La batería que recargue nuestra luz

Mons. Eusebio Hernández Queridos hermanos y amigos: El domingo pasado escuchábamos en la lectura del Evangelio de la Misalas bienaventuranzas (Mateo, 5, 1-12) que recoge el comienzo del llamado Sermón de la Montaña.

A lo largo de los próximos domingos se proclama en las Misas una selección de textos tomados de este sermón que es el corazón del Evangelio predicado por Jesucristo.

Todo cristiano ve en estos capítulos de Mateo (5, 6 y 7) lo que debe ser su vida como hijo de Dios. Es una palabra que nunca pasará y que será siempre un reto para la vida de cada cristiano. Lo que nos presenta es nuestro modelo y la meta a la que nos debemos encaminar.

Hoy el Evangelio (Mateo 5,13-16) nos presenta la vida cristiana como una proyección del que vive las bienaventuranzas y, por lo tanto, es para el mundo sal y luz. Muchas veces nuestra vida cristiana corre el riesgo de esconder la luz y de negar el sabor al mundo que, como sal que condimenta, es el Evangelio de Jesús.

Todos sabemos para qué sirve la sal. Por una parte, no deja que los alimentos se corrompan. Por otra, les da sabor y permite que los podamos saborear mejor. Si vivimos desde el Evangelio contribuiremos a que la sociedad no se deshumanice más y ayudaremos a descubrir el verdadero sentido de la vida.

La luz sirve para dar claridad. Y nosotros, con nuestra vida hemos de aportar claridad para que en la sociedad se pueda descubrir el verdadero rostro del Padre.

Por ello necesitamos hoy, más que nunca, volver a la esencialidad de la vida cristiana y para ello debemos buscar la batería que recargue nuestra luz; tomo esta expresión de una de las reflexiones del papa Francisco en una de las Misas matutinas en la Capilla de Santa Marta:

La batería del cristiano para iluminar es la oración¿Pero cómo puede el cristiano entonces hacer que la sal y la luz no se desvirtúen es decir, hacer que no se termine el aceite para encender las lámparas, cuál es la batería del cristiano para hacer la luz? Sencillamente la oración.

Efectivamente, para que una lámpara pueda dar la luz necesita estar conectada y unida a la fuente de energía. Nuestras fuerzas para hacer el bien son muchas veces escasas; por ello seguía el Papa en su reflexión:

Tú puedes hacer tantas cosas, tantas obras, incluso obras de misericordia, puedes hacer tantas cosas grandes por la Iglesia – una universidad católica, un colegio, un hospital… – hasta te harán un monumento como benefactor de la Iglesia, pero si no rezas, aquello será un poco oscuro o sombrío. Cuantas obras se vuelven oscuras por falta de luz, por falta de oración. Lo que mantiene, lo que da vida a la luz cristiana, lo que ilumina, es la oración.

Esta oración debe nacer de nuestro corazón por ello: La oración “verdadera” – dijo el Papa –, la oración de adoración al Padre, de alabanza a la Trinidad, la oración de agradecimiento y también la oración que pide cosas al Señor, pero la oración del corazón.

En este año pastoral en que queremos lanzar a nuestra diócesis en un estado de misión, es decir, que queremos que nuestros cristianos y cada comunidad se conviertan en luz y salpara que todos y así, como nos dice el final del Evangelio de hoy todos: den gloria a vuestro Padre que está en los cielos a través de nuestras obras; es necesario conectarnos a la batería que nos trasmita la energía.

Así, nuestro testimonio será como el del gran apóstol Pablo (Corintios 2,1-5):También yo me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR
Obispo de Tarazona

Mons. Eusebio Hernández Sola
Acerca de Mons. Eusebio Hernández Sola 228 Articles
Nació en Cárcar (Navarra) el 29 de julio de 1944. Sus padres, Ignacio (+ 1973) y Áurea. Es el mayor de cuatro hermanos. Ingresó en el seminario menor de la Orden de los Padres Agustinos Recoletos, en Lodosa, el 12 de septiembre de 1955. En 1958 pasó al colegio de Fuenterrabía donde completó los cursos de humanidades y los estudios filosóficos. A continuación (1963-1964) ingresó en el noviciado del convento de la orden en Monteagudo (Navarra), donde hizo la primera profesión el 30 de agosto de 1964, pasando posteriormente a Marcilla donde cursó los estudios teológicos (1964-68). Aquí hizo la profesión solemne (1967); fue ordenado diácono (1967) y presbítero el 7 de julio de 1968. Su primer oficio pastoral fue el de asistente en la Parroquia de "Santa Rita" de Madrid, comenzando al mismo tiempo sus estudios de Derecho Canónico en la Universidad de "Comillas", de la Compañía de Jesús. Al curso siguiente (1969) fue traslado a la residencia universitaria "Augustinus", que la orden tiene en aquella ciudad. Se le confió la misión de director espiritual de sus 160 universitarios, continuó sus estudios de derecho canónico, que concluyó con el doctorado en 1971, e inició los de Derecho en la universidad complutense de Madrid (1969-1974). Durante el curso 1974-75 hizo prácticas jurídicas en la universidad y en los tribunales de Madrid. El 3 de noviembre de 1975 inició su trabajo en la Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica. Desde 1976 fue el director del departamento de la formación y animación de la vida religiosa, siendo el responsable de la elaboración y publicación de los documentos de la Congregación; además dirige una escuela bienal de teología y derecho de la vida consagrada. Desde 1995 es "capo ufficio" del mismo Dicasterio. Por razones de trabajo los Superiores de la Congregación le han confiado multitud de misiones en numerosos países del mundo. Ha participado en variados congresos de vida consagrada, de obispos y de pastoral vocacional. Durante este tiempo ha ejercido de asistente en el servicio pastoral de la orden en Roma. El día 29 de enero de 2011 fue publicado su nombramiento como Obispo de Tarazona y fue ordenado el 19 de marzo, fiesta de San José, en la Iglesia de Ntra. Sra. de Veruela.