Amar al enemigo: un camino para sanar el corazón

Mons. Eusebio Hernández Queridos hermanos y amigos: Durante estos domingos estamos proclamando en la lectura del Evangelio de la Misa una selección de textos de los capítulos 5, 6 y 7 del evangelista san Mateo.

Estos capítulos contienen lo que conocemos como el Sermón de la Montaña, que es como el corazón del Evangelio y de lo que debe ser la vida cristiana. Hoy escuchamos unos versículos centrales de este Sermón (Mateo 5,38-48).

En las palabras de Jesús que hoy escuchamos, nos puede desconcertar el mandato del amor que no sólo se extiende hacia aquellos que nos aman y respetan. Jesús va más allá cuando nos dice: Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”.Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen.

El amor es siempre una palabra bonita que todos comprendemos como algo positivo. Todos hemos experimentado la fuerza del amor en las personas que nos quieren y aprecian, en los que incondicionalmente están a nuestro lado o en todos aquellos de los que tantas cosas hemos recibido. Este amor es fácil de comprender e, incluso, nos es grato vivirlo; pero la propuesta de Jesús va más allá puesto que nos manda amar a aquellos que son nuestros enemigos y, por lo tanto, ni nos quieren ni sienten ningún aprecio por nosotros.

Jesús no sólo ha propuesto este mandamiento para que los hombres lo cumplamos, ha sido él mismo quien lo ha cumplido en su propia existencia. La vida de Jesús está llena de amor que se ha manifestado en el perdón. El Evangelio nos presentan los diversos testimonios en los que Jesús perdona incondicionalmente, a Zaqueo, a la mujer pecadora entre otros; también a aquellos que lo han traicionado y abandonado, Pedro, los Apóstoles; a los que persiguen su obra, Pablo. El colmo del amor a los enemigos los vemos en el momento de la Cruz: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen (Lucas 23, 34), palabras que Jesús dirige al Padre en el momento del supremo dolor de la Cruz y de la muerte.

En una de sus homilías, en la Misa diaria del Papa, reflexionaba sobre este texto que hoy escuchamos: Amar a nuestros enemigos, a quienes nos persiguen y nos hacen sufrir, es difícil; ni siquiera es un «buen negocio». Sin embargo es el camino indicado y recorrido por Jesús para nuestra salvación (Homilía del 18 de junio de 2013).

El Santo Padre se detuvo también en la dificultad del amor a los enemigos, preguntándose cómo es posible perdonar: También nosotros, todos nosotros, tenemos enemigos, todos. Algunos enemigos débiles, algunos fuertes. También nosotros muchas veces nos convertimos en enemigos de otros; no les queremos. Jesús nos dice que debemos amar a los enemigos.

Este mandamiento dado por Jesús es doble, por una parte nos pide el amor al enemigo y, a la vez, que recemos por ellos. Este segundo mandamiento de orar por los enemigos, es pedir la gracia y la fuerza para poder cumplir el primero. En otra ocasión, más reciente, en la que el papa Francisco comentaba este mandamiento, así lo interpretaba: Que el Señor nos de la gracia, solo ésta: oren por los enemigos, por aquellos que nos desean mal, que no quieren el bien para nosotros. Orar por aquellos que nos hacen mal, que nos persiguen. Y cada uno de nosotros sabe el nombre y el apellido: oro por esto, por esto, por esto… Les aseguro que esta oración hará dos cosas: a él lo hará mejorar porque la oración es potente, y a nosotros nos hará más hijos del Padre (Homilía 14 de junio de 2016)

Francisco indicó que la explicación que hace Jesús de los mandamientos, y que se puede ver sobre todo en el Evangelio de San Mateo, es un camino de sanación: un corazón herido por el pecado original -todos nosotros tenemos el corazón herido por el pecado, todos- debe ir por este camino de corazón y sanar para semejarnos al Padre, que es perfecto.

Que a pesar de las dificultades podamos, también nosotros, con la ayuda de Dios, vivir este camino de amor que da una nueva dimensión a nuestra vida.

Con todo afecto os saludo y bendigo.
+ Eusebio Hernández Sola,OAR
Obispo de Tarazona

Mons. Eusebio Hernández Sola
Acerca de Mons. Eusebio Hernández Sola 234 Articles
Nació en Cárcar (Navarra) el 29 de julio de 1944. Sus padres, Ignacio (+ 1973) y Áurea. Es el mayor de cuatro hermanos. Ingresó en el seminario menor de la Orden de los Padres Agustinos Recoletos, en Lodosa, el 12 de septiembre de 1955. En 1958 pasó al colegio de Fuenterrabía donde completó los cursos de humanidades y los estudios filosóficos. A continuación (1963-1964) ingresó en el noviciado del convento de la orden en Monteagudo (Navarra), donde hizo la primera profesión el 30 de agosto de 1964, pasando posteriormente a Marcilla donde cursó los estudios teológicos (1964-68). Aquí hizo la profesión solemne (1967); fue ordenado diácono (1967) y presbítero el 7 de julio de 1968. Su primer oficio pastoral fue el de asistente en la Parroquia de "Santa Rita" de Madrid, comenzando al mismo tiempo sus estudios de Derecho Canónico en la Universidad de "Comillas", de la Compañía de Jesús. Al curso siguiente (1969) fue traslado a la residencia universitaria "Augustinus", que la orden tiene en aquella ciudad. Se le confió la misión de director espiritual de sus 160 universitarios, continuó sus estudios de derecho canónico, que concluyó con el doctorado en 1971, e inició los de Derecho en la universidad complutense de Madrid (1969-1974). Durante el curso 1974-75 hizo prácticas jurídicas en la universidad y en los tribunales de Madrid. El 3 de noviembre de 1975 inició su trabajo en la Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica. Desde 1976 fue el director del departamento de la formación y animación de la vida religiosa, siendo el responsable de la elaboración y publicación de los documentos de la Congregación; además dirige una escuela bienal de teología y derecho de la vida consagrada. Desde 1995 es "capo ufficio" del mismo Dicasterio. Por razones de trabajo los Superiores de la Congregación le han confiado multitud de misiones en numerosos países del mundo. Ha participado en variados congresos de vida consagrada, de obispos y de pastoral vocacional. Durante este tiempo ha ejercido de asistente en el servicio pastoral de la orden en Roma. El día 29 de enero de 2011 fue publicado su nombramiento como Obispo de Tarazona y fue ordenado el 19 de marzo, fiesta de San José, en la Iglesia de Ntra. Sra. de Veruela.