Conviene no olvidar

Mons. Rafael Zornoza Queridos amigos, fieles cristianos de las comunidades parroquiales de esta zona costera de Barbate; estimados amigos y personas de buena voluntad, sensibles al drama de la emigración y a defensa de los derechos humanos, que habéis respondido a esta invitación de plegaria y solidaridad.

Os habéis reunido de nuevo para orar, convocados por el último suceso trágico conocido en esta playa: este niño africano muerto, aparecido aquí hace pocos días. Este suceso ha golpeado nuestra conciencia y la de toda la sociedad. En esta reunión estáis representando a toda la Iglesia de Cádiz y Ceuta, implicada con innegable compromiso en la atención, cuidado y promoción de los emigrantes. Queremos, ante todo, reconocerles como hermanos, amados infinitamente por el Señor Jesucristo, que tiene amor preferente por los pobres, necesitados y desvalidos. Recordemos que, en lo que va del año 2017, en tan solo un mes, 3.871 personas han llegado a Europa desde África, Asia u Oriente Medio buscando una vida mejor. Casi el 100% han llegado por mar y 246 se han ahogado en el viaje. Además, en todo 2016, más de 5.000 personas murieron en el Mediterráneo, y se estima que un tercio de los migrantes y refugiados son menores de edad.

Como cristianos que somos queremos, con nuestra presencia aquí, dar testimonio de nuestra fe, y, por ello, de nuestra preocupación y solidaridad con ellos. Dios misericordioso y su Hijo Jesucristo nos enseñan a abrazar y consolar a los afligidos y, en consecuencia, a desvivirnos por ellos y a buscar con esfuerzo el derecho y la justicia en la sociedad, siguiendo los criterios del evangelio.

Esta mañana, mejor que nunca, debemos despertar de la anestesia egoísta de la comodidad y del individualismo que caracteriza hoy las relaciones humanas para unir nuestras fuerzas en la oración y en la acción. Digamos bien fuerte la palabra que expresa mejor lo que vemos y sentimos: ¡VERGÜENZA!

Son millares los que han muerto en el mar por buscar una vida mejor. Detrás de cada número de fallecidos o desaparecidos hay una persona, una familia, un pueblo, una nación; pero también una hambruna, una guerra, una persecución, una extorsión; y muchos miedos, abandonos, dolores, pérdidas, unidas a tantas ilusiones lícitas y a la esperanza de bien y de una vida mejor, que para muchos sólo se realizará en la vida eterna. Es una vergüenza una inmigración trágica que acaba matando a millares a personas adultas, a jóvenes y niños, para la que no se buscan soluciones eficaces suficientes, ni en sus países de origen ni en los de su llegada. La muerte de este niño, además, pone en relieve cómo los niños son los más vulnerables en el drama de las migraciones y están expuestos aún a mayores riesgos.

Y ¿que pensar de los niños? Hace pocas semanas lo recordaba el Papa Francisco:

«El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado» (Mc 9,37; cf. Mt 18,5; Lc 9,48; Jn 13,20). Con estas palabras, los evangelistas recuerdan a la comunidad cristiana una enseñanza de Jesús que apasiona y, a la vez, compromete…. Hemos de “llamar la atención sobre la realidad de los emigrantes menores de edad, especialmente los que están solos, instando a todos a hacerse cargo de los niños, que se encuentran desprotegidos por tres motivos: porque son menores, extranjeros e indefensos; por diversas razones, son forzados a vivir lejos de su tierra natal y separados del afecto de su familia.” (Mensaje Jornada Mundial Migraciones 2017).

Escuchemos, ahora, las palabras del discurso del Papa en Lampedusa, que siguen sonando como un aldabonazo en nuestra conciencias:

“Pero me gustaría que nos hiciésemos una pregunta: “¿Quién de nosotros ha llorado por este hecho y por hechos como éste?”. ¿Quién ha llorado por la muerte de estos hermanos y hermanas? ¿Quién ha llorado por esas personas que iban en la barca? ¿Por las madres jóvenes que llevaban a sus hijos? ¿Por estos hombres que deseaban algo para mantener a sus propias familias? Somos una sociedad que ha olvidado la experiencia de llorar, de “sufrir con”: ¡la globalización de la indiferencia nos ha quitado la capacidad de llorar! En el Evangelio hemos escuchado el grito, el llanto, el gran lamento: “Es Raquel que llora por sus hijos… porque ya no viven”. Herodes sembró muerte para defender su propio bienestar, su propia pompa de jabón. Y esto se sigue repitiendo… Pidamos al Señor que quite lo que haya quedado de Herodes en nuestro corazón; pidamos al Señor la gracia de llorar por nuestra indiferencia, de llorar por la crueldad que hay en el mundo, en nosotros, también en aquellos que en el anonimato toman decisiones socio-económicas que hacen posibles dramas como éste. “¿Quién ha llorado?”. ¿Quién ha llorado hoy en el mundo? Señor, en esta liturgia, que es una liturgia de penitencia, pedimos perdón por la indiferencia hacia tantos hermanos y hermanas, te pedimos, Padre, perdón por quien se ha acomodado y se ha cerrado en su propio bienestar que anestesia el corazón, te pedimos perdón por aquellos que con sus decisiones a nivel mundial han creado situaciones que llevan a estos dramas. ¡Perdón, Señor! Señor, que escuchemos también tus preguntas: “Caín, ¿dónde estás?”. “¿Dónde está la sangre de tu hermano?”.

Hagamos nuestra su reflexión y examen de conciencia.

