40 días ¿Con cuánto?

Mons. Julián Ruíz Queridos hermanos en el Señor: Os deseo gracia y paz. Con el Miércoles de Ceniza comenzamos una nueva Cuaresma, una ocasión de gracia para acercarnos más a Jesucristo, para interrogarnos sobre nuestros caminos, para discernir sobre nuestros valores y criterios y para reorientar nuestra vida en una dinámica de conversión; es decir, de cambio de dirección, de regreso hacia el Señor.

Los movimientos de Acción Católica de Huesca nos proponen una iniciativa denominada “40 días ¿Con cuánto?” para experimentar y vivir la austeridad y la comunión de bienes, una oportunidad para profundizar en la pobreza que tiene su origen en la experiencia vivida por Jesús y en nuestra voluntad firme y sincera de seguirle.

Jesucristo nace pobre, vive pobre y muere pobre. Ni siquiera tiene donde recostar su cabeza. Su manera de vivir no nos puede dejar indiferentes. Como Jesús durante cuarenta días en el desierto, sentimos la seducción que intenta apartarnos de nuestra identidad, de nuestra misión y de nuestro destino. Cuaresma es un tiempo favorable que tiene consecuencias en nuestro corazón y en nuestra cartera, en nuestro modo de relacionarnos con Dios, con los hermanos, con la creación y con las cosas.

Siguiendo las orientaciones que ofrece el Papa Francisco en su Encíclica “Laudato si`”, a lo largo de seis sesiones, se podrá reflexionar sobre diversos temas: 1) lo que se pretende y lo que no se pretende, y unas elementales normas para funcionar en grupo; 2) el crecimiento económico y el individualismo; 3) los bienes, el dinero y su uso; 4) el consumo responsable y el uso de la naturaleza; 5) somos administradores y no dueños; 6) otro estilo de vida.

Según el Papa Francisco, nuestra hermana tierra “clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella” (Laudato si`, 2). Y nos indica: “La espiritualidad cristiana propone un modo alternativo de entender la calidad de vida, y alienta un estilo de vida profético y contemplativo, capaz de gozar profundamente sin obsesionarse por el consumo. (…) La constante acumulación de posibilidades para consumir distrae el corazón e impide valorar cada cosa y cada momento” (Laudato si`, 222).

Durante el tiempo propicio de Cuaresma estaremos en mejores condiciones de conocer a Jesucristo, de valorar la Doctrina Social de la Iglesia, de encontrarnos con los hermanos. Es un buen momento para examinar nuestros criterios de consumo; para ponderar los gastos que realizamos; para preguntarnos si nuestras compras son necesarias y sostenibles. Tenemos delante una ocasión de gracia para compartir, para vivir una sincera comunión de bienes.

Este año, en su “Mensaje para la Cuaresma”, el Papa reflexiona sobre la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro (cf. Lc 16,19-31) y escribe: “El apóstol Pablo dice que «la codicia es la raíz de todos los males» (1 Tim 6,10). Esta es la causa principal de la corrupción y fuente de envidias, pleitos y recelos. El dinero puede llegar a dominarnos hasta convertirse en un ídolo tiránico (cf. Evangelii gaudium, 55). En lugar de ser un instrumento a nuestro servicio para hacer el bien y ejercer la solidaridad con los demás, el dinero puede someternos, a nosotros y a todo el mundo, a una lógica que no deja lugar al amor e impide la paz”.

Cuaresma es un tiempo de renovación. El Papa concluye su Mensaje diciendo: “Animo a todos los fieles a que manifiesten también esta renovación espiritual participando en las campañas de Cuaresma que muchas organizaciones de la Iglesia promueven en distintas partes del mundo para que aumente la cultura del encuentro en la única familia humana”.

En nuestra vida cotidiana encontramos a muchas personas que, como Lázaro, desean saciarse con lo que cae de nuestras rebosantes mesas. ¿Cuánto de lo que consideramos propio puede ser compartido?

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+ Julián Ruiz Martorell,
Obispo de Huesca y de Jaca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.