Campaña contra el hambre. Sembrar, cultivar… y hacerle frente

Mons. Francesc Pardo i Artigas Este domingo, desde todas las parroquias y templos colaboramos en la campaña contra el hambre que promueve nuestra entidad Manos Unidas.

Ciertamente, se nos pide colaborar económicamente en los proyectos asignados a nuestra diócesis de Girona. Tales proyectos han sido evaluados, tienen asignadas unas personas responsables con nombre y apellidos, y desde Manos Unidas se realiza un seguimiento hasta su finalización. Condiciones que aseguran el cumplimiento de los objetivos de los proyectos de desarrollo con total transparencia.

Sin embargo, la gran cuestión es por qué debemos colaborar para erradicar el hambre. Dicho de otra forma: ¿Cuál es nuestra responsabilidad en esta gran herida de la humanidad? Estas preguntas nos hacen reflexionar generando otra aún más radical: ¿Mis recursos, mis propiedades, son únicamente míos?

De acuerdo con la Doctrina Social de la Iglesia, desgraciadamente la gran desconocida, os ofrezco algunas pautas de reflexión:

– El principio a partir del cual debemos plantear la propiedad y el uso de los bienes es su destino universal. Es decir, los bienes son un medio para hacer posible una vida digna. Pero dicha finalidad es para cada persona y para todas las personas y pueblos. Atención: “Personas y pueblos”. Cada año la campaña de Manos Unidas nos recuerda algunos de estos pueblos que, por razones diversas, no pueden disfrutar de unos mínimos que aseguren una vida digna.

– Los bienes, fruto de la naturaleza y del trabajo transformador de las personas, son de todos y para todos. Este principio se fundamenta en la propia dignidad de la persona. Es decir, no somos los dueños absolutos y exclusivos de los bienes, sino administradores de los que Dios ha puesto en nuestras manos para que tengan un destino universal. Esto exige:

– El derecho a la propiedad: la propiedad de los bienes de producción —sean privados, públicos o sociales, del todo legítimos— también están al servicio de la persona y tienen ese destino “universal”. Los bienes de producción no son un derecho absoluto y exclusivo de sus propietarios.

Es desde esta responsabilidad que muchos empresarios y empresas procuran mantener o aumentar el número de puestos de trabajo con sueldos dignos, colaboran con fundaciones de fines sociales, culturales, con ONGs y otras instituciones, como Cáritas o Manos Unidas. He aquí la gran responsabilidad de la propiedad de los medios productivos.

– Todos tenemos derecho a tener y a disponer de los bienes necesarios para una vida digna. Pero no somos dueños absolutos, dado que la propiedad comporta siempre responsabilidad respecto de los demás y de la sociedad.

– Es deber del conjunto de las sociedades y de los estados realizar un esfuerzo para contribuir a que las personas y los pueblos puedan vivir dignamente, y muy especialmente los más pobres, marginados y faltos de recursos.

– Podemos discutir sobre les causas del hambre… pero lo que hay que hacer es erradicarla. Para nosotros los cristianos es una exigencia evangélica.

Debemos pensar en ello y actuar en consecuencia porque así lo exige la responsabilidad en la utilización de nuestros bienes. Justicia y caridad o caridad y justicia.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 396 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.