El sacramento de la penitencia, segunda tabla de salvación

Mons. Rafael Zornoza Ya casi a las puertas de la Cuaresma, una pequeña reflexión sobre el Sacramento de la Penitencia, la Confesión. Y partimos de la propia experiencia, constatable universalmente.

El hombre, en efecto, cuando examina su corazón, comprueba su inclinación al mal y se siente anegado por muchos males, que no pueden tener origen en su santo Creador. Al negarse con frecuencia a reconocer a Dios como su principio, rompe el hombre la debida subordinación a su fin último, y también toda su ordenación tanto por lo que toca a su propia persona como a las relaciones con los demás y con el resto de la creación. Es esto lo que explica la división íntima del hombre. Toda la vida humana, la individual y la colectiva, se presenta como lucha, y por cierto dramática, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas. Más todavía, el hombre se nota incapaz de dominar con eficacia por sí solo los ataques del mal, hasta el punto de sentirse como aherrojado entre cadenas. Pero el Señor vino en persona para liberar y vigorizar al hombre, renovándose interiormente y expulsando al príncipe de este mundo (cf. Io 12,31), que le retenía en la esclavitud del pecado. El pecado rebaja al hombre, impidiéndole lograr su propia plenitud”. (Cf. Constitución Gaudium et Spes, Concilio Vaticano II)

En efecto, el bautismo nos perdona los pecados, pero no nos hace impecables. Tras el bautismo, seguimos experimentando en nuestros cuerpos mortales la fuerza del pecado y la inclinación al mal. Sin embargo, puesto que hemos sido revestidos de Cristo y fortalecidos con la fuerza del Espíritu Santo, podemos resistir contra las tentaciones y salir victoriosos. Aun con todo, podemos pecar y, de hecho, pecamos. Por eso, además del bautismo, la misericordia de Dios tenía prevista una segunda tabla de salvación, para que todos los bautizados puedan recibir el perdón de los pecados cometidos. Esa segunda tabla de salvación es la penitencia que nos permite crecer día a día libremente en este amor transformador compartido con Dios. Esta es la aspiración del bautizado. ¡Recuperemos el gozo y el honor de ser bautizados!

Nuestro Dios es un Dios que nos salva (Salmo 68, 21a). Porque salva, no abandona al pecador en su pecado, sino que continuamente le llama para que abra los ojos y reconozca y confiese sus pecados. Iluminados por la luz de la misericordia divina, necesitamos reconocer que, si nuestro corazón no es sanado de raíz, seguiremos en nuestros pecados. Por eso, hemos de pedirle al Señor que cambie nuestro corazón, que lo sane y lo cure de las heridas que el pecado provoca en Él. Le pedimos también al Señor que nos ayude a querer y desear no pecar nunca más; y, como muestra de nuestra voluntad decidida, le suplicamos que nos conceda la gracia de estar siempre dispuestos a luchar contra el pecado que nos ata, e igualmente contra las consecuencias que provocan nuestros pecados: en nosotros mismos, en nuestro prójimo, en nuestra sociedad y en nuestro mundo.

Que el perdón de Dios, derramado abundantemente en cada uno de nuestros corazones, haga que todos los hombres puedan glorificarlo y reconocerlo como un Dios de amor y misericordia infinitas; y que, de este modo, se sientan atraídos a volver a Él y a encontrar en Él la salud y la salvación que necesitan. Así se cumplirá plenamente la obra que el Padre encargó a su Hijo, cuando le envió para dar su vida en rescate por todos.

+ Rafael Zornoza
Obispo de Cádiz y Ceuta

Mons. Rafael Zornoza
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RAFAEL ZORNOZA BOY nació en Madrid el 31 de julio de 1949. Es el tercero de seis hermanos. Estudió en el Colegio Calasancio de Madrid con los PP. Escolapios, que simultaneaba con los estudios de música y piano en el R. Conservatorio de Madrid. Ingresó en el Seminario Menor de Madrid para terminar allí el bachillerato. En el Seminario Conciliar de Madrid cursa los Estudios Teológicos de 1969 a 1974, finalizándolos con el Bachillerato en Teología. Ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1975 en Madrid fue destinado como vicario de la Parroquia de San Jorge, y párroco en 1983. Impulsó la pastoral juvenil, matrimonial y de vocaciones. Fue consiliario de Acción Católica y de promovió los Cursillos de Cristiandad. Arcipreste del Arciprestazgo de San Agustín y miembro elegido para el Consejo Presbiteral de la Archidiócesis de Madrid desde 1983 hasta que abandona la diócesis. Es Licenciado en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, donde también realizó los cursos de doctorado. Preocupado por la evangelización de la cultura organizó eventos para el diálogo con la fe en la literatura y el teatro e inició varios grupos musicales –acreditados con premios nacionales e internacionales–, participando en numerosos eventos musicales como director de coros aficionados y profesor de dirección coral. Ha colaborado además como asesor en trabajos del Secretariado de Liturgia de la Conferencia Episcopal. En octubre de 1991 acompaña como secretario particular al primer obispo de la de Getafe al iniciarse la nueva diócesis. Elegido miembro del Consejo Presbiteral perteneció también al Colegio de Consultores. Inicia el nuevo seminario de la diócesis en 1992 del que es nombrado Rector en 1994, desempeñando el cargo hasta 2010. Ha sido profesor de Teología en la Escuela Diocesana de Teología de Getafe, colaborador en numerosos cursos de verano y director habitual de ejercicios espirituales. Designado por el S.S. el Papa Benedicto XVI obispo titular de Mentesa y auxiliar de la diócesis de Getafe y fue ordenado el 5 de febrero de 2006. Hay que destacar en este tiempo su dedicación a la Formación Permanente de los sacerdotes. También ha potenciado con gran dedicación la pastoral de juventud, creando medios para la formación de jóvenes cristianos, como la Asociación Juvenil “Llambrión” y la Escuela de Tiempo Libre “Semites”, que capacitan para esta misión con la pedagogía del tiempo libre, campamentos y actividades de montaña. Ha impulsado además las Delegaciones de Liturgia, Pastoral Universitaria y de Emigrantes, de importancia relevante en la Diócesis de Getafe, así como diversas iniciativas para afrontar la nueva evangelización. Pertenece a la Comisión Episcopal de Seminarios de la Conferencia Episcopal Española –encargado actualmente de los Seminarios Menores– y a la Comisión Episcopal del Clero. Su lema pastoral es: “Muy gustosamente me gastaré y desgastaré por la salvación de vuestras almas” (2Cor 12,13). El 30 de agosto de 2011 se ha hecho público su nombramiento por el Santo Padre Benedicto XVI como Obispo electo de Cádiz y Ceuta. El 22 octubre ha tomado posesión de la Diócesis de Cadiz y Ceuta.