Más gente comprometida

Mons. Julián Ruiz Martorell Queridos hermanos en el Señor:
Os deseo gracia y paz. La Campaña 58ª de Manos Unidas tiene como lema: “El mundo no necesita más comida.

Necesita más gente comprometida”. Los bienes de la tierra no son infinitos y no podemos estrujar a la creación más allá de los límites. La sobrexplotación de los recursos naturales nos puede llevar al riesgo de su degradación progresiva, que se manifiesta en la desertificación, el deterioro y la pérdida de productividad de amplias zonas agrícolas, la contaminación de los ríos y de las capas acuíferas, la pérdida de la biodiversidad, el aumento de sucesos naturales extremos, la deforestación de las áreas ecuatoriales y tropicales, como recordaba Benedicto XVI en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz del año 2010.

A lo largo del año 2017, Manos Unidas destaca tres cuestiones esenciales y urgentes para acabar con la pobreza y el hambre en el mundo: 1) el desperdicio de alimentos; 2) la lucha contra la especulación alimentaria, y 3) el compromiso por una agricultura respetuosa con el medio ambiente que asegure el consumo local.

La seguridad alimentaria para los países del Norte del mundo significa eliminar grasas y favorecer el movimiento, mientras que para los países del Sur consiste en obtener al menos una comida al día. En el Norte, el punto central es la calidad de la nutrición y de los alimentos, mientras que en el Sur se pone la atención en la cantidad de alimentos suficiente para garantizar la supervivencia de una población en crecimiento.
Mientras en Occidente el problema es el gran consumo y los residuos, en el Sur, para asegurar el alimento, es preciso fomentar la producción local y evitar el hambre crónica en muchos países.

En la Encíclica Laudato Si` el Papa Francisco nos propone “apostar por otro estilo de vida” para no quedar sumergidos en la vorágine de las compras, los gastos innecesarios y el consumismo obsesivo. Afirma: “Mientras más vacío está el corazón de la persona, más necesita objetos para comprar, poseer y consumir” (LS 204). Nos recuerda: “la tierra es esencialmente una herencia común, cuyos frutos deben beneficiar a todos” (LS 93). Y cita a los Obispos de Nueva Zelanda que escribieron: “un veinte por ciento de la población mundial consume recursos en tal medida que roba a las naciones pobres y a las futuras generaciones lo que necesitan para sobrevivir” (LS 95).

En el denominado “Trienio de Lucha contra el Hambre” (2016-2018), Manos Unidas se propone cuatro objetivos: 1) acompañar a los más pobres, 2) reforzar el derecho a la alimentación de los pequeños productores; 3) contribuir al cambio hacia unos sistemas alimentarios más justos, y 4) educar para una vida solidaria y sostenible.

Manos Unidas nos recuerda que, para todo ello, se necesita más gente comprometida, personas conscientes de su responsabilidad individual y comunitaria; personas dotadas de lucidez mental para pensar en las próximas generaciones; personas cualificadas para generar un nuevo estilo de vida; manos entrelazadas para compartir y no derrochar. Necesitamos comprometernos en adquirir hábitos alimenticios saludables para que nuestra nutrición sea más equilibrada y justa, de modo que podamos evitar el despilfarro. Un tercio de nuestra comida acaba en la basura y 800 millones de personas siguen pasando hambre en el mundo.

Escribe el Papa Francisco: “No puede ser real un sentimiento de íntima unión con los demás seres de la naturaleza si al mismo tiempo en el corazón no hay ternura, compasión y preocupación por los seres humanos” (LS 91).

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+ Julián Ruiz Martorell,
Obispo de Huesca y de Jaca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.