Una ruta dominical apasionante

Mons. Julián López Queridos diocesanos: No sé si os habéis dado cuenta. Este año, la primera parte del llamado “Tiempo Ordinario” de la liturgia, entre las celebraciones de la Navidad y el comienzo de la Cuaresma, va a ser más largo de lo habitual.

Ha llenado casi todo enero y ocupará todo el mes de febrero, en total ocho semanas que nos permitirán seguir, de manera sosegada y profundizando, la parte del itinerario espiritual y pastoral que antecede a la Cuaresma Pascua y que está marcado por el color verde de los ornamentos sacerdotales. Esta vez el itinerario es como un viaje realizado sin prisas y en el que es posible detenerse en sucesivas poblaciones -las convocatorias dominicales-, cada una con su interés propio pero formando parte de una ruta significativa. En este viaje, acompañados por nuestro Maestro Jesucristo, el libro de ruta es, durante este año litúrgico, el “Evangelio según San Mateo”.

Quizás alguno se pregunte a qué obedece el que este período sea unas veces tan
corto que nos topamos enseguida con la Cuaresma y otras, como este año, en que tenemos
prácticamente dos meses por delante aunque ya hemos consumido una parte del viaje. La
respuesta está en la oscilación de la fecha de la Pascua que depende de lo que se conoce
como “calendario lunar” o de las fases de la luna y que abarca un periodo de 28 días,
calendario que no coincide con el “solar” dividido en 12 meses, como todos saben. La
fecha de Pascua de resurrección, ligada al plenilunio de primavera según dispuso el
concilio de Nicea el año 325, cae unas veces más pronto y otras más tarde, como este año
en el que se celebrará el 16 de abril cerrando la Semana Santa. Aclarado esto, deseo
deciros que es del todo necesario para nuestra vida cristiana el participar en la convocatoria
semanal del Día del Señor, centrada en la Misa pero que abarca la jornada entera. Omitir
esta participación en la eucaristía dominical, siguiendo la comparación con el viaje al que
me refería antes, es como quedarse por capricho o pereza sin visitar alguna de las
poblaciones importantes de esa ruta apasionante. Esto no lo hace nadie sensato.

Pero es justamente lo que hacen algunos cristianos por dejadez o abandono. Más
grave aún es hacerlo conscientemente porque es un gesto de desaire y desprecio hacia
Jesucristo que en la eucaristía nos convoca, nos habla y parte para nosotros el pan de su
Cuerpo a fin de alimentarnos. A tantos cristianos que han olvidado la importancia del
domingo habría que recordarles lo que sucede hoy en algunos países donde manifestarse
creyente constituye un grave riesgo personal y, sin embargo, por nada del mundo dejan de
acudir a la Misa dominical, celebrada de manera gozosa a pesar de los pesares. El año 303,
en el actual Túnez, al sudoeste de la antigua Mambressa, hoy Medjez el-Bab, durante la
persecución del emperador Diocleciano, un grupo de cristianos, detenidos y amenazados
de muerte por haber asistido a la Misa dominical, respondieron al procónsul que les
interrogaba: “Un cristiano no puede existir sin celebrar los misterios del Señor”

El Catecismo de la Iglesia Católica dice al respecto: “Los fieles están obligados a
participar en la Eucaristía los días de precepto, a no ser que estén excusados por una
razón seria (por ejemplo, enfermedad) o estén dispensados por su pastor propio. Los que
deliberadamente falta a esta obligación cometen un pecado grave” (n. 2181). A los
olvidadizos y descuidados les digo: “No sabéis lo que os perdéis. Sed consecuentes con
vuestra condición de hijos de Dios”. Esta sí que es una “ruta” maravillosa y gratificante:

+ Julián López,
Obispo de León

Mons. Julián López
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Mons. D. Julián López Martín nace en Toro (Zamora) el 21 de abril de l945. Estudió en el Seminario Diocesano de Zamora y en el P. Instituto de San Anselmo de Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología Litúrgica en 1975, como alumno del P. Colegio Español y del Centro Español de Estudios Eclesiásticos anexo a la Iglesia Nacional Española de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Zamora el 30 de junio de 1.968. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor de Villarín de Campos y cura ecónomo de Otero de Sariegos (1968-1970), coadjutor de la parroquia de Cristo Rey en Zamora (1973-1989) y, desde 1978, canónigo Prefecto de Sagrada Liturgia de la Catedral de Zamora y delegado diocesano de Pastoral Litúrgica, miembro del Consejo Presbiteral y del Colegio de Consultores desde 1984. Ha sido también consiliario diocesano del Movimiento Familiar Cristiano (1976-1986) y consiliario de la Zona Noroeste de este Movimiento (1980-1983). Profesor de Religión en el Instituto "Claudio Moyano" (1975-1976) y en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado en Zamora (1981-1983). Ha sido director del Centro Teológico Diocesano "San Ildefonso" y de la Cátedra "Juan Pablo II" (1984-1992); delegado diocesano para el IV Centenario de la Muerte de Santa Teresa de Jesús (1980-1982); Año de la Redención (1983-1984); Año Mariano Universal (1987-1988); V Centenario (1992) y Congreso Eucarístico de Sevilla (1993). Profesor de Liturgia y Sacramentos de la Universidad Pontificia de Salamanca (1975-1981 y 1988-1994), ha sido también Presidente de la Asociación Española de Profesores de Liturgia (1992-1995), habiendo impartido clases en las Facultades de Teología de Burgos (1977-1988) y de Barcelona (1984-1989). El 15 de julio de 1994 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo por el Papa Juan Pablo II, tomando posesión el 25 de agosto del mismo año. Cargo que desempeñó hasta su nombramiento como Obispo de León el día 19 de marzo de 2002, tomando posesión el 28 de abril. El 6 de julio de 2010 Benedicto XVI le nombró miembro de la congregación para el Culto Divino de la Santa Sede. En la CEE ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 1996 a 1999. De 1993 a 2002 formó parte de la Comisión de Liturgia y desde 2002 a 2011 fue Presidente de dicha Comisión. Desde 2011 es miembro de ella