El mundo no necesita más comida, necesita más gente comprometida – Manos Unidas

Mons. Francisco Cerro La campaña de Manos Unidas nos llama, una vez más, a una vida comprometida contra el hambre, contra la falta de gente comprometida al servicio de los empobrecidos, con una apuesta decidida de ayudar a los más empobrecidos de la tierra que carecen de lo básico para vivir.

Sin lugar a dudas el hambre sigue haciendo estragos y también siguen las soluciones. Muchas de ellas nos las recuerda Manos Unidas, que durante todo el año y en cada campaña, nos lleva a buscar una solución que pasa por el bolsillo, por compartir con los más necesitados como dice un prefacio de Cuaresma: “Imitando así tu generosidad”. Es necesario que en toda la diócesis, en todas las parroquias, en todas las instituciones de la Iglesia, nos tomemos muy en serio el gran problema de la humanidad: el hambre, que nos habla del pecado del hombre que no quiere, que no es capaz, por puro y duro egoísmo, de compartir con los más necesitados y que siguen muriendo de hambre. Siempre se habla de las hambres de la humanidad: hambre de comida, de cultura, y, cómo no, hambre de Dios, que debe ser saciado para que verdaderamente nuestro amor siga siendo solidario, compartiendo la vida.

Probablemente el mundo no necesita más comida, pero sí más personas que compartan lo que tienen, que miren al otro, que se cierren a su egoísmo y se abran a niños, a familias enteras que viven sin haber tenido nunca lo más imprescindible y necesario para vivir con un mínimo de dignidad humana. Tenemos que vivir siempre con la alegría y el gozo de saber que hay que amar hasta que te duela, como decía la Madre Teresa de Calcuta. La alegría es compartir, es amar hasta el extremo, es luchar sembrando los corazones de esperanza y de una vida entregada. Son muchos los que necesitan nuestra solidaridad. Compartir con los que tienen todas las carencias y viven bajo los límites de todas las pobrezas.

Es la clave de nuestro XIV Sínodo Diocesano, donde es un clamor por un servicio a todos los empobrecidos de la tierra. ¿Cómo no sumarse con todas las fuerzas a Manos Unidas que nos sigue interpelando a nuestra conciencia? Quedarse cruzados de brazos, decir que no podemos hacer nada, “tirar la toalla”, es no creerse el Evangelio de la esperanza y de la alegría. Son nuestros hermanos los que viven en todas las intemperies, en todas las periferias y que nos llaman a que les dejemos sentarse a la mesa de una humanidad necesitada de compartir con los necesitados. No invitarles a compartir los bienes que son de todos, dejarles materialmente morir de hambre, es algo que nos debe remover nuestras conciencias y dar pasos para no quedarnos cruzados de brazos ante una humanidad que sigue sin resolver sus grandes problemas: el hambre, las guerras…

El papa Francisco nos dice que las cosas se pueden cambiar. Pasar por la conversión personal para que nuestro corazón sea semejante al de Cristo.

Manos Unidas es una gota en el océano, pero todos sabemos que los océanos están hechos de muchas gotas, como también recordaba la Madre Teresa de Calcuta. Es necesario colaborar con Manos Unidas para no perder el tren de nuestra solidaridad.

+ Francisco Cerro Chaves
Obispo de Coria-Cáceres

Mons. Francisco Cerro Chaves
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Nació el 18 de octubre de 1957 en Malpartida de Cáceres (Cáceres). Cursó los estudios de bachillerato y de filosofía en el Seminario de Cáceres, completándolos en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981 en Toledo, desempeñó diversos ministerios: Vicario Parroquial de "San Nicolás", Consiliario de Pastoral Juvenil, Colaborador de la Parroquia de "Santa Teresa" y Director de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma se licenció y doctoró en Teología Espiritual (1997), con la tesis: "La experiencia de Dios en el Beato Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938). Estudio teológico espiritual de su vida y escritos". Es doctorado en Teología de la Vida Consagrada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Autor de más de ochenta publicaciones, escritas con simplicidad y dirigidas, sobre todo, a la formación espiritual de los jóvenes. Miembro fundador de la "Fraternidad Sacerdotal del Corazón de Cristo". Desde 1989 trabajó pastoralmente en Valladolid. Allí fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y Director del Centro de Formación y Espiritualidad del "Sagrado Corazón de Jesús", Director diocesano del "Apostolado de la Oración", miembro del Consejo Presbiteral Diocesano; delegado Diocesano de Pastoral Juvenil y Profesor de Teología Espiritual del Estudio Teológico Agustiniano. El 2 de septiembre de 2007 fue ordenado Obispo de Coria-Cáceres en la ciudad de Coria. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, departamento de Pastoral de Juventud, y de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.