Patricio Fernández, delegado de migraciones: «Desde el punto de vista eclesial, no hay nadie que sea extranjero»

El mes pasado se ha celebrado la Jornada Mundial del emigrante y del refugiado con el lema, “Menores migrantes vulnerables y sin voz. Reto y esperanza”. Patricio Fernández Gaspar, delegado diocesano de Migraciones en Valladolid, apunta en esta entrevista la necesidad económica o el drama de una guerra como motivos que no se deben olvidar al abordar el fenómeno migratorio.

Ahora son cientos los inmigrantes que están a merced del frío en Serbia o Grecia, pero los goteos de muertos en pateras se han convertido en una constante. ¿El mundo se ha vuelto loco?

No sé si loco, pero sí que hemos perdido el norte hace bastante tiempo. Más allá del frío físico, que es importante, es el frío que tenemos en el corazón a la hora de acoger a personas que están huyendo de situaciones calamitosas en sus países de origen, bien sean sociopolíticas, económicas o de conflictos armados.

La Delegación Diocesana de Migraciones tiene tan solo ocho años de vida. ¿Era una necesidad?

El hecho de que en los noventa comenzara una inmigración muy seria en nuestra Diócesis hizo que el arzobispo anterior, don Braulio Rodríguez, creara una delegación propia para atender las necesidades, sobre todo espirituales, de los inmigrantes. Había y hay otras instituciones que se ocupan de la atención primaria, de la ayuda y orientación jurídicas, pero faltaba este aspecto.

En Valladolid no se viven realidades tan duras como en el Mediterráneo, pero sí otras. ¿Cómo definiría el mapa migratorio de nuestra Diócesis?

Ha pasado por varias etapas. Primero hubo una inmigración realmente importante, procedente de América Latina y de los paí- ses del Este, aunque la crisis ha obligado a muchos a regresar a sus países. También hay una inmigración del Magreb, y, en Mayorga, hay un núcleo de búlgaros, que llegaron a ser cuatro centenares procedentes de la misma zona de Bulgaria. En la capital hay varios focos de migrantes, como Delicias o La Rondilla, donde las parroquias están seriamente implicadas en la ayuda material, formativa o idiomática.

¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros para mejorar el día a día de nuestros conciudadanos inmigrantes?

Lo primero que necesitamos es una toma de conciencia personal sobre qué es lo que ocurre. Aquí no vienen a quitarnos el puesto de trabajo o a echarnos a un lado, sino por una necesidad económica o empujados por guerras y conflictos. Tenemos que abrirles el corazón, porque son personas que están sufriendo, desarraigadas de su cultura y de sus familias. Esta toma de conciencia es un reto, porque podemos y debemos acoger a más inmigrantes; nos hemos comprometido social y públicamente. Y desde el punto de vista eclesial, no hay nadie que sea extranjero. Esta es su Iglesia. Es una Iglesia misionera. Las Escritura está llena de ejemplos de emigración hasta San José tuvo que emigrar a Egipto con la Virgen y el Niño por una razón política.

El Papa ha dedicado la primera campaña mediática del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral a los inmigrantes y se ha reservado para él la Sección de Migraciones, ¿demuestra la enorme preocupación de la Iglesia por esta realidad?

Es evidente que hay una preocupación no solo teórica sino real. La sensibilidad del papa Francisco viene acentuada porque él también es hijo de la inmigración, y porque es un problema muy serio. No podemos vivir de espaldas a él ni darle las migajas de lo que nos sobra. Como dice Francisco, la Iglesia debe estar en todo momento abierta a recibir, a acoger y a tratar como hermanos a todos los inmigrantes.

Se estima que la mitad de los refugiados son menores de 18 años. ¿Son los que más ayuda necesitan?

Los que más peligro corren. Muchas veces vienen solos. Las familias los envían para ver si tienen más suerte, porque en sus países no hay porvenir, futuro ni esperanza. Muy fácilmente son presa de personas desalmadas que abusan de ellos sexualmente o laboralmente. Las mujeres y los niños son los más débiles.

(Archidiócesis de Valladolid)

Agencia SIC
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