Volver a ser cristiano

Mons. Agustí Cortés   Ha llegado a mis manos un libro muy interesante: es lúcido y actual, iluminador, no solo para los creyentes, sino también para quienes hoy se sitúan al margen de la fe. Se trata del ensayo-testimonio de Jean Claude Guillebaud Cómo he vuelto a ser cristiano.

Este autor bien puede considerarse representante de toda una generación de europeos que han vivido durante la segunda mitad del siglo pasado impregnados de la cultura moderna, identificados plenamente con ella. Han experimentado también las últimas vicisitudes de esta cultura y han participado de aquella actitud, según la cual, la fe cristiana se ha de relegar al almacén de lo prescindible, de lo inútil, de lo no necesario o incluso perjudicial para lo que realmente interesa. Testigo al mismo tiempo de una forma de vivir la fe cristiana entre los creyentes, bien de un manera vergonzante, disimulada, silenciosa, bien de un modo meramente defensivo.

C. Guillebaud ha dedicado gran parte de su vida, treinta años, al reportaje periodístico de conflictos bélicos con relevancia internacional, llegando a ser presidente de «Reporteros sin fronteras». El hecho decisivo en su trayectoria personal ha sido el haberse constituido en testigo directo de acontecimientos en el límite de lo humanamente soportable: el mal y el dolor encarnados en rostros y en personas concretas, mayoritariamente víctimas inocentes. Incapaz de mantener más tiempo la distancia y la indiferencia profesional que se le exige a un reportero, renunció a este trabajo, por el que era tan valorado, para detenerse e integrar personalmente todo lo vivido. Se adentró para ello en la búsqueda filosófica, en el estudio, la reflexión y el diálogo, llegando a ser director literario de una gran editorial francesa.

No es el lugar de resumir su proceso interior. Pero sí dejamos constancia aquí del momento en que este autor descubre algo que Chesterton y el propio Benedicto XVI, coincidiendo con no pocos testimonios de autores no creyentes, habían afirmado: el humanismo de nuestra cultura, los derechos humanos que sustentan la democracia, son fruto de una raíz judeocristiana.

En su camino de búsqueda honrada y consecuente había hallado un dedo que le señalaba la persona de Jesucristo, portador de «la más grande y radical revolución habida en la historia», según sus palabras (con las que cita al filósofo Benedetto Croce). Él no sabría, en fin, decir si «ha vuelto a ser cristiano», puesto que duda si en su anterior agnosticismo, seguía siéndolo, pero lo cierto es que hoy confiesa abiertamente su decisión de creer para seguir viviendo con sentido.

Muchas veces hemos meditado sobre «el dedo de Juan Bautista», ese que señalaba «al Cordero que quita el pecado del mundo». Era una confesión pública, libre, testimonial e indicadora de un camino para quienes deseaban hallar una verdad salvadora. Nos preguntamos qué es lo que falta hoy, si dedos que señalen con claridad dónde está el Salvador o corazones y ojos que busquen con ansia una respuesta plena y convincente.

De lo que no podemos dudar es de que, cuando ambas circunstancias se dan, el corazón que busca y el dedo que señala, se hace posible la alegría.

 

 

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.