínodo Diocesano. Sería un signo elocuente de comunión que los presbíteros que ejercen su ministerio en el entorno de la Catedral, o viven en la ciudad, concelebrasen en esta Eucaristía representando al resto del Presbiterio Diocesano. Necesitamos crear y potenciar signos de comunión entre el Obispo, los sacerdotes, los miembros de la vida consagrada y todos los fieles laicos; en esta ocasión, queremos iniciar juntos este tiempo de conversión y penitencia, así nos pondremos en camino con nuevo ardor y esperanza. Sería mi deseo hacer llegar a todos una catequesis adecuada sobre la importancia de estos gestos de comunión en el Presbiterio y entre las comunidades cristianas que se encuentran muy cerca de la Catedral, que es la “Iglesia madre de todas la iglesias de la Diócesis”, seguro que ganaríamos en una mayor riqueza espiritual, en un fecundo compromiso eclesial y se irían superando esas inercias que nos clausuran en nuestros individualismos y en esa autorreferencialidad –como nos recuerda el Santo Padre – que termina por empequeñecer nuestro horizonte pastoral. Una Iglesia de comunión “no tiene fronteras” y, las comunidades cristianas que viven en la ciudad en dónde está situada la “cátedra” del Obispo, deben aprender a descubrir que las celebraciones que en ella preside el Pastor de la Diócesis, rodeado de su Presbiterio, son acciones que están por encima de cualquier particularismo y plasman de una forma más expresiva y viva la actividad litúrgica de toda la Iglesia Universal. Somos y nos sentimos Iglesia. Una gran familia que es misterio de comunión. Una Iglesia que se visibiliza no sólo en nuestros hermoso templos que se encuentran por toda la geografía de la Diócesis, también cada bautizado en el seno de esta comunión es rostro de la Iglesia. Sin embargo, no somos independientes de los demás; nuestras parroquias son realidades vivas y fecundas en cuanto que hacen presente en medio de las casas de los vecinos el misterio del Resucitado; no son comunidades autocéfalas, es decir, no tienen una cabeza autónoma, sino que nos encontramos unidos en la misma comunión, y una expresión de esta misteriosa y fecunda realidad es la unión en la misma fe, en la misma caridad, en una misma liturgia, en el mismo Presbiterio, en torno al Obispo que es el vínculo de unión con la Iglesia Universal, que bajo Pedro y con Pedro se extiende por el mundo entero. Os invito a que viváis este estilo de comunión y así podremos caminar juntos pidiendo al Señor que nos ayude a convertirnos de nuestro hombre viejo, para abrirnos a la novedad de una tarea evangelizadora que el papa Francisco nos propone como un desafío para nuestra fe. Os encomiendo a Santa María Nai y a San Martín, patrono de nuestra Iglesia diocesana, para que sepáis acoger esta reflexión como un reto a una pastoral de comunión, y ruego que hagáis llegar su auténtico sentido, tanto a los sacerdotes, como a los consagrados y a todos nuestros hermanos laicos. Me encomiendo a vuestras oraciones y os bendigo con afecto. + J. Leonardo Lemos Obispo de Ourense

Mons. José Leonardo Lemos Montanet
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Mons. J. Leonardo Lemos Montanet nació el 31 de mayo de 1953 en la parroquia de Santiago de Barallobre, ayuntamiento de Fene, provincia de Coruña y diócesis de Santiago de Compostela. A los 9 años se traslada con su familia a Ferrol, por destino de su padre, donde realiza los estudios hasta el bachillerato superior. Cursó el COU en el Instituto Xelmírez de Santiago de Compostela al tiempo que realizaba el propedéutico en el Seminario Mayor. Cursará los Estudios Eclesiásticos, siendo ordenado Diácono en el año 1978. En septiembre de ese mismo año será nombrado Formador en el Seminario Menor Diocesano de la Asunción. Desde este momento es socio de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. El 19 de mayo de 1979 será ordenado Sacerdote al servicio de la Archidiócesis de Santiago de Compostela por el arzobispo D. Ángel Suquía Goicoechea. Continuó como Formador del Seminario Menor, al tiempo que colaboraba los fines de semana en la parroquia de Nuestra Señora de la Merced de Conxo (Santiago), hasta septiembre de 1982 en que es enviado a Roma para ampliar estudios. Allí obtendrá la licenciatura en Filosofía Teorética por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y las diplomaturas de Arqueología Sagrada, Archivística y Biblioteconomía. Más tarde, obtiene el doctorado en Filosofía por la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Roma, en junio de 1987, con la tesis Lo que llamamos ser humano. Ensayo sobre la antropo-ontología de Ángel Amor Ruibal. En el curso 1985-1986 empezará su actividad docente como profesor de Filosofía en el Instituto Teológico Compostelano y en el Seminario Menor de la Asunción, hasta la actualidad. Entre 1986 y 1988 ejercerá de capellán de la Residencia Universitaria Cristo Rey en Santiago de Compostela y profesor de religión en el Chester College International School. Desde septiembre de 1988 hasta junio de 2001 será Formador en el Seminario Mayor de Santiago de Compostela, labor que compaginará como sacerdote adscrito de la parroquia de S. Fernando, desde 1987 hasta la actualidad. Tras su etapa en el Seminario Mayor es nombrado Director Técnico del Seminario Menor Diocesano en el año 2001, cargo que desempeña en estos momentos. En el Instituto Teológico Compostelano, Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, desempeñará el cargo de Vicedirector desde 2007 hasta la actualidad, Director de la Biblioteca de Estudio Teolóxicos de Galicia, desde 1993 hasta 2007 y Director del Instituto Superior Compostelano de Ciencias Religiosas desde 2006. En diciembre de 2003 será nombrado por el Arzobispo de Santiago, D. Julián Barrio Barrio, Canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, ocupando el oficio de Canónigo-Secretario Capitular de la misma. El 16 de diciembre de 2011 la Santa Sede hizo público que S. S. Benedicto XVI lo ha nombrado nuevo obispo de Ourense.