La ceniza, gesto de humildad

Mons. Jaume Pujol «Convertíos y creed en el Evangelio», dice el sacerdote al imponer la ceniza sobre nuestras frentes. La ceniza simboliza la muerte y lo que nada vale, para que caigamos en la cuenta de que «polvo eres y en polvo te convertirás», según la fórmula antigua.

No es que la Iglesia quiera asustarnos una vez al año. Lo que quiere es invitarnos a poner orden en nuestras preferencias para que lo permanente lo valoremos más que lo caduco, el amor eterno más que la satisfacción momentánea, y antepongamos la humildad a la soberbia y la caridad al orgullo. En una palabra, que nos convirtamos.

Hay conversiones famosas, como la de San Agustín, arrastrado a su pesar hacia la verdad por las oraciones de su madre y los sermones de San Ambrosio. O la de San Ignacio de Loyola, que postrado en cama a causa de sus heridas de soldado, lee con desgana los pocos libros que le prestan y va calando en su alma las lecciones de grandes santos, como Francisco y Domingo.

Pero lo habitual es que las conversiones se produzcan por contacto, como una gripe feliz y contagiosa. Así se expandió la Iglesia desde sus comienzos a partir de los apóstoles y fue alcanzando los límites del imperio romano. Y así llegó el cristianismo a las frías tierras del norte de Europa, a las cálidas regiones ecuatoriales y a todos los continentes.

Este año el 1 de marzo es Miércoles de Ceniza, celebración móvil que marca el comienzo de la Cuaresma. Es un día en el que está establecido ayuno y abstinencia, prácticas que algunos consideran retrógradas, pero que son válidas si se las ve en su verdadero sentido: prepararse para un tiempo de penitencia y conversión, los 40 días que preceden a la Semana Santa, a la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

No es tiempo de tristeza, porque el final de este camino es un estallido de alegría: ¡la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo!

El novelista Ignacio Agustí tituló su serie narrativa La ceniza fue árbol. Es cierto, en el orden natural primero es el árbol y luego la ceniza, pero en la celebración que hace la Iglesia, comenzamos imponiendo la ceniza y acabamos adorando el árbol de la cruz. Un árbol del que penden los frutos de misericordia que nos alimentan cada día.

Sea bienvenido el Miércoles de Ceniza, no como entierro de las emociones del carnaval, sino como gesto de humildad en el que nos quitamos la careta para ver a Dios y a nuestros hermanos.
+ Jaume Pujol Bacells
Arzobispo de Tarragona y primado

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.