El Pan de la Palabra. Domingo VII del Tiempo Ordinario

Mons. José María Yanguas El evangelio de este domingo continúa con el sermón del Monte de Jesús. Éste presenta dos antítesis más para mostrar la novedad que trae Jesús. Él viene, como nos decía el domingo pasado, a llevar la Ley y los Profetas a su plenitud.

Ahora bien, ¿dónde está esta plenitud? ¿dónde encuentra la Ley que cita reiteradamente Jesús en estos mandamientos su plenitud? ¿Es en el cumplimiento estricto de la letra de cada mandamiento?

El domingo pasado veíamos cómo Jesús pretende llevarnos a descubrir el espíritu que anima a la Ley y a los Profetas. Y hoy da un paso más indicándonos claramente dónde está esa plenitud: “Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos”. Ciertamente esa plenitud está en Dios, y el Dios que muestran las lecturas de este domingo es un Dios santo, cuya santidad consiste precisamente en su compasión y misericordia para con todos.

La primera antítesis que propone Jesús se refiere al mandato del “ojo por ojo, diente por diente”, que ya supone un freno enorme a la espiral de violencia que se genera cuando uno la ejerce contra otro. Si la respuesta a la violencia sufrida excede a ésta, este proceso desencadena una espiral de violencia que termina por destruir a todos. El “ojo por ojo” supuso en la antigüedad un avance enorme, pues suponía un freno a dicha violencia. Pero Jesús, que anuncia a Dios que es compasivo y misericordioso, como dice el salmo de hoy, “lento a la ira y rico en clemencia”, propone una idea novedosa. Al mal no se le debe responder con mal, puesto que esto no hace más que alimentarlo y avivarlo. Al mal solo se le puede responder con bien, y de esto modo el mal queda derrotado y anulado para siempre. Dice Enzo Bianchi que Jesús propone “una práctica de no-violencia que es un nuevo modo de resistencia activa, una resistencia inaudita porque es mansa, humilde, misericordiosa. Solo así se puede detener la reacción en cadena de la violencia”.

En la segunda antítesis Jesús propone una lógica inaudita. Si la santidad de Dios, es decir, su ser diferente consiste en que es amor, el discípulo de Jesús tiene que anunciar y mostrar a este Dios que es amor en todas las circunstancias. Además, Jesús da la razón de fondo: sois hijos del Padre que está en el cielo, y tenéis que imitarlo. Si Él no hace acepción de personas y manda su lluvia sobre justos e injustos, si hace salir el sol sobre malos y buenos, sus hijos han de amar incluso al enemigo, han de hacer el bien también a los que los aborrecen, rezarán por sus perseguidores y calumniadores.

A la luz de estas palabras de Jesús, deberíamos reflexionar seriamente de dónde brota nuestro compromiso, nuestra moral y nuestro comportamiento en el día a día. ¿Nos comprometemos a partir de unos mandamientos que nos vienen dados desde fuera y se nos imponen o, por el contrario, nuestro comportamiento brota de la conciencia de ser hijos amados por Dios, llamados a reflejar su amor incondicional, que va más allá de una ley de mínimos y de convenciones? Jesús quiere llevarnos a descubrir nuestra profunda vocación de hijos llamados a imitar y reflejar en nuestros entornos el rostro sorprendente de un Dios que no hace acepción de personas, que ama a todos, porque todos son hijos.

San Pablo usa una expresión preciosa para recordarnos nuestra dignidad: “sois templos de Dios y el Espíritu de Dios habita en vosotros”. Y siendo tales, hemos de buscar la sabiduría que viene de Dios, y ésta es la sabiduría de la cruz, la del amor extremado. Somos realmente templo de Dios, estamos habitados por Dios, cuando vivimos el amor, porque Dios es amor.

Dios, nuestro Padre bueno con entrañas de Madre, cada domingo nos prepara una mesa con rico pan, el Pan de vida, y nos regala su Palabra. Una Palabra que hoy nos recuerda que su santidad está en amar con compasión y misericordia, y nuestra diferencia con respecto a quienes no creen ha de ser que nosotros, sus hijos, queremos parecernos a él y amar también desde unas entrañas compasivas y misericordiosas.

+ José María Yanguas
Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).