Luz y sal del mundo

Mons. César Franco Dice U. Luz que cuando Jesús califica a los cristianos de luz y sal del mundo y nos compara con una ciudad edificada sobre el monte, se refiere «al pueblo cristiano de a pie».

La Iglesia es un pueblo con vocación de testimonio público. No hemos nacido para recluirnos en los templos, ni mucho menos en las sacristías. Jesús exhortó a los discípulos a pregonar públicamente, en plazas y azoteas, su enseñanza. Jesús da su doctrina en público. Cuando le preguntan ante el Sanedrín, sobre su predicación, Jesús contesta: «He hablado abiertamente al mundo, y no he dicho nada a escondidas. Pregunta a los que me han oído de qué les he hablado». Esta clara respuesta le valió la bofetada de un esbirro.

Después de Pentecostés, los apóstoles salieron a la plaza pública y proclamaron con libertad el Evangelio, que se fue extendiendo por la valentía de quienes estaban convencidos de su verdad. Aprovechaban cualquier ocasión para hablar y dar testimonio, como les había ordenado Jesús. Esta gozosa y valiente libertad, denominada en griego parresía, partía del convencimiento de que el Evangelio es la Verdad que salva, que todo hombre tiene derecho a conocer. Cuando san Pablo se convierte al cristianismo, su táctica consiste en dirigirse a las grandes ciudades donde circulaban las ideas filosóficas y religiosas de su tiempo para contrastar con ellas el Evangelio y lo hacía públicamente en las sinagogas, en los foros, y en el Areópago de Atenas. Justino, gran filósofo convertido al cristianismo, no abandona su oficio, sino que en lugar de enseñar mera filosofía, empieza a enseñar filosofía cristiana. Su escuela se abarrotó de alumnos, lo que provocó la envidia del cínico Crescencio, quien le denunció ante los tribunales y murió mártir.

A la luz de estos y otros testimonios, comprendemos el significado de los cristianos como luz y sal del mundo. Y, sobre todo, la insistencia de Jesús a no esconder la luz ni dejar que la sal se torne insípida. En momentos difíciles de la vida de la Iglesia y de la sociedad, el peligro del cristiano es ocultarse, disolverse en la masa, perder su identidad y pasar como anodinos en un mundo que nos necesita como la luz y la sal. Acomodarse al mundo, o, como dice el Papa Francisco, permitir que la mundanidad espiritual nos invada, es lo mismo que renunciar a la fe. Sorprende que esto suceda en sociedades que alardean de democráticas, en las que la libertad de expresión y el derecho a defender las propias convicciones ha llegado a ser un «dogma» inquebrantable. ¿Es que hay miedo al debate de las ideas? ¿Es que para defender lo propio debemos amordazar lo ajeno? ¿O es que molesta que Cristo haya definido claramente la vocación cristiana como luz y sal del mundo? Desde una óptima no cristiana, puede parecer pretenciosa esta afirmación, e interpretarse como si los no cristianos no aportasen ni sal ni luz a este mundo. Nada más alejado de la intención de Cristo llegar a estas conclusiones. Pero las palabras del Señor son claras para quienes le siguen: en realidad son una llamada a vivir siempre en Cristo, Luz del mundo, y a dar sabor a las realidades temporales mediante el testimonio irrenunciable de la Verdad. Quienes han entendido esto, han preferido el martirio a la insipidez de la sal que se tira y se pisa. No hay que olvidar que las imágenes de la luz y la sal, vienen, en Mateo, después de las bienaventuranzas, la última de las cuales dice: «Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa». Cristo pone a los suyos ante una consecuencia natural del seguimiento: «Un discípulo no es más que su maestro ni un esclavo más que su amo».

+ César Franco Martínez
Obispo de Segovia

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).