Juan Pablo García Maestro: “El deseo del Papa es que la voz de los movimientos sociales se escuche”

Juan Pablo García Maestro es doctor en Teología y profesor en el Instituto Superior de Pastoral de Madrid. La publicación quincenal Iglesia en Plasencia le ha realizado una entrevista.

¿Qué retos y desafíos plantean los movimientos sociales al mundo en la actualidad?

Los movimientos sociales hacen realidad aquella expresión que hace unas décadas estuvo muy presente en algunos contextos, nos referimos a la expresión “la fuerza histórica de los pobres”. Ellos no sólo padecen la injusticia, sino que luchan contra ella. No esperan de brazos cruzados la ayuda de ONGs, planes asistenciales o soluciones que nunca llegan. Ellos quieren ser protagonistas, se organizan y, sobre todo practican esa solidaridad tan especial que existe entre los que sufren, los excluidos, y que nuestra civilización parece haber olvidado. Los movimientos sociales desafían al mundo de hoy porque reclaman tres derechos, que hoy vemos con tristeza cada vez más lejos de la mayoría: tierra, techo y trabajo. Hay hombres y mujeres que sufren el desarraigo, y esta vez no es por las guerras o desastres naturales. Es también por el acaparamiento de tierras por parte de algunos, la apropiación del agua etc. También es un derecho sagrado tener un techo donde cobijarse. Hoy, tristemente hay tantas familias sin vivienda, o bien porque la han perdido por diferentes motivos o porque nunca la han tenido. Familia y vivienda van de la mano. Hoy en nuestras grandes ciudades presenciamos de viviendas lujosas, para una minoría feliz, pero se le niega el techo a miles de vecinos y hermanos nuestros, incluso niños, y que se los llama elegantemente “personas en situación de calle”.

Y finalmente el sagrado derecho de un trabajo digno. No existe peor pobreza material, que la que no permite ganarse el pan y priva de la dignidad del trabajo. El desempleo juvenil, la falta de derechos laborales son el resultado de un sistema económico que pone los beneficios por encima de la persona. Son efectos de una cultura del descarte que considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede
usar y tirar.

¿Por qué dice que hay que reavivar el espíritu profético de de Jesús en nuestras comunidades?

El principio motor de la renovación de la Iglesia hemos de encontrarlo en volver a la fuente recuperar la frescura del Evangelio. Esto nos exige reavivar el Espíritu profético de Jesús en nuestras comunidades
cristianas. No olvidemos que a Jesús lo vieron en su paso por este mundo en la línea de los profetas: “Un profeta grande ha surgido entre nosotros” (Lc 7, 16; Mc 6, 15). La salida de nuestras comunidades hacia las periferias necesita ser animada por el espíritu profético de Jesús. No podemos salir de cualquier manera. Podrimos caer en actitudes poco evangélicas de proselitismo, revalidad o superioridad, alejándonos de ese compromiso en la construcción de un mundo nuevo, codo a codo con los demás. Podemos destacar tres rasgos del espíritu de Jesús y que la Iglesia debe tomar en serio: la
presencia alternativa en medio de la sociedad. La indignación profé- tica que denuncia lo que va contra
el reino de Dios. La llamada a la esperanza.

¿En qué sentido afirma que los pobres evangelizan?

En primer lugar, desearía recordar un aspecto que a veces olvidamos cuando hablamos de la opción preferencial por los pobres. Lo digo con palabras del Papa Francisco en su exhortación Evangelii gaudium (EG): “Quiero expresar con dolor que la peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual (…) La opción preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una atención religiosa privilegiada y prioritaria” (EG 20). Los pobres tienen mucho que enseñarnos. Es necesario que todos nos dejemos evangelizar por ellos. Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a interpretarlos y a acoger la misteriosa
sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos.

¿Cree que en seno de la Iglesia hay una crisis de Dios?

No estamos ante una crisis meramente eclesial. Hoy vivimos una vuelta a la religión, pero con tintes ateos. El lema no es “Cristo sí, Iglesia no”, sino “Religión sí Dios no”. Se vive una religiosidad sin Dios. Lo que ha entrado en crisis es ese Dios diferente, compasivo, identificado con el sufrimiento humano. El lenguaje del Dios de Jesús pasa por la kenosis y la cruz. Por eso, es necesaria la vuelta de la mística, aquella que nos lleva a lo esencial que es hablar de Dios porque lo hemos experimentado. Y no hablar de Dios solamente de oídas (Job). La pastoral actual tiene como reto recuperar lo más genuino de nuestra identidad cristiana: la relación entre mística y política. El que ha experimentado a Dios, le debe preocupar, como a Jesús de Nazaret, la defensa de la dignidad de las personas. La mística que vivió Jesús no fue de ojos cerrados, sino una mística de ojos abiertos.

¿Qué importancia tienen los encuentros del Papa Francisco con los movimientos sociales?

En los tres encuentros que ha tenido a lo largo de los cuatro años de su Pontificado, el Papa Francisco ha demostrado que la Iglesia tiene que trabajar codo a codo con aquellos (creyentes y no creyentes) que luchan por humanizar la vida. Por medio de su persona, desea que la Iglesia esté integrada a fondo en la sociedad, compartir la vida con todos, que escuchamos sus inquietudes, nos alegramos con los que están alegres, lloramos con los que lloran y nos comprometemos en la construcción de un mundo nuevo con los demás. El deseo del Papa es que la voz de estos movimientos sociales se escuche, a pesar que muchos prefieren que se escuche poco. Tal vez porque molesta, porque su grito incomoda, pero van a las periferias y no se quedan en el reino de las ideas como a veces ocurre en lo que escuchamos en las conferencias internacionales.

Ante una sociedad que ha globalizado la indiferencia, el Papa Francisco anima a estos movimientos sociales a que trabajen por globalizar la solidaridad.

(Diócesis de Plasencia)

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