Os daré pastores según mi corazón (Jer 3, 15)

Mons. Enrique Benavent El papa San Juan Pablo II comenzaba su exhortación apostólica Pastores dabo vobis comentando estas palabras del profeta Jeremías: “Con estas palabras, Dios promete a su pueblo no dejarlo nunca privado de pastores que lo congreguen y lo guíen”.

Unas líneas más adelante el papa añadía: “La Iglesia, pueblo de Dios, experimenta siempre el cumplimiento de este anuncio profético y, con alegría, da continuamente gracias al Señor”, porque sabe que “sin sacerdotes no podría vivir aquella obediencia fundamental que se sitúa en el centro mismo de su existencia y de su misión en la historia, esto es, la obediencia al mandato… de anunciar el evangelio y de renovar cada día el sacrificio de su cuerpo entregado y de su sangre derramada por la vida del mundo” (PDV nº 1).

Este domingo, en la ordenación sacerdotal de Gerard Reverté, experimentaremos en nuestra diócesis el cumplimiento de esta promesa del Señor, y acogeremos con gozo y gratitud el don de un nuevo sacerdote que quiere entregar su vida al servicio de Dios y de su Pueblo Santo.

Que un joven responda positivamente a la llamada que el Señor le ha dirigido para que le sirva y le siga es un acto de generosidad. El sacerdocio no es actualmente, como lo era en épocas pasadas, una profesión socialmente valorada. No da autoridad ni prestigio en nuestro mundo y se vive desde la humildad y la sencillez. Este hecho, que puede ser una dificultad que explicaría la escasez de seminaristas en este momento, nos ayuda a valorar más el ministerio, porque nos permite entender mejor la única motivación que puede llevar a un joven a entregar su vida al Señor: aceptar el encargo de pastorear a su pueblo es un acto de amor a Cristo. Únicamente el amor al Señor, y no el deseo de poder, de prestigio o de afecto, justifica la entrega de la propia vida.

La ordenación de un nuevo sacerdote es un acontecimiento de esperanza para la diócesis. A pesar de la poca valoración social del ministerio, en el pueblo cristiano hay un deseo de que no falten sacerdotes que anuncien el evangelio, celebren la Eucaristía y cuiden la fe de las comunidades parroquiales. La falta de sacerdotes es vivida como un empobrecimiento de la vida eclesial. Por ello os quiero invitar a vivir este acontecimiento como un momento de gracia y de esperanza. Gerard recibirá el don del sacerdocio, pero no lo recibe para él, sino para el servicio del Pueblo de Dios, para todos nosotros.

Que la ordenación de un nuevo sacerdote sirva también para crear en nuestras familias, comunidades cristianas y grupos juveniles, en la catequesis y en toda la vida eclesial un ambiente de valoración positiva de la vocación al ministerio sacerdotal. Pero no una valoración basada en el deseo de poder o de prestigio, sino en el amor al Señor, en el deseo de servir y de entregar la vida por los demás.

Y si algún joven siente en su interior la llamada del Señor, que no la rechace inmediatamente, sino que profundice en ella orando y pidiendo el consejo a un amigo sacerdote que le pueda ayudar a discernir y que le anime a ser generoso.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.