Miércoles de Ceniza: miseria y misericordia

Mons. Francesc Pardo i Artigas El próximo miércoles empieza la cuaresma. Seguro que las fiestas de carnaval, en muchos lugares, han sido un éxito de participación y de público, desde los más pequeños hasta los más mayores.

Lamentablemente, y con frecuencia, tras el carnaval no viene la cuaresma, porque no existe tal tradición, porque no se conoce su significado o incluso porque se tiene una comprensión muy desdibujada del tiempo cuaresmal.

La finalidad del carnaval era pasárselo bien, sin inhibiciones, para después vivir la cuaresma. Está claro que, el objetivo de pasarselo bien es muy atrayente, y convoca a mucha gente. Pero hoy, con frecuencia, hay carnaval sin cuaresma.

La pregunta es: ¿Para qué la cuaresma? Una respuesta rápida y sintética: Para vivir intensamente la Pascua. ¡Ah! Y la Pascua es alegría, fiesta, esperanza, sentido… porque la muerte y sus amigos no han ganado la partida. Jesucristo ha vencido y, con Él, todos los que, consciente o inconscientemente, lo acogen y reciben sus dones.

Para toda gran fiesta, es preciso un tiempo de preparación. Para participar en una victoria, es necesaria una etapa de entrenamiento con los correspondientes ejercicios: abstinencia o ayuno para estar en forma, plegaria para escuchar lo que hacer y comunicarse con quien lo sabe (Jesucristo); y limosna, que significa disposición a dejarse la piel, entregándose totalmente.

La imposición de la ceniza con las palabras “recuerda que eres ceniza” o “conviértete y cree en el Evangelio” nos hará más conscientes de nuestra condición: somos débiles, limitados, condicionados… etimológicamente somos “míseros”, “miseria”, pobres en muchos sentidos. Y el Evangelio es Jesucristo, el Salvador de nuestra miseria, la Misericordia.

Este signo de inicio de la cuaresma me ha recordado la carta que el papa Francisco nos dirigió en la clausura del Año Jubilar de la Misericordia y que encabezó con la expresión Misericordia et misera, la Misericordia y la miseria.

El Papa, tras recordar el perdón de Jesús a dos mujeres y a sus verdugos en la crucifixión, recuerda que Dios es misericordia, amor incondicional e inmerecido.

La cuaresma es una invitación a vivir intensamente y a celebrar la misericordia de Dios, su amor manifestado en la vida, muerte y resurrección de Jesucristo para que recuperemos la alegría de una vida que es estimación, que tiene sentido, que tiene futuro de plenitud.

Por ello la carta es una invitación a seguir viviendo la misericordia de Dios y a sentirse profundamente amados por Él.

La conversión cuaresmal conduce a dejarse amar y a amar, a la conversión en Jesucristo. Esta conversión es posible, y por ello:

Es necesario celebrar la Eucaristía, celebración de la misericordia divina, que es memorial de la Pascua de Jesucristo, de donde brota la salvación para cada persona, para la historia y para la humanidad.

Asimismo, es invitación al sacramento de la reconciliación, a la confesión, ya que es el momento en el cual experimentamos el abrazo del Padre, que viene a nuestro encuentro para devolvernos la condición de hijos. Somos conscientes de nuestras contradicciones entre lo que somos, queremos y hacemos. Somos pecadores y necesitamos el perdón.

Acercarse a los hermanos. Instrumentos de misericordia para que no los contemplemos con indiferencia, ni giremos la mirada ante los que sufren. Sin olvidar su dimensión social.

Por ello se nos invita al ayuno, a la plegaria y a la limosna en versión actual y renovada.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.