Oremos, pues, y que nuestra oración sea la mejor expresión de un llanto cristiano de amor y dolor por todos los emigrantes que han perdido su vida:

• Pidamos juntos a Dios omnipotente por los que han muerto en el mar, en este estrecho de Gibraltar.

• Oremos por los niños. En primer lugar por este niño que es ya todo un símbolo de la impotencia de esta muchedumbre ante el mal. Tanto los que no sobreviven como los que mal-viven después de emigrar, explotados por mafias, vendidos, extorsionados, han de preocuparnos y percibir nuestra atención y compasión. Que el Señor nos conceda este don.

• Oremos por las familias que dejan sus hogares y naciones para que superen sus dificultades; por las que se han roto o han quedado marcadas por el dolor.

• Pidamos a Dios insistentemente por los gobiernos de las naciones, para que respetando los derechos humanos promuevan leyes justas y aborden con generosidad y equidad el problema de la emigración, en su origen y en sus destinos.

• Oremos por cuantos ayudan a cuantos llegan a nuestras costas, a las organizaciones comprometidas con los emigrantes, a las fuerzas de seguridad, a las comunidades parroquiales y a las delegaciones diocesanas, para que, con la misericordia de Dios, sean siempre acogedores, y el Señor recompense su ayuda

• Imploremos la ayuda de Dios para que todos defendamos y procuremos una sociedad justa, humana, misericordiosa, reconociendo el valor de cada vida, integrando a todos en nuestra convivencia. Por la Iglesia, para que se muestre compasiva y fraterna y sea signo del rostro misericordioso de Dios.

• Oremos mucho por nuestra sociedad insensible. Para que superemos “la globalización de la indiferencia” y que vivamos nuestras vida con actitud de servicio y entrega a los demás. Que Dios con su poder realice este milagro que transformaría por si solo el orden de la sociedad. Por nuestra sociedad, para que no se acostumbre al dolor humano ni se insensibilice ante este drama.

• Pidamos finalmente al Señor para que nuestra frontera sea un lugar de encuentro, y nunca un lugar de muerte y de tragedia. Y que El nos conceda a todos nosotros acoger a los emigrantes, trabajar por su bien, y mostrar con solicitud la caridad de Cristo.

Con un solo corazón, íntimamente unidos a la voluntad de Dios que quiere nuestro bien y se preocupa por todos, digamos la oración que Cristo mismo nos enseñó:

PADRE NUESTRO.
+ Rafael Zornoza
Obispo de Cádiz y Ceuta

Mons. Rafael Zornoza
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RAFAEL ZORNOZA BOY nació en Madrid el 31 de julio de 1949. Es el tercero de seis hermanos. Estudió en el Colegio Calasancio de Madrid con los PP. Escolapios, que simultaneaba con los estudios de música y piano en el R. Conservatorio de Madrid. Ingresó en el Seminario Menor de Madrid para terminar allí el bachillerato. En el Seminario Conciliar de Madrid cursa los Estudios Teológicos de 1969 a 1974, finalizándolos con el Bachillerato en Teología. Ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1975 en Madrid fue destinado como vicario de la Parroquia de San Jorge, y párroco en 1983. Impulsó la pastoral juvenil, matrimonial y de vocaciones. Fue consiliario de Acción Católica y de promovió los Cursillos de Cristiandad. Arcipreste del Arciprestazgo de San Agustín y miembro elegido para el Consejo Presbiteral de la Archidiócesis de Madrid desde 1983 hasta que abandona la diócesis. Es Licenciado en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, donde también realizó los cursos de doctorado. Preocupado por la evangelización de la cultura organizó eventos para el diálogo con la fe en la literatura y el teatro e inició varios grupos musicales –acreditados con premios nacionales e internacionales–, participando en numerosos eventos musicales como director de coros aficionados y profesor de dirección coral. Ha colaborado además como asesor en trabajos del Secretariado de Liturgia de la Conferencia Episcopal. En octubre de 1991 acompaña como secretario particular al primer obispo de la de Getafe al iniciarse la nueva diócesis. Elegido miembro del Consejo Presbiteral perteneció también al Colegio de Consultores. Inicia el nuevo seminario de la diócesis en 1992 del que es nombrado Rector en 1994, desempeñando el cargo hasta 2010. Ha sido profesor de Teología en la Escuela Diocesana de Teología de Getafe, colaborador en numerosos cursos de verano y director habitual de ejercicios espirituales. Designado por el S.S. el Papa Benedicto XVI obispo titular de Mentesa y auxiliar de la diócesis de Getafe y fue ordenado el 5 de febrero de 2006. Hay que destacar en este tiempo su dedicación a la Formación Permanente de los sacerdotes. También ha potenciado con gran dedicación la pastoral de juventud, creando medios para la formación de jóvenes cristianos, como la Asociación Juvenil “Llambrión” y la Escuela de Tiempo Libre “Semites”, que capacitan para esta misión con la pedagogía del tiempo libre, campamentos y actividades de montaña. Ha impulsado además las Delegaciones de Liturgia, Pastoral Universitaria y de Emigrantes, de importancia relevante en la Diócesis de Getafe, así como diversas iniciativas para afrontar la nueva evangelización. Pertenece a la Comisión Episcopal de Seminarios de la Conferencia Episcopal Española –encargado actualmente de los Seminarios Menores– y a la Comisión Episcopal del Clero. Su lema pastoral es: “Muy gustosamente me gastaré y desgastaré por la salvación de vuestras almas” (2Cor 12,13). El 30 de agosto de 2011 se ha hecho público su nombramiento por el Santo Padre Benedicto XVI como Obispo electo de Cádiz y Ceuta. El 22 octubre ha tomado posesión de la Diócesis de Cadiz y Ceuta.