¿Más comida? –Más gente comprometida. Manos Unidas

Mons. Demetrio Fernández Llega la Jornada Nacional de Manos Unidas, el segundo domingo de febrero (12 febrero), que durante todo el año nos va recordando el gran problema del mundo, la injusticia en el reparto de los recursos, por el que 800 millones de personas padecen hambre, malviven o mueren por esta causa en el mundo a día de hoy.

Las Mujeres de Acción Católica –hoy Manos Unidas- se propusieron ensanchar su mesa y enseñarnos a ensanchar la nuestra para que en ella quepan todos los hombres, especialmente los más necesitados, en vez de eliminarlos o mantenerlos en esa situación inhumana. “El mundo no necesita más comida. Necesita más gente comprometida” es el lema de esta 54 Campaña contra el hambre en el mundo, que promueve Manos Unidas en 2017. En el Trienio de lucha contra el Hambre (2016-2018), se propone dar respuesta a las causas y problemas que provocan el hambre en el mundo, acompañando a los más pobres, reforzando el derecho de los pequeños productores, contribuyendo a un cambio de sistemas alimentarios más justo y educando para la vida solidaria y sostenible. Concretamente, este año nos insiste en tres cuestiones urgentes: el desperdicio de alimentos, la lucha contra la especulación alimentaria, el compromiso con una agricultura respetuosa con el medio ambiente que asegure el consumo local. Hay alimentos en el mundo para todos. Qué pasa. Que unos tenemos lo necesario y nos sobra, y otros no tienen qué llevarse a la boca. El mundo está mal repartido, y la culpa no es de Dios. Es de los hombres, que no respetamos la justicia y el derecho de los más pobres a tener lo necesario para vivir. Dios es amigo de la justicia en el mundo. Nuestro egoísmo humano introduce un fuerte desequilibrio que sólo el amor, a grandes dosis, podrá reparar. Aquí viene la Campaña de Manos Unidas, que brota del amor de Cristo en nuestros corazones, para colaborar hasta donde podamos en resolver este grandísimo problema en el mundo. La Campaña incluye varios aspectos. El primero, que nos demos cuenta. Que sepamos agradecer a Dios todo lo que cada día nos da. Que sepamos valorar lo que usamos. Después, que sepamos introducir en nuestra vida un talante de austeridad, es decir, de no gastar más de lo necesario y despojarnos de algo nuestro para compartirlo con los demás que no tienen nada. Por último, que seamos solidarios de manera continuada, no sólo un día señalado. Entrando en nuestras casas constatamos que sobra comida que no reciclamos, y que termina en el cubo de la basura. Debemos educarnos, y educar a los pequeños y más jóvenes con nuestro ejemplo. El alimento de cada día es algo que pedimos en el Padrenuestro, y lo pedimos para todos los hombres. El alimento material, que nutre nuestro cuerpo, y el alimento espiritual, que nutre nuestra alma. Pero, además de una injusticia, es una desfachatez que teniendo para comer cada día, lo tiremos al cubo de la basura. Es un símbolo de que vivimos en la abundancia, en la hartura hasta tirarlo. Gracias a Manos Unidas por abrirnos los ojos a un horizonte donde tantos millones de niños y adultos no tienen hoy para comer. Y en vez de quedarnos en lamentos, nos tiende su mano para pedir nuestra aportación económica. Manos Unidas tiene un prestigio reconocido a nivel estatal español y a nivel internacional, porque sabe trabajar con proyectos bien estudiados y con personas muy competentes que los llevan a cabo. Manos Unidas es muy experta en el tema. Vale la pena apoyar esta ONG de la Iglesia católica, con la que salen al paso de tantos proyectos en los que se benefician tantos millones de personas. En 2015, se recaudaron más de 45 millones de euros. Y se atendieron más de dos millones de personas, en 938 proyectos de África, Asia y América. Gracias a todos los que trabajáis en Manos Unidas en nuestra diócesis de Córdoba. Estamos con vosotros y os felicito por vuestro trabajo. Dios multiplicará vuestros esfeurzos, dando frutos a su tiempo.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández,
Obispo de Córdoba

Mons. Demetrio Fernández
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Nació el 15 de febrero de 1950 en Puente del Arzobispo (Toledo) en el seno de una familia cristiana. Sintió la llamada de Dios al sacerdocio en edad temprana. Estudió en los Seminarios de Talavera de la Reina (Toledo), Toledo y Palencia. Es maestro de Enseñanza Primaria (1969). Licenciado en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana. Estudios de Derecho Canónico en Roma y Salamanca. Doctor en Teología por la Pontificia Universidad Salesiana de Roma con el tema: “Cristocentrismo de Juan Pablo II”. Recibió la ordenación sacerdotal el 22 de diciembre de 1974 en Toledo, de manos del cardenal Marcelo González Martín, arzobispo de Toledo. Profesor de Cristología y Soteriología en el Seminario de Toledo (1980-2005); Consiliario diocesano de MAC -Mujeres de Acción Católica- y de “Manos Unidas” (1983-1996); Vicerrector y Rector del Seminario Mayor “Santa Leocadia” para vocaciones de adultos (1983-1992); Pro-Vicario General (1992-1996); Delegado Episcopal para la Vida Consagrada (1996-1998); Párroco de “Santo Tomé”, de Toledo (1996-2004). Nombrado Obispo de Tarazona el 9 de diciembre de 2004, recibió la ordenación episcopal el 9 de enero de 2005 en el Monasterio de Veruela-Tarazona. El día 18 de febrero de 2010 fue nombrado por el Santo Padre Benedicto XVI Obispo de Córdoba. Inició su ministerio episcopal en la Sede de Osio el día 20 de marzo de 2010.