Beatificación de la primera mujer gitana, Emilia “la canastera”

Desde Pastoral Gitana están organizando una peregrinación para participar en la beatificación de Emilia Fernández, “la canastera”, primera mujer gitana que subirá a los altares. La ceremonia tendrá lugar el 25 de marzo, en Almería.

El Palacio de Congresos de Roquetas de Mar (Almería) acogerá la celebración eucarística por las beatificaciones de los 115 mártires de la Diócesis de Almería, entre los que se encuentra “la canastera”. En breve les ampliaremos la información.

José Luis Pinilla, S.J., director del Secretariado de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española escribe de ella:

Su nombre es Emilia “La canastera”, nacida el 13 de abril de 1914 y criada en las casas-gruta que los gitanos pueblan en la parte alta de Tíjola (Almería). Y fallecida el 25 de enero de 1939, a los veintitrés años de edad, en la cárcel de “Gachas Colorás” (pasta de cereales con caldo de pimentón) de Almería. Fue detenida, junto a su esposo, Juan, por negarse éste último a ir a la guerra y provocarse, una ceguera transitoria no sé con qué artes. Algunos dicen que con un líquido venenoso que servía para sulfatar los campos y que su enamorada derramó en los ojos. Éste fue encarcelado en la cárcel de “El Ingenio”. Ella, como queda dicho, ingresó en la Prisión de Mujeres de “Gachas Colorás” para cumplir una condena de seis años a pesar de estar embarazada.

La causa como queda dicho fue uno de tantos periodos tristes de nuestra historia. La de la guerra que muchos se empeñan en llamarla guerra civil cuando en realidad fue una de las guerras más inciviles de la historia. Los milicianos republicanos entraron en el poblado en busca de hombres para la guerra e interpelaron a Juan. La pareja gitana observaba la guerra como algo ajeno. No querían saber nada de ir al frente. Y ella menos. Estaba embarazada. Y no podría ganarse la vida haciendo cestos. Pero da con sus huesos en ella.

Emilia, conversa con mujeres que la cuidan compasivamente. Por ejemplo con Lola a quien la gitana pide que le enseñe a rezar y a persignarse. Emilia era una mujer “fascinante”, cuenta María de los Ángeles Roda Díaz en aquella cárcel donde: “por la mañana nos daban “agua sucia”(café) y un trozo de pan; al mediodía, “lentejas con gusanos, habas cocidas con sus cáscaras y una torta de arroz cocido”; Y por la noche, pan y agua”. Emilia aprende el padrenuestro, el avemaría y el Gloria, y de las letanías en latín sólo acierta a repetir “Ora pro nobis”(ruega por nosotros).

Rezar , para la directora de la cárcel, es un delito y pide a Emilia que delate a su catequista. A cambio le quiere engatusar con alguna prebendas: mejor alimentación, gestiones para liberarle a ella y a su marido. Pero Emilia calló y nunca delató a Lola. Su castigo: una celda de aislamiento. Y ahí el alumbramiento de una hija, prácticamente sola – con la solidaridad de los pobres , la de sus compañeras reclusas– tirada en el suelo en la estera de esparto sobre la que duerme. Cuatro días de hospital y de nuevo a la cárcel donde muere un 25 de enero. Y su cuerpo arrojado a una fosa común, todavia sin recuperar. El camino final de esta valiente mujer inicia un proceso que acaba en una beatificación próxima -por causa de martirio– en Almería el próximo 25 de Marzo. Acompañará así a Ceferino Giménez Malla, el Pelé, primer mártir gitano.

¿Qué os parece este guión para una telenovela? ¿o estará sacado de aquellas películas de la posguerra – insisto incivil– que desembocó en el franquismo? No es telenovela y quiero decir por qué.

No sé mucho de gitanos. Pero les quiero Y apenas me atrevo a hablar de ellos. Aunque por mi trabajo he conocido a muchos sabios que sí que lo hacen- y muy bien – y a quienes pido perdón de antemano por ser tan osado. Por ejemplo, pido perdón a Belén Carrera MI. Es la actual Directora de Apostolado con gitanos, o la Hermana Guadalupe Romero, jesuitina, Fernando Jordan (“Gitanos en la sociedad actulal”) y Antonio Heredia (“soy cura si señores, y ademas flamenco,toco las campanas y bailo por tientos”) que sirvieron en el mismo puesto, o a D. Ciriaco Benavente, D. José Sanchez y D. Xavier Novell obispos que tratan y trabajan con y por ellos, o a Ramon Lopez, o a Pablo Genovés o a José Juan Alarcón Ruiz, postulador de la causa de Emilia, o a Sergio Rodríguez López-Ros autor del gran ensayo “Gitaneidad, otra manera de ver el mundo” y actualmente director del instituto Cervantes en Roma y anterior delegado de Gitanos en Barcelona) etc.

Hoy quiero escribir sobre los gitanos aunque solo sea un poco. La “disculpa” –bendita disculpa- de la vida y muerte de Emilia la canastera me sirve para ello.

Algunos de los citados me hablaban de romipÄ“n o gitaneidad. La manera que tienen los gitanos de pensar, de sentir, de comportarse, de expresarse, de trascenderse… Con un claro origen índico, que aunque mixtificado por el tiempo convierte a los gitanos en la minoría cultural más antigua, numerosa y discriminada de Europa, de la que forman parte desde hace más de diez siglos . Como si se tratara en un fragmento de Oriente en medio de Occidente. Y, a pesar de todo, son los grandes desconocidos de Occidente con más de diez siglos de encuentros y desencuentros, de fascinación y discriminación habida entre gitanos y no gitanos.

Cuando visité Auschwitz-Birkenau me impresionaron los datos que nos dieron y que hablaban de que durante el Holocausto se condujo a la muerte a alrededor de medio millón de gitanos . Se prolongaba así el primer genocidio a mano de los nazis cuando ejecutaron a 250 niños romaníes en el campo de Buchenwald para comprobar la eficacia de los cristales de zyklon-B, que serían utilizados más tarde en las cámaras de gas, precisamente ,de Auschwitz-Birkenau que en ese momento yo visitaba con lágrimas en los ojos. Y a eso añadieron la narración de como el 1 de agosto de 1944, en el mismo campo de Auschwitz, 4.000 gitanos pasaron por la cámara de gas y fueron incinerados en una sola acción. Se llamó, ‘Zigeunermacht’ (la noche de los gitanos). ¡La noche de los gitanos! ¡Qué lejos del embrujo que supone la noche gitana! ¡Qué lejos! ¡Qué cruel! ¡Qué martirios tan inútiles! Como el de Emilia.

Avancemos más allá de los relatos: Veamos. Emilia, mujer gitana. Si preguntáramos como se dibuja en el imaginario social a una mujer gitana, es probable que en su mente se representara un garabato con un perfil estereotipado al que idealizado desde dentro de la comunidad se les atribuyen características como; puras, vírgenes, fieles (conyugal y comunitariamente), trabajadoras y con obediencia ciega a todo rasgo cultural susceptible de ser gitano. Y que desde un estereotipo castigado desde fuera de la comunidad, en contraposición, se les atribuye rasgos como los de subyugadas a la familia, flojas, sucias, analfabetas, casadas a los 14 años, madres de numerosísimos hijos y ubicadas siempre entre el hogar y los mercados. Así ha estudiado muy bien el romipÄ“n o gitaneidad femeninaCarmen González Cortés.

Sin negar que existan alguna características de estos perfiles, y sin abundar en ello quisiera simplemente deciros que quizás ahora es el tiempo de los gitanos. De perseguidos a ignorados de ignorados a ser tratados de manera asistencialista y de ahí, ahora en el tiempo de formación, de ser conscientes de sus capacidades desde dentro creo que es el tiempo real de su empoderamiento. Y de aprovechar la espiritualidad gitana, tan conectada con el sentimiento, el afecto y la vida. Reconozcamos hoy la gran labor del Secretariado Gitano, Unión Romaní y otras muchas asociaciones como por ejemplo Pastoral Gitana al respecto.

Los no gitanos tendremos que acostumbrarnos más y más a esta diversidad desconocida y lejana aún para muchos. Os recomiendo al respecto la página Bitácora Gitana, que como dice su coordinador Miguel Ángel Vargas Rubio es un espacio para afirmar que “en este universo de culturas interrelacionadas en que vivimos, la cosmovisión gitana nos puede ayudar a entendernos mejor hacia dónde debe dirigirse la aguja de la salud y la libertad“.

Para ello tendremos que recuperar aquello que decía Amin Malouff en 2010 al recoger el premio Príncipe de Asturias: “La diversidad en sí misma no es ni una bendición ni una maldición. Es sencillamente una realidad, algo de lo que se puede dejar constancia. El mundo es un mosaico de incontables matices (…) Lo que importa no es saber si podremos vivir juntos pese a las diferencias de color, de lengua o de creencias; lo que importa es saber cómo vivir juntos, cómo convertir nuestra diversidad en provecho y no en calamidad“.

Para evitar – a modo de ejemplo – que cualquier mujer, por ejemplo emigrante, o empobrecida, o maltratada, o despreciada, o violada o estigmatizada….o gitana como Emilia, tenga que morir en una estera en el suelo al dar a luz.

Encarni Llamas Fortes

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